Cataluña
Análisis
Operarios de autopistas trabajan este domingo en quitar las bolsas colocadas por los CDR en las cámaras del peaje de la autopista AP-7 a la altura de La Roca del Vallès (Barcelona). EFE
Operarios de autopistas trabajan este domingo en quitar las bolsas colocadas por los CDR en las cámaras del peaje de la autopista AP-7 a la altura de La Roca del Vallès (Barcelona).
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EFE

No todo es terrorismo

“Mi madre murió en el atentado de Hipercor. Quien compara los CDR con terrorismo humilla su recuerdo”

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Jue, 12 Abr 2018

En la historia de este país ya ha quedado para siempre aquello de “Vascos sí, Eta no”. También queda claro que sabemos distinguir entre musulmanes pacíficos y terroristas yihadistas. Hasta parecía que el terrorismo ya no sería la excusa para enfrentar siglas partidistas o colectivos sociales.

Pero ya no. Tras los cortes de carreteras o los levantamientos de las barreras en peajes ocurridos en Cataluña, se acusa a los “responsables” de rebeldía, sedición y terrorismo. Es aleccionador recordar que hace 40 años los alumnos en el instituto cortábamos el Paseo Valle Hebrón para exigir la calidad en el Bachillerato Unificado Polivalente (BUP) y los Profesores No Numerarios (PNN) un reconocimiento oficial. Minutos después, a los delegados de clase y a los representantes de los PNN nos citaban en la dirección del Instituto. Una bronca y hasta la siguiente protesta. Esas acciones ¿serían ahora catalogadas como “terrorismo”?

En estas cuatro décadas, miles de mineros se manifiestan con métodos (digamos) expeditivos. Los vecinos de ciudades divididas por las líneas de tren cortan calles. Pensionistas y jubilados indignados cortan calles. Los alumnos siguen cortando calles y avenidas. Los campesinos cortan calles y andan cientos de kilómetros por carreteras sin arcenes. Los trabajadores del aeropuerto ocupan las pistas y afectan a 700.000 personas. Se cortan calles para evitar desahucios...

Son acciones que afectan a otros ciudadanos, pero muchos las vemos como una manera pacífica de reivindicar los derechos que otros van eliminando. Y no parece que a nadie se le haya acusado de terrorismo.

Pero ahora aparecen unos grupos llamados CDR (Comité Defensa República) en Cataluña que deciden hacer lo mismo y a una de sus componentes la acusan de rebeldía, sedición y terrorismo.

Quien me conoce sabe que mi entorno social está compuesto, en su mayor parte, de tres colectivos: víctimas de terrorismo, abogados y psicólogos. Y una vez conocida la noticia el aluvión de llamadas, wasaps, mails y conversaciones ha sido constante para comentar la extrañeza ante tales acusaciones. Conversaciones como estas... “¿Hablan de rebeldía? La definición dice que es un tipo de comportamiento humano, caracterizado por la resistencia o el desafío a la autoridad, la desobediencia de una orden o el incumplimiento de una obligación. ¿No podría ser más un delito de desórdenes públicos o incluso de actos vandálicos? Pues si así fuera, que lo investiguen.

¿Se podría hablar de sedición? Bueno, se define como alzamiento público y colectivo contra la autoridad, el orden público o la disciplina militar, sin llegar a la gravedad de la rebelión ni la traición, pero ¿qué se entendería por alzamiento “público”? Dos personas, doscientas, dos mil...

¿Se podría hablar de terrorismo? La definición es “forma violenta de lucha política, mediante la cual se persigue la destrucción del orden establecido o la creación de un clima de terror e inseguridad susceptible de intimidar a los adversarios o a la población en general”. ¿Se puede catalogar como terrorismo levantar barreras de un peaje o cortar carreteras? De ser así ¿qué habría que hacer con todos los casos comentados en las líneas superiores?”

Pero existe otra cuestión que, aparte de la temática jurídica o legislativa, merece atención. Y tiene relación con el uso banal e interesado, a mi modesto entender, de la palabra “terrorismo” al poner a la misma altura acciones que no causan daño físico con acciones que han causado muertes, heridas, incapacidades y dolor, mucho dolor. Me niego a que se pretenda utilizar todo mi sufrimiento en y desde el atentado de Hipercor para igualarlo con levantar una barrera en un peaje. Me niego a que aparezcan personajes que no hace tanto cortaban calles en Madrid para darme lecciones de lo que es terrorismo. Me niego a que se use mi dolor, el de mi familia y el de muchísimas víctimas a las que conozco desde hace tres décadas para equipararlo a un “delito” que no ha causado una sola víctima.

Y si no… a los que tan interesados están en que mostrar la disconformidad “en las calles” sea asimilada a un delito de terrorismo, les ruego informen a la sociedad en qué hospital están las víctimas o a qué teléfono ministerial deben dirigirse quienes se sientan “víctimas del terrorismo cometido por los CDR”...

Como homenaje a las víctimas del terrorismo que sabemos distinguir con claridad cuando la política partidista quiere adueñarse de nuestro dolor, cito solo dos frases que me han llegado estos días:

“Cuando mi padre se encontraba con “terroristas” cortando una carretera, llegaba tarde a casa. Cuando mi padre se encontró con terroristas con pistolas, nunca más llegó a casa”.

“Mi madre murió en el atentado de Hipercor. Quien compara los CDR con terrorismo humilla su recuerdo”

Y yo me sigo preguntando: “¿captamos la diferencia?”

 

Roberto Manrique ha sido presidente y portavoz de la Asociación Catalana de Víctimas del Terrorismo