En los años de bonanza económica ligada a la construcción asistimos a un aumento hasta límites insospechados el número de autónomos. Este crecimiento se debió al auge de la subcontratación por la que las grandes empresas buscan abaratar costes prescindiendo de trabajadores propios con el ahorro consiguiente en seguros sociales, y a la facilidad de los autónomos para ocultar a Hacienda los beneficios que proporcionaba el ladrillo ya que según algunos estudios permite ocultar entre el 25% y el 3'0% de la renta.
 El negocio que creíamos que era seguro se fue ralentizando primero (solo sostenido por la obra pública) y terminó por "explotar" llevándose por delante constructoras, inmobiliarias, cajas de ahorro... y por supuesto a los autónomos.

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