La veracidad de los hechos es una variable que a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y a quien le escribe los discursos, Miguel Ángel Rodríguez, les importa más bien poco. Sin embargo, su falta de originalidad denota en la mayoría de ocasiones la razón que se esconde detrás de las barbaridades y los bulos, siendo la ocultación de escándalos familiares o partidistas la más habitual. La última, no obstante, es novedosa, pues evidencia un miedo presente en la baronesa del Partido Popular (PP) del que no había rastro: la pérdida de voto y apoyo popular.

Las elecciones autonómicas de Madrid están previstas para dentro de más de un año, pero Ayuso teme perder la mayoría absoluta con la que domina la región desde 2023. Culpar a Pedro Sánchez de la decadencia de los barrios, la crisis de la vivienda o el desmantelamiento de los servicios públicos, siendo estas competencias autonómicas y llevando en el poder desde 2019, es complicado. Preparar el germen de un amaño electoral para justificar la constatación del hartazgo de la ciudadanía en las urnas se antoja más sencillo.

Tenemos un Gobierno tramposo que no dudará en hacer lo posible por darle la vuelta a las elecciones”, ha plañido Ayuso junto a Eduardo Inda, director de la web a la que la presidenta a destinado millones de euros en publicidad desde que llegó a Sol. El balón estaba votando y el jefe de OkDiario no ha dudado: “¿Cree que puede haber pucherazo?”. “Hay que ir a votar con el DNI en la mano y en urna”, ha aireado la presidenta un posible amaño del voto por correo. “Las nacionalizaciones masivas son el nuevo pucherazo de Sánchez para mantenerse en el poder”, ha rematado.

Más allá de la falsedad que estas palabras constituyen, pues la regularización de extranjeros (no nacionalización) aprobada no otorga derecho a voto, sino un permiso de residencia de un año para trabajar legalmente, aportar con impuestos o acceder a sanidad y educación, ni siquiera es original. Donald Trump o Jair Bolsonaro son algunos líderes ultraderechistas que han recurrido a la tesis del fraude en la antesala de unos comicios en los que esperaban la derrota que, finalmente, se ha producido. El habitual vendaje colocado antes de estar herido que tan solo se colocan los que esperan el palo.

El supuesto jefe de la baronesa, Alberto Núñez Feijóo, ha asumido el marco como propio, quizá por los fantasmas que todavía recorren Génova 13 susurrando encuestas que le otorgaban una aplastante victoria, y suma con Vox para gobernar, al gallego. “153 escaños”, pronuncian entre dientes. El expresidente José María Aznar también se ha sumado a la fiesta. El bulero del Reino no podía faltar en la fiesta del amaño, aunque esta no alcance el nivel de despiporre de jugar con la memoria de 193 víctimas mortales.

Miedo a discreción

La paciencia de Aznar, con la democracia atragantada, se agota y el miedo a que Sánchez reedite un 23J se aprecia en Feijóo en cada intervención que pronuncia. La enfermedad parece haberse extendido a la Comunidad de Madrid, donde el terror a verse genuflexa ante la extrema derecha, como sus homólogos de Aragón, Extremadura, Castilla y León, Comunidad Valencia y demás territorios, empieza a permear. Una sensación que la oposición de izquierdas no ha conseguido hacer sentir a Ayuso, pues había sido capaz de acaparar el voto ultraliberal y reaccionario.

Pero Lady y su Madrid elitista de todos los acentos, en un momento de auge de la ultraderecha, ha dejado abierta una puerta a Vox y su racismo barrial, basado en el enfrentamiento entre obreros. Por eso el bulo del pucherazo, unido al señalamiento de migrantes, se antoja perfecto para la ocasión. La izquierda, independientemente de cómo se presente a la contienda, parece tener un suelo mínimo suficiente para que Ayuso necesite que los de Santiago Abascal estén débiles si quiere una mayoría absoluta.

La ultraderecha apenas supera actualmente el 7% en Madrid y, aunque envuelta en una guerra civil interna, no ha bajado del 17% en las últimas tres citas con las urnas y apunta al 20%. Madrid es una plaza distinta a las jugadas, pero con poco Vox mejoraría sus resultados y ya preparan a sus elegidos para exprimir al máximo el choque entre el neoliberalismo elitista de Ayuso y el falangismo obrerista que explora el búnker. El miedo crece en Sol y con él, en una relación directamente proporcional, se multiplican los bulos.

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