Emiliano García-Page ha vuelto a marcar distancia con la dirección política y emocional del PSOE en uno de los momentos más delicados para el partido. El presidente de Castilla-La Mancha ha abordado la imputación del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero con un mensaje que ha combinado respeto personal, prudencia judicial y una evidente incomodidad política. La frase que ha resumido su posición ha sido especialmente gráfica, "al Zapatero que yo conocí nunca me lo hubiera imaginado en esta posición".

El jefe del Ejecutivo castellanomanchego ha pasado por los micrófonos de La Brújula, en Onda Cero, donde ha reconocido el impacto que le ha provocado la situación del expresidente socialista. García-Page ha asegurado que le desea "toda la suerte del mundo" y que sería de los primeros en celebrar que quedara clara su inocencia. Sin embargo, no ha convertido esa afirmación en una defensa cerrada ni en una adhesión automática, sino que ha insistido en que, ante un procedimiento judicial de esta naturaleza, lo determinante deben ser las pruebas.

"Las pruebas son de lo que hay que fiarse", ha señalado el presidente de Castilla-La Mancha, que ha evitado alimentar teorías conspirativas y ha defendido el funcionamiento del sistema judicial. García-Page ha recordado que no es partidario de buscar explicaciones externas cuando existen diligencias, indicios y una investigación abierta, y ha rechazado que todo pueda resolverse recurriendo a la sospecha permanente sobre los jueces. En ese sentido, ha subrayado que en España los magistrados no condenan falsamente y que el sistema cuenta con garantías suficientes.

La intervención de García-Page ha tenido también una lectura interna muy evidente. El presidente castellanomanchego ha admitido que el PSOE atraviesa el momento más delicado que él ha conocido en democracia, una afirmación que refleja hasta qué punto la sucesión de informaciones judiciales ha erosionado el ánimo dentro del partido. Según ha explicado, hay mucha gente "desazonada" y "muy rota", no solo por el daño reputacional, sino por la sensación de que la situación puede prolongarse.

García-Page ha sido especialmente contundente al advertir de que queda recorrido por delante. Ha señalado que, pese a que en el PSOE se ha pensado en varias ocasiones que cada nuevo episodio podía ser el último, lo más difícil de asumir ahora es que todavía "queda mucho" porque hay "muchísima información y pruebas". Desde esa idea, ha defendido una máxima que ha repetido en otras ocasiones, "el que la hace la tiene que pagar", una frase que, en este contexto, supone una apelación directa a la responsabilidad individual frente a cualquier tentación de parapetarse detrás de las siglas.

El presidente de Castilla-La Mancha ha matizado además el uso político de la presunción de inocencia. A su juicio, no se trata de creer o no creer en ella, porque es un derecho reconocido, sino de plantearse si se cree en la inocencia de una persona concreta. Preguntado por esa cuestión, García-Page ha evitado responder desde la fe política o la lealtad partidista y ha insistido en su condición de jurista, "yo creo en las pruebas".

García-Page ha reconocido que es consciente de estar en una "minoría muy minoritaria" dentro del partido, pero ha defendido que en política hay que respetar mayorías y minorías porque la democracia interna también consiste en eso. Su diagnóstico no ha sido solo judicial, sino también político, al advertir de que al PSOE le irá bien como partido únicamente si a España le va bien.

En ese punto, ha insistido en una tesis que viene manteniendo desde hace tiempo, el socialismo debe anteponer los intereses del país a los intereses del partido. "A los que nos duele España, nos duele nuestro partido", ha afirmado, en una frase que refleja su intento de separar la defensa de unas siglas históricas de la defensa automática de cualquier decisión o de cualquier dirigente.

El presidente de Castilla-La Mancha ha dejado además en el aire su futuro político. Preguntado por una posible reelección, ha asegurado que todavía no lo ha pensado y que contempla todas las opciones. Ha afirmado que se siente bien y que no participa en ninguna conspiración ni conjura, aunque ha reconocido que la política se ha vuelto "muy vil" y que las familias también pagan ese desgaste. 

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