“Es una sensación extraña ver cómo todo lo que tienes alrededor tiembla sin saber dónde puedes acudir”, Helena Contreras, voluntaria gaditana de 48 años, se encontraba cerca del epicentro del terremoto de Katmandú (Nepal), en el pueblo de Jaubari, cuando empezó el fuerte temblor que ha sacudido por segunda vez el país. “Notas como que te estas mareado, que algo no va bien”. Diez voluntarios de la asociación Gea España, entre los que se encontraba Helena, salió rumbo a Katmandú hace dos semanas con el objetivo de instalar una potabilizadora de agua en el municipio rural de Jaubari, en la zona norte de Nepal. Se trataba de un proyecto anterior a la catástrofe que empezó a vivirse hace pocas semanas. El censo de este pueblo es de apenas 4.000 personas y cuenta con 600 casas. Su complicado acceso obliga a ir en todoterreno durante el último tramo, debido a su aislamiento. “Ya habían pasado los primeros días trágicos desde el primer terremoto y nadie imaginaba lo que podía pasar”. Tras ocho horas de viaje, Helena llegó junto a sus compañeros a Jaubari. Pocas horas después sufrirían el segundo terremoto en medio del campo. Sin sufrir ningún percance, decidieron que cinco de ellos se trasladarían de forma urgente a la capital, Katmandú, para prestar ayuda humanitaria. DURMIENDO A LA INTEMPERIE Helena fue de uno de los voluntarios que se acercó hasta la capital nepalí para prestar labores de rescate. “Cuando llegamos, todo Katmandú se encontraba durmiendo la calle. Los voluntarios de Gea empezamos nuestra labor en un orfanato que se llama Fresh Nepal”. Cuando ya empezaba la normalidad, después del primer terremoto, Helena cuenta desde Nepal a Andalucesdiario que “la gente tenía aún más miedo porque parecía una situación incontrolable”. Junto a muchos ciudadanos locales, los voluntarios se encuentran durmiendo al aire libre, desde su llegada, en el patio de este orfanato a la intemperie. Desde primeras horas de la mañana, Katmandú ha amanecido cada día realizando labores de rescate de cuerpos y de revisión de estructuras. “Hay muchos edificios que se han colapsado, casas que se han caído, pero cuando vas a zonas exteriores que están a tan solo media hora de Katmandú, ves la desolación completa porque hay pueblos que han sido destruidos totalmente”, destaca Helena. Esta voluntaria, que trabaja habitualmente en la ciudad de Cádiz como administrativo, cuenta el caso concreto de Sanqhu, un pueblo muy turístico que se encuentra a media hora de la capital. Tras el segundo terremoto, ha quedado totalmente bajo las ruinas. ACCESO IMPOSIBLE “La idea del viaje estaba programada mucho antes de la catástrofe y no solamente hemos hecho llevado a cabo lo de la potabilizadora porque ahora mismo en este orfanato Frresh Nepal estamos prestando ayuda alimentaria, ayuda médica y una instalación de filtración de agua”, apunta Helena, cuya vuelta a España está prevista para la próxima semana. Las autoridades locales están luchado para que la población pueda volver a la normalidad. Helena cuenta que “el problema es que el acceso es imposible en muchos de los pueblos donde han habido deslizamientos de laderas de montaña. Estos pueblos han quedado totalmente aislados y no hay manera de saber qué daños han sufrido”, apunta. El trato con los nepalíes es una de las mejores experiencias que Helena se está llevando de este increíble viaje. “La gente está colaborando y está actuando aunque este país ya era un país pobre antes. Sabemos que hay muchas organizaciones internacionales que se están volcando. Ahora mismo estamos con un grupo español que ha venido también. Hay gente de todas partes porque el mundo entero está ahora ayudando a Nepal”.