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Alberto Núñez Feijóo ha elegido este viernes Toledo para hablar de agricultura, de futuro para los pueblos, de relevo generacional y de la necesidad de mantener vivo el medio rural. Lo ha hecho ante cientos de mujeres en la jornada organizada por Afammer con motivo del Día Internacional de las Mujeres Rurales. Ha hablado de impuestos, vivienda, autónomos, Política Agraria Común y explotaciones agrícolas. Pero ha habido una palabra que no ha aparecido en su discurso: agua.
Una ausencia significativa precisamente en Castilla-La Mancha y, más aún, en Toledo, una ciudad atravesada por un Tajo que lleva décadas protagonizando una de las principales batallas políticas de la región.
Feijóo ha prometido un "impuesto cero" para los jóvenes que compren su primera vivienda en el medio rural, una cuota de autónomos de 50 euros durante tres años y avales públicos de hasta el 80% para inversiones en explotaciones agrarias. También ha defendido la necesidad de "proteger la despensa de Europa" y garantizar el futuro del sector primario.
Pero proteger esa despensa requiere algo más que rebajas fiscales. Sin agua difícilmente hay agricultura, explotaciones o desarrollo rural. Y sobre eso, en una de las comunidades que lleva décadas reclamando disponer de sus propios recursos hídricos, Feijóo no ha dejado este viernes ninguna respuesta.
El elefante en la habitación del PP
La cuestión resulta todavía más evidente por las posiciones que mantienen otros dirigentes territoriales del propio Partido Popular. Los presidentes de Murcia, Fernando López Miras, y de la Comunidad Valenciana, Juanfran Pérez Llorca, han cerrado filas durante los últimos meses en defensa de la continuidad del Tajo-Segura.
Ambos llegaron a defender conjuntamente el pasado mes de abril que "en España sobra agua", reclamando mantener el trasvase frente a las reivindicaciones de Castilla-La Mancha. Pérez Llorca volvió a insistir en septiembre en que la infraestructura es imprescindible y aseguró incluso que "sin el Tajo-Segura no hay seguridad alimentaria para España ni para Europa".
Más lejos ha ido López Miras. El presidente murciano ha anunciado que su Gobierno pondrá "todas las trabas" posibles a las nuevas reglas de explotación del trasvase y ha sostenido que, si finalmente entran en vigor, Feijóo las retirará cuando alcance La Moncloa.
Una promesa que tiene un obstáculo que va bastante más allá de la política: los tribunales.
El Tribunal Supremo ha rechazado distintos recursos contra la planificación hidrológica y ha reiterado que los caudales ecológicos son una exigencia legal, vinculada además al cumplimiento de los objetivos ambientales.
Por tanto, una eventual llegada del PP al Gobierno podría modificar normas, pero no haría desaparecer las sentencias del Supremo ni las obligaciones ambientales que condicionan la explotación del Tajo.
Núñez y el agua que "utilizan los portugueses"
Feijóo tampoco ha despejado en Toledo cómo pretende conciliar las posiciones de Murcia y la Comunidad Valenciana con las necesidades de Castilla-La Mancha. A su lado estaba el presidente regional del PP, Paco Núñez, que ha evitado durante los últimos meses enfrentarse a sus compañeros de partido por el trasvase y ha optado por su complacencia.
El dirigente castellanomanchego sí ha encontrado, sin embargo, otro destino al que señalar. El pasado junio afirmó que el agua del Tajo "la están utilizando los portugueses" y lamentó que no se utilizara en mayor medida en Castilla-La Mancha.
El argumento tiene una particularidad geográfica evidente. El Tajo no aparece directamente en Portugal. Antes atraviesa Castilla-La Mancha, recorre Guadalajara y Toledo y pasa por municipios como Toledo o Talavera de la Reina. Mantener caudal en el río significa también mantener agua circulando por territorio castellanomanchego, con todo lo que ello supone desde el punto de vista ambiental, económico y de las posibilidades de desarrollo ligadas a la propia cuenca.
Precisamente por eso, el debate abierto por López Miras sobre esperar a que Feijóo llegue a La Moncloa para revertir las nuevas condiciones del trasvase habría permitido al líder nacional del PP aclarar este viernes en Toledo qué posición piensa adoptar si gobierna. No lo ha hecho.
Feijóo ha reivindicado que los pueblos deben ser lugares "donde se pueda trabajar, donde se pueda emprender y, en consecuencia, donde se pueda vivir". Ha prometido ayudas para agricultores, facilidades para emprender y medidas para garantizar el relevo generacional. A pocos kilómetros del Tajo y acompañado por el líder del PP castellanomanchego, del agua necesaria para sostener buena parte de ese modelo rural no ha dicho una sola palabra.




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