El accidente ferroviario del pasado domingo, uno de los más importante de la historia de España, ha desatado una importante ola de solidaridad en Adamuz. La población de la localidad cordobesa intenta reponerse de esta tragedia en la que, sin excepción, todos se han volcado para ayudar a las víctimas, familiares, voluntarios y trabajadores que socorrieron en las vías. 

Solo basta con recorrer algunas de sus calles para conocer multitud de historias particulares y colectivas de cómo sus ciudadanos estuvieron a la altura de las circunstancias. Este es el caso de Rafaela, la propietaria de un pequeño supermercado en Adamuz, que no dudó en abrir su supermercado para ayudar a las personas que fueron rescatadas de las vías de la línea de Alta Velocidad que une Madrid con Córdoba, Sevilla y Málaga: "Cuando me enteré, mi hija de Bruselas me llama diciendo 'Mamá, ayuda, ayuda, que están necesitando comida, que están necesitando agua, lo que haga falta'. Bajé de mi casa, que está en el piso de arriba, y abrí mi supermercado y venía la muchacha pidiendo caldo, café, tila... Lo que fuera". 

"Lo que se ha dado, se ha dado de corazón. Es que es así. Ahora han venido y me dicen '¿qué tenemos de lo que haya ofrecido?' Yo digo, nada. Eso se ha dado de corazón, de voluntad, de que no podría dar más, si no más fuera dado", comenta Rafaela, una persona tan humilde y bondadosa que incluso no quería cobrarle una botella de agua a este servidor. 

Rafaela nos cuenta en nuestra conversación que no solo Adamuz se ha volcado con las personas afectadas por esta tragedia: "No solamente nuestro pueblo, pero el es que ha colaborado con todo. Hasta chavales que han venido descalzos y sin ropa le han puesto ropa y zapatos, porque venían chorreando y llenos de barro. A veces salían desorientados". 

Esta dependienta se emociona cada vez que la prensa le visita y le pregunta si puede contarles su historia: "Sé que vosotros tenéis que buscaros la vida así. Porque yo tengo una hija que está en Sevilla y es periodista y no ejerce el periodismo porque tiene que ser duro". 

A su vez, Rafaela también coincide con otros testimonios que afirman que aunque no haya habido víctimas naturales del pueblo se trata de una tragedia que ha tocado muy de cerca a Adamuz: "No los conocemos, pero creo que esas familias tienen que estar rotas".

"Creo que no se han llevado mala imagen del pueblo porque sí, es chiquito, pero hemos sabido volcarnos", afirma esta adamuceña mientras no para de atender a los clientes que llegaban a su pequeña tienda para comprar, mientras no había otro tema de conversación en la tertulia de señores que había a las puertas de su establecimiento. 

Lo cierto es que, aunque solo hizo lo que su corazón le pidió, Rafaela se ha convertido en uno de los grandes ejemplos de la solidaridad y la humanidad de un Adamuz que quiere empezar a pesar página tras el trágico accidente ferroviario. 

Súmate a El Plural

Apoya nuestro trabajo. Navega sin publicidad. Entra a todos los contenidos.

hazte socio