En Old Trafford hay algo que chirría.
Durante décadas, el estadio ha acumulado las capas de historia de Lancashire Cricket: jugadores legendarios, títulos, derrotas, generaciones de familias que han ocupado las mismas localidades. En sus paredes todavía están las caras de Farokh Engineer o Sir Clive Lloyd. Pero este verano hay otra identidad ocupando buena parte del recinto: Manchester Super Giants. Camisetas, banderas, cánticos y un nombre creado para una franquicia que, en realidad, apenas acaba de empezar a existir en Manchester.
El detalle más revelador es también el más extraño. Muchos aficionados recibieron gratis las camisetas y las banderas. Y cuando el público parecía estar cantando «MSG», los altavoces estaban reproduciendo en realidad cánticos de Lucknow Super Giants, la franquicia india de la que procede la nueva identidad de Manchester.
El resultado era un estadio lleno de símbolos de pertenencia que todavía no habían tenido tiempo de convertirse en historia.
Y ahí aparece una pregunta que va mucho más allá del cricket: ¿se puede fabricar una afición?
Aquí tiene su camiseta
The Hundred nació precisamente con esa lógica. En lugar de apoyarse en clubes centenarios, la competición apostó por franquicias nuevas, formatos más cortos y una identidad diseñada para captar a un público diferente.
Manchester Super Giants es el ejemplo más claro. La franquicia llegó a The Hundred bajo una marca construida por sus propietarios, el grupo RP-Sanjiv Goenka y Lancashire Cricket, y este 2026 ha estrenado oficialmente esa identidad. Antes había competido simplemente como Manchester Originals.
La operación tiene algo de manual de marketing. Nombre, escudo, colores, camiseta, mascota, música, merchandising y rituales. Todo puede diseñarse antes de que exista una historia que lo justifique.
Incluso la camiseta forma parte del proceso de creación de comunidad. Para los partidos como local de 2026, Manchester Super Giants decidió entregar gratuitamente una camiseta a todos los aficionados con entrada, una estrategia presentada como una forma de llenar las gradas de los colores de la nueva franquicia.
Es una estrategia lógica. Si quieres que una comunidad parezca existente, necesitas que se vea como una comunidad. Primero fabricas los símbolos. Después esperas que aparezca el sentimiento.
El problema es que la identidad no funciona así
Una afición histórica no nace porque alguien diseñe un logo.
Nace de una cadena de recuerdos: el primer partido al que te llevaron tus padres, el jugador que te hizo enamorarte del deporte, el título que celebraste, la derrota que todavía recuerdas, el rival al que aprendiste a odiar y las historias que vuelves a contar cada verano.
Eso es exactamente lo que hacía tan extraña la escena en Old Trafford.
En el mismo estadio convivían dos tipos de identidad. Una llevaba décadas acumulando significado. La otra acababa de llegar con camisetas nuevas y un paquete de cánticos. El autor del análisis de The Guardian llegó incluso a comparar la sensación con Ted Lasso: un estadio lleno de seguidores de un equipo que parece tener una tradición inmensa hasta que recuerdas que, en realidad, alguien acaba de inventarlo. Pero hay una objeción importante. Quizá no importe que la identidad sea nueva.
Los niños que estaban en las gradas no necesitaban conocer la historia de Lancashire para disfrutar del partido. Veían seis, levantaban banderas, gritaban y querían formar parte de aquello. Para ellos, la autenticidad no era un problema. Y ahí es donde el experimento se vuelve interesante.
La historia también se fabrica
Los grandes clubes europeos no nacieron con cien años de memoria. La construyeron jugando partidos, ganando títulos y acumulando generaciones. Manchester United fue alguna vez un equipo sin la historia que hoy lo convierte en una institución global. Lo mismo ocurrió con Real Madrid, Barcelona o Bayern.
La diferencia es que ellos no tuvieron que fabricar su comunidad de golpe. The Hundred está intentando acelerar artificialmente ese proceso.
En lugar de esperar 50 años para que un niño recuerde el partido que le cambió la vida, el modelo de franquicia intenta crear inmediatamente un contexto en el que ese niño pueda tener su primer recuerdo. Es un atajo. La pregunta es si funciona.
Del Manchester del condado al Manchester de la franquicia
También existe una cuestión económica detrás. El deporte de franquicias ha demostrado que una marca puede viajar de un mercado a otro. Lucknow Super Giants puede convertirse en Manchester Super Giants y trasladar parte de sus símbolos, su capital y hasta sus rituales a otro país. Eso es difícil de imaginar en el fútbol europeo tradicional, donde la identidad suele estar ligada a una ciudad concreta durante generaciones.
Aquí aparece un cambio de poder significativo. El análisis de The Guardian describe lo que está sucediendo como una inversión del antiguo viaje del cricket: ahora el dinero, la influencia y la confianza cultural de las grandes franquicias indias llegan a Inglaterra. No mediante una conquista territorial, sino mediante el comercio.
El nuevo Manchester Super Giants es, en ese sentido, algo más que un equipo. Es una franquicia global adaptando una marca internacional a una identidad local.
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