“No tenemos proyecto para darle vida a Barcelona”, decía el grupo Buhos en su canción Barcelona s’il·lumina en 2016. Han pasado diez años y la sensación de una gran parte de la ciudad sigue siendo la misma: una capital entregada al turismo, convertida en un parque temático y que olvida a los barrios alejados del centro y de lo turísticamente rentable. Es la misma idea que sostiene Dani Ruiz con su proyecto L’altra ciutat —nominado en la categoría de compromiso social en los Premis Crit, que reconocen el trabajo de creadores de contenido en catalán—, una iniciativa que pone en el centro a los barrios y a la cultura popular.

Según el último informe publicado por el Observatori del Turisme a Barcelona (OTB), la región de Barcelona recibió 26,1 millones de turistas el pasado año y, ante una ciudad ya cansada del sonido de las maletas arrastradas sobre los panots, la oferta de alojamiento turístico aumentó un 1,4%. El Aeropuerto de Barcelona también marcó un nuevo récord, con más de 57,4 millones de pasajeros, y más de cuatro millones de turistas llegaron al puerto en cruceros.

Ante esta situación, surgen movimientos que, lejos de señalar al turismo en sí, denuncian un modelo de ciudad que convierte parte de Barcelona en un escaparate permanente, donde las vecinas son expulsadas para transformar pisos en Airbnbs y los comercios de proximidad desaparecen para dejar paso a tiendas de souvenirs con imanes de paellas y flamencas, como si se tratara de elementos identitarios de Catalunya.

“Nos están robando Barcelona a pasos agigantados. Desde el Ayuntamiento deberían impulsarse políticas valientes y transformadoras y apostar por otro tipo de economías”, defiende Dani Ruiz, que observa con frustración cómo Barcelona ha dejado de pertenecer a quienes viven en ella. “El Ayuntamiento tiene completamente olvidados a los barrios. No es prioritario que las vecinas podamos quedarnos en ellos y los ciudadanos de Barcelona ya no aguantamos este modelo”.

Ruiz no evita señalar directamente al gobierno de Jaume Collboni, que ha anunciado su propósito de eliminar diez mil pisos turísticos en cuatro años, una medida que considera insuficiente: “Hay una tendencia a construir una ciudad solo para el turismo y para las élites”.

Ante este contexto nace L’altra ciutat, un proyecto que intenta “cambiar el foco” de Barcelona y situarlo “en las historias, a menudo invisibilizadas, de los barrios populares y periféricos”. Ruiz recuerda cómo desde pequeño le hicieron creer que su barrio, la Trinitat Vella, “era un barrio de segunda y, por tanto, que él era un ciudadano de segunda”. “Son muchos los jóvenes de barrios obreros a quienes han hecho sentir que su acento al hablar catalán, su apellido o su código postal los hacían menos catalanes o catalanes de segunda”, denuncia.

Micrófono en mano y grabándose con su propio móvil, Ruiz recorre la Barcelona que no aparece en las postales turísticas. “Quiero poner en el centro todo lo que no pasa en el centro; que de nuestros barrios no solo se hable cuando hay una reyerta y reivindicar que todo lo que tenemos lo hemos conseguido gracias a la lucha vecinal”.

Sostiene que los barrios obreros están “criminalizados” y, sin “romantizar la pobreza ni la violencia”, señala cómo los barrios periféricos y del área metropolitana “se han construido prácticamente abandonados por las instituciones”.

Paseos por mercados municipales, visitas a huertos urbanos, colaboraciones con asociaciones vecinales o vídeos viviendo el ramadán junto a la comunidad musulmana son algunos de los contenidos que le han llevado a convertirse en uno de los nominados a los Premis Crit.

Ruiz defiende una Catalunya diversa y “en la que cabemos todos”: “No me gusta que digan que ‘doy voz’ a la comunidad musulmana o gitana porque ya tienen voz. Prefiero decir que visibilizo su realidad”. También considera que el “odio al moro” es una de las discriminaciones más extendidas en la sociedad actual: “No los queremos escuchar y preferimos hacernos una idea basada en prejuicios o en lo que hemos visto en las televisiones generalistas o escuchado al vecino de turno”.

Además, Dani Ruiz, procedente de una familia andaluza y extremeña -es de los conocidos como charnegos- crea contenido en catalán: “Hago contenido en catalán por todas las veces que me han dicho que no lo hablaba bien”.

El catalán vive horas bajas, según datos del Institut d’Estadística de Catalunya: solo el 32,6% de la población tiene el catalán como lengua habitual, frente al 46% que lo hacía en 2003. En el área metropolitana de Barcelona, la cifra cae hasta el 24,7% (37,8 % en 2003). Sin embargo, cada vez más jóvenes se animan a crear contenido en catalán. “Es importante crear referentes porque los jóvenes tienen que sentir el catalán como su lengua, no solo como la lengua de la escuela”.

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