Susana Díaz quiere –ahora– que hablen los andaluces. Curiosamente, es la misma que no hizo hablar a los andaluces cuando fue nombrada presidenta sin haberse presentado. Hubiera sido más lógico. Para justificar esta decisión ha ido construyendo un relato débil, contradictorio y cambiante cada día. Empezó con el viaje al Sáhara de Diego Valderas, y siguió con un rosario de disculpas que no convencieron a nadie, como el referéndum posible y no convocado –en lo que es una tremenda falta de respeto a la autonomía de otra organización política que resulta bastante chocante cuando ella recurrió a primarias para apoyar su ascenso a la presidencia. En el campo de las justificaciones siguió con inestabilidad y falta de confianza y, como nadie compraba esto, acabó con la traca final de culpabilizar a Alberto Garzón de “llevar a IU a converger con Podemos”. Se ve que ni siquiera lee mucho la prensa. Se han analizado profundamente las razones de esta convocatoria y hay una coincidencia general en que, por detrás, hay motivaciones de tipo político y personal y cálculos electoralistas que le otorgarían resultados pasables apoyándose en la debilidad de otras fuerzas políticas, fundamentalmente, PP y Podemos. Sin discrepar de esas razones, se habla poco de otros motivos que, pienso, han sido fundamentales en la decisión de Susana Díaz de adelantar las elecciones. Se trata de la alergia y la ansiedad. No es una broma y, por supuesto, no me refiero a cuestiones médicas aunque, curiosamente, las alergias y la ansiedad parece que repuntan en primavera y el día de las elecciones, 22 de marzo, es, precisamente, el primer día de la primavera. Susana Díaz tiene alergia a los compromisos adquiridos con sus socios en la medida en que responden a políticas de izquierda y Susana Díaz ha querido protegerse contra la ansiedad que le pudiera generar el verse cercada por la corrupción. En efecto, la urticaria, la fatiga, el jadeo y la asfixia son síntomas típicos de muchos procesos alérgicos. Pues a Susana le produce urticaria favorecer la participación real de la sociedad en la administración pública (Ley de Participación que, por cierto, regularía los referéndum); le produce fatiga el tener que gestionar una renta básica en Andalucía y garantizar los suministros básicos a los ciudadanos; le produce, jadeo y asfixia molestar a banqueros y grandes empresarios con la existencia de una banca pública en Andalucía, los bancos de tierras (que no haya terrenos públicos ociosos gracias a una Ley integral de Agricultura que regule la función social de la propiedad de la tierra) y la oposición de IU al negociete que supone la financiación público-privada de las grandes infraestructuras públicas. Sí, parece claro que Susana se siente cómoda retratándose con banqueros y grandes empresarios (incluida una ejecutiva de Burger King, empresa rey de la comida y el empleo basura). Pero, más allá de los discursos floridos, le producen alergia las políticas a pie de calle que sean realmente de izquierdas. Lo de la ansiedad puede ser aún más grave. IU estaba apretando ya mucho en lo relativo a la formación para el empleo, que junto con el caso de los ERES suponen dos graves casos de posible corrupción. IU había forzado al consejero de Educación, Luciano Alonso, a comparecer mensualmente sobre el tema pero estas comparecencias ya no daban para más y se le había advertido al PSOE. En efecto, Alonso se estaba limitando a relatar el número de casos que se habían verificado y, de estos, los que estaban bien y los que no. Pero no entraba a explicar ni las razones de la acumulación de expedientes sin verificar, ni las causas más comunes de irregularidad que llevaban a la petición de reintegros, ni, siquiera, los criterios que se habían seguido en la adjudicación de las ayudas y en la selección de las empresas o entidades a los que se exceptuaba de justificar gastos. Tampoco se explicó la mala gestión de los Consorcios de Formación y los impagos a los trabajadores. Parece que el PSOE se limitaba a decir “no lo haré más, y de lo pasado me olvido”. Y no es eso: IU exige definir responsabilidades políticas y eso, precisamente, es lo que genera ansiedad a Susana. En esta línea de no querer ni hablar de corrupción hay que entender el aforamiento a última hora de tres diputados pre-imputados por los ERES y el blindaje de la Cámara de Cuentas en “gran coalición” con el PP. Y, ojo, falta por saber a dónde llevará el hilo de lo descubierto en alguna comunidad de regantes. Hay ya quien dice que en Medio Ambiente se están dando casos de insomnio. Y lo de Delphi. Y todo, ¿para qué? Muy probablemente el Parlamento estará más fraccionado y la estabilidad será más difícil. Y en la futura Cámara, se hablará y se investigará la corrupción de la formación y, si los andaluces quieren y hay una mayoría de la izquierda real y alternativa, se legislará la Renta Básica, la Banca Pública, el banco de tierras… y todo lo que Susana ha cercenado con su “espantá” . A pesar de su alergia y su ansiedad. Hay nubes y pedestales de los que conviene bajarse pronto porque, si no, más dura será la caída.  (*) Ignacio García es vicepresidente primero de la Diputación Permanente del Parlamento de Andalucía.