El testimonio de una de las supervivientes al accidente ferroviario de Adamuz (Córdoba), Amalia Montealegre, ha sacudido el relato institucional sobre lo ocurrido tras el siniestro. Más allá del impacto del descarrilamiento, que dejó 46 fallecidos, su denuncia ha puesto el foco en lo que ocurrió después, en el hospital, cuando aún luchaba por recuperarse en la UCI.

Su relato, contado a El Mundo y especialmente duro en lo que respecta a la presencia de autoridades en su habitación, cuestiona los límites entre la atención institucional y el respeto a la intimidad de los pacientes en situaciones críticas.

“Abro los ojos y hay tres personas mirándome”

Montealegre describe con detalle uno de los momentos más impactantes de su estancia en la UCI, cuando despertó sin previo aviso y se encontró rodeada de personas ajenas a su entorno médico. “De repente, abro los ojos y veo a tres personas allí. Una señora rubia me dice: ‘¿Sabes quién soy? Soy la alcaldesa de Huelva’”, ha relatado para El Mundo. La escena, lejos de tranquilizarla, le generó desconcierto e indignación en un momento de extrema vulnerabilidad.

Asimismo, ha añadido que pensó “¿Quién le ha dado permiso a esta gente para que me visite, que estoy en la UCI desnuda, vale, tapada, pero desnuda...? ¡Qué cojones!”, evidenciando la sensación de invasión de su intimidad mientras permanecía ingresada en estado crítico. El testimonio apunta a una falta de control sobre quién accede a pacientes en unidades sensibles como la UCI, donde las condiciones físicas y emocionales requieren protocolos estrictos de privacidad.

Del mismo modo, la superviviente sitúa este episodio apenas dos días después del accidente, cuando todavía no había visto a su familia y seguía bajo los efectos de la medicación. Según ha explicado, fue despertada por el personal sanitario con un motivo concreto: la inminente llegada de autoridades, entre ellas, la alcaldesa de Huelva, Pilar Miranda (PP). Así, ha recordado que “En el hospital viví una situación denigrante. Cuando estaba en la UCI y aún no había visto a mi familia, las enfermeras me despertaron y me dijeron que me iban a lavar el pelo porque venían las autoridades”.

El contraste entre su estado y la situación que describe es contundente: “Imagínate, tú estás de drogas hasta el culo, te hablan de tal, pero tú estás allí en un viaje increíble”, afirma. A ello se sumaba el estado físico en el que llegó tras el accidente: “Yo tenía el pelo con sangre, con trozos de mierda porque el baño del tren reventó y todavía me quedaba entre el pelo un trozo de pendiente con oreja en medio”.

Su relato dibuja una escena en la que la prioridad no fue su recuperación inmediata, sino la preparación para una visita institucional, algo que ahora denuncia públicamente.

Un testimonio que recrudece el debate

Las palabras de Montealegre se producen en un contexto de creciente cuestionamiento sobre la gestión del accidente de Adamuz. Asociaciones de víctimas han reclamado en los últimos meses mayor transparencia sobre la actuación de los servicios de emergencia y la atención posterior a los heridos. Así, su testimonio introduce un nuevo elemento en ese debate: el trato a las víctimas en el ámbito hospitalario y el respeto a su dignidad en momentos críticos.

La presencia de autoridades en centros sanitarios tras grandes tragedias no es inusual, pero el relato de la superviviente plantea interrogantes sobre cómo se gestionan esas visitas y hasta qué punto se prioriza la privacidad de los pacientes.

En este caso, Montealegre no solo denuncia lo ocurrido, sino que pone palabras a una sensación de desprotección que, según su experiencia, se suma al trauma del propio accidente. Su pregunta: “¿Quién le ha dado permiso a esta gente?” resuena como un cuestionamiento directo a los protocolos y decisiones adoptadas en esos momentos.

Mientras continúan las investigaciones sobre lo ocurrido en Adamuz, testimonios como el suyo refuerzan la necesidad de revisar no solo la respuesta ante la emergencia, sino también el trato posterior a quienes sobrevivieron a una de las mayores tragedias ferroviarias recientes en Andalucía.

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