Añadir ElPlural.com como fuente preferida de Google.
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.
El fútbol tiene una capacidad particular para representar aquello que muchas veces no encuentra espacio fuera de los estadios. En Diyarbakır, una ciudad de mayoría kurda situada en el sureste de Turquía, esa relación ha adquirido una dimensión especial alrededor de Amedspor. Durante años, el equipo ha competido lejos de los grandes focos del fútbol nacional, pero su crecimiento ha terminado convirtiéndolo en uno de los símbolos deportivos más reconocibles de la comunidad kurda. En mayo de 2026 consiguió el mayor logro de su historia: ascender por primera vez a la Süper Lig, la máxima categoría del fútbol turco. Y su estreno entre los grandes ha sido mucho más que una adaptación a una nueva competición.
La historia del club tiene raíces anteriores a su actual denominación. Sus orígenes se remontan a 1972, cuando comenzó a funcionar como Melikahmet Turanspor. A lo largo de las décadas atravesó diferentes nombres y estructuras, hasta adoptar la identidad de Amed Sportif Faaliyetler. Amed es el nombre kurdo de Diyarbakır, una denominación que terminó dando al equipo una relación muy estrecha con la identidad cultural de la región.
Ese vínculo explica por qué Amedspor no es percibido por muchos de sus seguidores como un club más. Su camiseta verde, roja y blanca se ha convertido en una forma de reivindicar una identidad que históricamente ha encontrado dificultades para expresarse en Turquía. Para una parte importante de la población kurda, el equipo representa algo que trasciende los resultados y las clasificaciones. Su crecimiento deportivo ha terminado alimentando también un sentimiento de pertenencia que se extiende mucho más allá de la ciudad.
Un equipo acostumbrado a competir contra algo más que sus rivales
La trayectoria de Amedspor no ha estado marcada únicamente por las dificultades económicas y deportivas propias de las categorías inferiores. Su identidad también lo ha situado en el centro de las tensiones políticas y étnicas que atraviesan Turquía. Desde que adoptó su denominación actual, el club ha protagonizado episodios de enfrentamiento con otras aficiones, sanciones federativas y restricciones para sus seguidores.
En 2016, sus jugadores saltaron al terreno de juego con una pancarta que decía: "Los niños no deberían morir, deberían venir al estadio". El mensaje llegaba en un momento especialmente delicado para Diyarbakır y otras localidades kurdas, después de una nueva escalada de violencia entre las fuerzas de seguridad turcas y militantes kurdos. La iniciativa fue interpretada por algunos sectores como propaganda política y provocó sanciones. Un mensaje que apelaba a la paz terminó convirtiéndose en otro foco de controversia alrededor del equipo.
Los problemas no terminaron ahí. En los desplazamientos, sus aficionados han denunciado cánticos racistas y ataques vinculados a su identidad kurda. En 2016, directivos del club fueron agredidos después de un partido en Ankara. Un año después, Deniz Naki, futbolista alemán de origen kurdo, recibió una sanción de por vida de la Federación Turca por publicaciones consideradas propaganda separatista e ideológica, aunque posteriormente la sanción fue objeto de controversia.
La situación llegó a provocar restricciones reiteradas para los seguidores del equipo en partidos como visitante. En algunos encuentros, las autoridades justificaron las prohibiciones por motivos de seguridad. Para sus aficionados, sin embargo, aquellas medidas constituían una forma de discriminación. Amedspor se acostumbró a jugar con una presión que no siempre tenía relación con lo que sucedía durante los 90 minutos.
De las celebraciones locales a los grandes estadios de Turquía
El crecimiento deportivo empezó a cambiar el escenario. En la temporada 2023-2024, Amedspor consiguió proclamarse campeón de su grupo de la tercera categoría y ascender a la TFF 1. Lig, la segunda división. Las celebraciones se extendieron por Diyarbakır y otras localidades de mayoría kurda. Miles de personas salieron a las calles para acompañar un éxito que llevaba detrás años de dificultades.
Aquel ascenso fue el primer paso de una transformación todavía mayor. Dos temporadas después, el equipo terminó segundo en la segunda categoría con 74 puntos y consiguió el billete para la máxima división. Amedspor había pasado de competir en las categorías inferiores a convertirse en un club de Süper Lig en apenas dos campañas. La Federación Turca de Fútbol organizó en mayo de 2026 la entrega del trofeo que certificaba su histórico ascenso.
La respuesta popular fue enorme. Decenas de miles de aficionados participaron en las celebraciones de Diyarbakır, mientras que el éxito también fue celebrado en otras ciudades con importantes comunidades kurdas. La camiseta del equipo comenzó a ganar presencia fuera de su territorio y la demanda de productos oficiales creció hasta el punto de que algunas tiendas agotaron existencias. El ascenso había convertido a Amedspor en un fenómeno deportivo y comercial.
Su primera temporada en la élite está confirmando que no ha llegado únicamente para ocupar una plaza. El equipo ha conseguido victorias de prestigio ante rivales históricos como Beşiktaş, al que derrotó por 3-2 en septiembre, y ha protagonizado un inicio de campeonato que lo ha situado entre los primeros clasificados. Tras diez jornadas, suma 23 puntos y ocupa la segunda posición, únicamente por detrás del Galatasaray. Su último triunfo, un contundente 5-1 frente al Eyüpspor el 1 de noviembre, ha prolongado su buen momento.
El éxito no puede explicarse exclusivamente desde la dimensión política. También hay una estructura deportiva que ha conseguido crecer, una afición que llena de significado cada partido y una planificación que ha permitido encadenar ascensos. El propio club presenta su desarrollo como el resultado de un proyecto que combina el trabajo de cantera, la expansión de sus distintas secciones y la consolidación de su equipo profesional.




Comentarios
Solo los socios pueden comentar.
Únete a la comunidad de El Plural para participar en la conversación.