Paco Núñez ha vuelto a llevar al límite su estrategia contra Emiliano García-Page. El presidente del PP de Castilla-La Mancha ha intentado situar al jefe del Ejecutivo autonómico en el centro de la polémica por la imputación de José Luis Rodríguez Zapatero, pese a que el expresidente del Gobierno ni siquiera ha declarado todavía ante el juez y a que Page no tiene nada que ver con el caso.
La ofensiva del PP castellanomanchego se produce en plena investigación del caso Plus Ultra, en el que se indaga el rescate público de 53 millones de euros a la aerolínea y posibles desvíos de fondos hacia sociedades radicadas fuera de España. La causa sigue abierta y Zapatero no ha prestado aún declaración judicial, pero Núñez ya ha utilizado el procedimiento para exigir a Page que rompa amarras con su propio partido y para presentarlo políticamente como corresponsable de una causa en la que no tiene nada que ver.
La maniobra deja al descubierto una doble vara de medir. Núñez exige al presidente castellanomanchego una condena anticipada sobre Zapatero, pero no ha mostrado la misma vehemencia cuando las sombras han afectado a María Dolores de Cospedal, expresidenta de Castilla-La Mancha, exsecretaria general del PP y figura clave en la historia reciente de los populares en la comunidad autónoma. En las últimas semanas, el PSOE castellanomanchego ha criticado precisamente la “mudez” de Núñez ante el caso Kitchen y ha reclamado explicaciones sobre Cospedal, a quien ha definido como una dirigente todavía vinculada simbólicamente al PP regional por su condición de presidenta de honor.
La diferencia política es evidente. Page no tiene responsabilidad orgánica sobre las decisiones que ahora analiza la Audiencia Nacional. Cospedal, en cambio, ha sido presidenta de Castilla-La Mancha entre 2011 y 2015 y secretaria general del PP durante una de las etapas más relevantes del partido. Aun así, Núñez reserva para los asuntos que afectan al PSOE un tono de máxima dureza, mientras que ante el pasado de su propia formación el discurso se convierte en silencio.
El líder popular ha hecho de la exigencia permanente de responsabilidades una de sus principales herramientas de oposición. Cada crisis vinculada al PSOE, al Gobierno central o a Pedro Sánchez le sirve para reclamar explicaciones inmediatas a García-Page. Sin embargo, esa misma lógica se debilita cuando el foco se desplaza al PP. La presunción de inocencia, que los populares suelen invocar cuando los procedimientos judiciales afectan a dirigentes de su partido, queda arrinconada cuando el nombre señalado pertenece al adversario político.
El intento de convertir a Page en cómplice político de Zapatero resulta especialmente forzado. El presidente castellanomanchego ha sido, de hecho, una de las voces socialistas más críticas con la situación del partido y ha reclamado a Pedro Sánchez una cuestión de confianza o elecciones, al considerar que el PSOE atraviesa uno de los momentos más delicados de la democracia. Pese a ello, Núñez insiste en elevar la presión sobre Page, no por su implicación en los hechos, sino por su pertenencia al PSOE.
Paco Núñez pide que Page abrace el transfuguismo
La ofensiva popular también introduce otro elemento delicado. Al reclamar rupturas internas en el PSOE y apelar a dirigentes socialistas para que se desmarquen de su organización, Núñez se acerca a un terreno políticamente resbaladizo, el del transfuguismo. No puede afirmarse sin matices que el transfuguismo sea ilegal en sí mismo, porque el Pacto Antitransfuguismo es un acuerdo político entre partidos y no una norma con eficacia jurídica directa. De hecho, distintos pronunciamientos y análisis jurídicos han recordado que la declaración de tránsfuga tiene una eficacia esencialmente política mientras no exista una regulación trasladada plenamente al ordenamiento.
Eso no rebaja la gravedad política del mensaje. El transfuguismo ha sido censurado durante décadas por los partidos precisamente por alterar la voluntad expresada en las urnas y por desestabilizar instituciones. Por eso, cuando un dirigente pide a cargos de otra formación que rompan con su partido, no está simplemente apelando a la conciencia individual, sino tensionando un marco que los propios partidos han tratado de contener para evitar cambios de mayorías por intereses ajenos al mandato electoral.
Núñez queda así atrapado en una contradicción difícil de explicar. Reclama a Page que actúe como juez político contra Zapatero antes de que el expresidente declare, le atribuye una responsabilidad que no existe y, al mismo tiempo, evita desplegar la misma contundencia ante Cospeda. Máxima dureza hacia fuera, máxima cautela hacia dentro.
La estrategia puede servir al PP para alimentar el ruido político, pero también evidencia sus límites. Núñez intenta presentar a Page como rehén de Sánchez y del PSOE, incluso cuando el presidente castellanomanchego ha mantenido una posición crítica con la dirección federal. En cambio, cuando la exigencia de explicaciones mira hacia la historia reciente del PP regional, el líder popular opta por bajar el volumen.
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