Tom Ford continúa definiendo su nueva identidad bajo la dirección creativa de Haider Ackermann. Para la campaña Otoño Invierno 2026, el diseñador vuelve a colocar la seducción en el centro de su discurso, aunque esta vez prescinde de escenarios espectaculares para concentrarse en aquello que considera verdaderamente magnético: la personalidad, la experiencia y la seguridad de quien lleva la ropa.
Fotografiada por Stuart Winecoff, la campaña reúne a un reparto deliberadamente diverso formado por Liu Wen, Paolo Grebic, Mila Van Eeten, Aluel Makuach, Scott Barnhill, Benjamin Orlan, Ardi H, Kristen McMenamy, Malick Bodian y Alfredo Ramirez. Diferentes edades, trayectorias y actitudes conviven en una serie de retratos que amplían las ideas presentadas previamente durante el desfile de la colección.

Ackermann sitúa a sus protagonistas bajo una luz intensa y frente a un fondo crema de apariencia casi clínica. No existen decorados elaborados, objetos que distraigan la mirada ni una narrativa evidente construida alrededor de los modelos. Esa ausencia de artificios obliga al espectador a observar con mayor atención.
Un gesto, una mirada, la postura del cuerpo o la manera de llevar una chaqueta adquieren así una importancia decisiva. La campaña Tom Ford Otoño Invierno 2026 utiliza estos pequeños elementos para sugerir quiénes son sus personajes sin necesidad de explicar sus historias.
Para Haider Ackermann, la seducción no depende exclusivamente de mostrar el cuerpo ni de responder a un determinado ideal de belleza. Su propuesta se interesa por personas conscientes de sí mismas, capaces de proyectar la sensación de haber vivido y de sentirse cómodas con las experiencias que han construido su identidad.
Las huellas del tiempo forman parte de esa visión. Los rostros, la ropa y el comportamiento pueden revelar fragmentos de una biografía, convirtiendo aquello que tradicionalmente podría ocultarse en un elemento de atracción. La edad deja de funcionar como límite y pasa a enriquecer el concepto de sensualidad de Tom Ford.
Esta perspectiva resulta especialmente significativa para una casa históricamente asociada con imágenes provocadoras y una sexualidad extremadamente sofisticada. Ackermann no elimina ese legado, sino que lo desplaza hacia un terreno más psicológico. La provocación continúa presente, pero ahora puede encontrarse en una mirada sostenida o en la absoluta seguridad con la que alguien ocupa el espacio.

La ropa contribuye a construir esa tensión. La precisión característica de Tom Ford dialoga con la sensibilidad de Ackermann, conocido por entender la sastrería, el color y las siluetas como herramientas capaces de expresar carácter. Cada estilismo funciona como una extensión de la persona que aparece ante la cámara y no como un disfraz destinado a transformarla.
La elección de Kristen McMenamy y Liu Wen junto a figuras de diferentes generaciones refuerza esa intención. No existe un único arquetipo destinado a representar el universo de la firma. Cada protagonista propone una interpretación distinta de la elegancia, el deseo y la confianza.
El equipo creativo mantiene esa misma contención. Lucy Bridge se encarga del maquillaje, mientras Tom Wright firma el cabello, contribuyendo a una estética donde la individualidad permanece visible por encima de cualquier transformación excesiva.
Añadir ElPlural.com como fuente preferida de Google.
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.