Los partidos de la oposición quieren su libra de carne. Hay un sombrío aunque involuntario paralelismo entre el Shylock de ‘El mercader de Venecia’ exigiendo a toda costa su libra de carne al arruinado Antonio, en cumplimiento del contrato firmado por éste, y los partidos que perdieron las elecciones del 22 de marzo poniendo implacables condiciones al victorioso pero acorralado Partido Socialista, en cumplimiento del Reglamento de la Cámara andaluza, con sede en el antiguo Hospital de las Cinco Llagas. Susana Díaz se parece vagamente al apurado Antonio en que cuando adelantó las elecciones no imaginó –o prefirió no imaginar– que firmaba con los electores un contrato según cual sus adversarios podían llegar a estar en condiciones políticas y artiméticas de reclamarle una libra de carne para dejarla ser presidenta. Pues bien, la están reclamando. [cita alineacion="izquierda" ancho="100%"]MI CONTRATO, MI CONTRATO[/cita] Desde el PP hasta Izquierda Unida, pasando por Ciudadanos y Podemos, todos ellos justifican la equidad de sus postulados exhibiendo aquel contrato del 22-M, perfectamente legal como el de Shylock y cuya letra pequeña es ese Reglamento del Parlamento que dice muy claramente y sin equívoco posible que Díaz no puede ser presidenta si ellos no permiten que lo sea. Pues bien, de momento no lo permiten. Ahora bien, si el bloqueo se prolonga durante semanas el clima de la campaña de las municipales acabará emponzoñado por el rencor, se hará cada día más irrespirable y lastrará peligrosamente el proceso de conformación de mayorías estables para gobernar ayuntamientos y diputaciones. Ciertamente, los paralelismos con ‘El mercader’ no van mucho más allá, pero para el improbable lector que precipitadamente piense que atribuimos a la oposición el papel de perra judía y al PSOE el de cándido cristiano, apresurémonos a recordar que en las lecturas más inteligentes de la pieza de Shakespeare ni Shylock es tan malo ni Antonio y su amigo Basanio tan buenos. [cita alineacion="izquierda" ancho="100%"]¿INVESTIDURAS A MÍ?[/cita] Es más: el prestamista judío llega a quejarse con toda razón de que ellos, los cristianos, empezaron primero, y de hecho así lo dice en aquel memorable monólogo que comienza recordando cómo Antonio “se rió de mis perdidas y se burló de mis ganancias, despreció a mi nación, enfrió a mis amigos...". De esa misma soberbia tan elocuentemente denunciada por Shylock ha pecado también un poco el Partido Socialista, y la última prueba de ello está siendo su desconcertante desahogo al asegurar –¿investiduras a mí?– que la Presidencia de Díaz es cosa hecha. Los partidos que niegan a Díaz su investidura justifican, en efecto, la rectitud de sus posiciones apelando precisamente al mismo argumento que el sagaz Shylock: Susana empezó primero. Y es cierto: al adelantar las elecciones, Susana Díaz empezó primero. Otra cosa es que se trate de un pecado estrictamente personal cuya penitencia la oposición no puede trasladar ahora a todos los andaluces deteniendo indefinidamente el tren de la administración autonómica. O sí puede pero no debe, pero entonces mucho cuidado: cuando se hace algo que se puede pero no se debe hacer, se acaba normalmente pagando un precio demasiado alto. [cita alineacion="izquierda" ancho="100%"]LA HIPÓTESIS DEL RESENTIMIENTO[/cita] El argumento de ‘ella empezó primero’ lo utilizan mucho el PP, Podemos e Izquierda Unida, pero muy poco Ciudadanos. La razón podría ser esta: los tres primeros están resentidos con el PSOE, mientras que Ciudadanos no lo está. La exigente posición negociadora de Ciudadanos obedece a razones de mero pragmatismo, mientras que la de PP, IU y Podemos es pragmática pero también personal: los tres han obtenido resultados mucho peores de lo que creían merecer y culpan de ello, mucho antes que a sí mismos, a Susana Díaz y su adelanto electoral. Su resentimiento estaría, pues, bastante bien fundado, y de ahí que se sientan cargados de razón para exigir su libra de carne sin remordimiento alguno. Se sienten tan justificados como se sentía Shylock, si bien con una diferencia crucial: la intransigencia del mercader se debía solo al resentimiento, mientras que la de PP, IU y Podemos no se debe únicamente a él. Es más: su posición –cuyo resultado, buscado deliberadamente o no, es el bloqueo institucional– pudo estar originariamente inspirada en el resentimiento, pero ahora se ha independizado de ese sentimiento inicial, sobre todo en el caso de Podemos, que, si en un principio pudo estar instigado por la tentación de imponer un trágala al orgullo socialista, ahora mismo está atrapado en el maximalismo de unas posiciones que han adquirido vida propia. [cita alineacion="izquierda" ancho="100%"]DECISIONES SIN DUEÑO[/cita] En política, las decisiones tomadas tienden a generar su propia inercia, se blindan a sí mismas con una lógica específica y autónoma que hace muy difícil que quienes las tomaron puedan volverse atrás. Cuando se adopta una decisión importante o se activa una determinada estrategia, se deja en cierta manera de ser dueño de ellas: es lo que les ocurre a Podemos y Ciudadanos con la suya de haber puesto tan alto precio a una investidura que, por otra parte, es la única posible. Los partidos con representación parlamentaria, todos ellos, deberían pararse a considerar los graves peligros que para una vida pública sana encierra toda espiral del resentimiento, una emoción letal que todo lo falsea y envilece. Si el bloqueo continúa hasta las municipales, el resentimiento habrá contaminado también al Partido Socialista y será él entonces quien, a su vez cargado de razón y a su vez sin remordimiento alguno, querrá a toda costa cobrarse su libra de carne. [cita alineacion="izquierda" ancho="100%"]MI TESORO, MI TESORO[/cita] Y bien, ¿dónde la solución?, ¿cómo salir de ésta? El PSOE no puede caer en la confortable tentación de enrocarse, de encerrarse a recontar obsesivamente su millón cuatrocientos mil votos pensando que ese tesoro –mi tesoro, mi tesoro– le da derecho a todo. El PSOE no puede amarrarse a la idea algo simplona y bastante primitiva de que tiene que vérselas con unos despreciables judíos sin sentido alguno de la ética cristiana que lo único que quieren es su libra de carne, así se hunda Andalucía, España o la Humanidad. E, igualmente, Podemos, Ciudadanos y el PP no pueden seguir abusando indefinidamente de la letra pequeña de su contrato. Podemos, por ejemplo, tiene derecho, según contrato, a exigir su libra de carne pero se encontrará con un verdadero problema si no la obtiene: por eso le interesa también hallar cuanto antes un punto de equilibrio entre lo que pide y lo que le dan. A su vez, tampoco el Partido Socialista puede sumar una nueva derrota después de la muy dolorosa que ya ha sufrido al haberse visto, le guste o no admitirlo, obligado a sacrificar a Chaves y Griñán en los helados altares del pragmatismo. Tras su victoria con los expresidentes, los otros partidos no solo están obligados, sino que les conviene ofrecer al PSOE una salida que no sea humillante y que éste pueda aceptar. ¿La ofrecerán los unos? ¿La aceptará el otro? Seguramente sí… pero tarde. Solo quedaría por saber cómo de tarde, a qué precio y qué cuota de ese precio pagará cada uno.