La estrategia conjunta de Artur Mas y Oriol Junqueras  es un fraude democrático. Ni el presidente del Ejecutivo saliente ni el líder de la oposición aparecen en campaña para debatir. Aún más, van en la misma lista. Esto, inconcebible en cualquier sistema democrático, está pasando en Catalunya. Lo explicamos.

Los diarios de Joseph Goebbels
El historiador alemán Willi A. Boelcke recoge en su documentado trabajo “Propaganda bélica alemana. 1939-1941” las actas de las conferencias que Goebbels mantenía a diario con sus colaboradores. En ellas se aprecia cómo utilizaba la propaganda, desde la radio y la prensa hasta los cromos que iban en las chocolatinas o en los paquetes de cigarrillos.

Y que nadie se rasgue las vestiduras. Stalin hizo lo mismo en la URSS, y Franco en España, y Pinochet en Chile. El totalitarismo tiene una  clara vocación de control del mensaje que le llega a la masa y no permite que nada escape a su control.

Ésa es la filosofía, mal que les pese a algunos, que define la actual estrategia de Artur Mas y Oriol Junqueras.  Machacar desde los medios de comunicación consignas simples, que apelan al sentimiento y no a la razón, al menosprecio hacia los adversarios, que siembran falsas esperanzas entre sus seguidores, convenciéndolos de una victoria final.

Una táctica que tiene ejemplos históricos. Las armas maravillosas que harían que se ganase una guerra que sabían perdida, ¿acaso no equivalen al mantra de que Europa aceptará a una Catalunya independiente sí o sí? ¿La fe en el líder y la adhesión, independientemente de la ideología, no es lo mismo que lo que se dice acerca de la lista de Mas? ¿La perversión del lenguaje, que Víctor Kemplerer analizó en su obra “Lingua Terti Imperii”, no ha dado sus frutos en Catalunya? Ejemplos: unionista, el partidario de unir, de la unión, tiene hoy un significado peyorativo, al igual que español. Todo gira alrededor de conceptos duales, como estado y pueblo, soberanía y colonización, enemigo exterior y patriotas, en fin, entre buenos y malos.

Si eso no es lo mismo, en cuanto a técnica de intoxicación política, no sé qué puede serlo.



La estrategia del ausente
Mas y Junqueras son los grandes ausentes en debates públicos. No se mezclan con los otros candidatos. Adquieren, así, una dimensión de dioses, quedando por encima de los demás, incluso de los suyos. Eso se presta a la mitificación y a la idolatría. Evitan la más mínima erosión y han obligado al resto de partidos a discutir lo que a ellos les interesa: el futuro. Porque del presente, mejor no hablar. De ahí que en ésta campaña nadie pueda hacer un debate serio sobre el estado actual de la sanidad, la educación o los servicios sociales catalanes. Ni de la corrupción. Todo gira alrededor de la independencia, una independencia que, hay que recalcarlo, no quieren ni Mas ni Junqueras. De haber sido así, han tenido toda la anterior legislatura para proclamarla al tener mayoría parlamentaria.

Se trata de perpetuar esta cinta de Moebius hasta las próximas elecciones generales y ver con quién se puede pactar en Madrid. Es la vieja estrategia pujolista. El pacto fiscal y algún reconocimiento en materia de nación y lengua y ya está. Los que voten a Mas pensando que va a llevarlos a una república catalana no lo conocen. Los que creen que está condicionado por Esquerra o la ANC, ignoran que son meros apéndices de Convergencia.

El engaño es formidable. Han sabido explotar muy bien la actitud pétrea del gobierno central y su monolítica postura ante el problema catalán. Cuentan también con una sociedad, la catalana, ahogada  y confusa, con una crisis que ha destruido a las clases medias trabajadoras y que está harta de ser el blanco de cualquier político que, desde cualquier lugar de España, haya querido ser alguien a costa de meterse con el pueblo catalán.

Mas y Junqueras se esconden en ésta campaña detrás de la independencia, usando métodos totalitarios, manipulando a las masas que son, como decía Ortega, débiles. Pero llegará un día en el que tendrán que explicarles a los suyos, no a los otros, por qué no están en Ítaca. Quizás los crean la mayoría, ésos que ven una estelada y piensan que ya han ganado. Pero muchos otros, independentistas de buena fe, gente que sí cree en una república catalana, se sentirán desengañados, airados, burlados. Y entonces tendremos un problema de orden público.

Veremos donde se esconden entonces Mas y Junqueras, Junqueras y Mas, que es lo mismo. Porque el lío que han creado es tal, que les puede pasar lo que al aprendiz de brujo. Han jugado a la propaganda con todo un sector de la población catalana. Y ésas aguas pueden acabar por ahogarles.

Miquel Giménez es periodista y escritor. Ha trabajado como guionista en la radio con Luis del Olmo, Julia Otero y Xavier Sardà