- El actor afronta uno de los papeles más importantes de su carrera y explica por qué ha aprendido a no adelantarse al futuro.
Después de años interpretando personajes marcados por la oscuridad, el conflicto y, en más de una ocasión, cierta inclinación hacia la villanía, Pablo Álvarez se enfrenta a un registro diferente en ‘El mapa de los anhelos’. La nueva miniserie de Netflix, basada en la exitosa novela de Alice Kellen, sigue a Greta, una joven que queda sumida en un profundo vacío tras la muerte de su hermana Lucy. Antes de morir, esta le deja un juego formado por una serie de desafíos que la obligarán a enfrentarse al duelo, recuperar el control de su vida y encontrar su propio camino. Durante ese viaje aparecerá Will, el enigmático personaje interpretado por el actor madrileño.
La producción supone un paso importante dentro de una trayectoria construida de manera progresiva. Sin embargo, Álvarez evita enfrentarse al estreno desde la presión de las expectativas. Su atención está puesta en el personaje, en el trabajo realizado durante el rodaje y en la posibilidad de que el público conecte con una historia atravesada por la pérdida, la culpa, el perdón y la necesidad de volver a avanzar.
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“Will es un poco rancio hasta que deja de serlo”
En el primer episodio, Will aparece como un joven especialmente contenido. Hay una distancia evidente entre lo que siente y lo que permite que los demás vean, una rigidez emocional detrás de la cual se esconden heridas que todavía no ha sido capaz de resolver. Álvarez resume su evolución con humor: “Básicamente, es un poco rancio hasta que deja de serlo”.
La aparente sencillez de la frase esconde buena parte del recorrido del personaje. Para construirlo, el intérprete trabajó junto a su coach, Pat Moral, profundizando en emociones como la culpa, el remordimiento y la sensación de permanecer atrapado en un momento del pasado. “Trabajamos todo el tema de la culpa, del remordimiento y de cómo, a veces, uno no puede avanzar en la vida”, explica.



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El actor también se apoyó en la novela original. La leyó dos veces después de conseguir el papel, no para copiar una imagen rígida de Will, sino para comprender mejor su forma de pensar y las razones que sostienen su comportamiento. “Me ayudó mucho a analizarlo todo y a saber cómo pensaba. Además, la novela me conmovió mucho. Está muy bien escrita”.
Acercarse al personaje no le resultó especialmente complicado porque encontró rápidamente una vía de empatía con él. La dificultad apareció al trasladar físicamente su energía, mucho más cerrada y pesada que la suya. El reto consistió en sostener durante las escenas la sensación de alguien consumido por una culpa que no le permite mirar hacia delante. No se trataba únicamente de representar tristeza, sino de mostrar cómo una emoción reprimida puede afectar a la forma de hablar, reaccionar y relacionarse con quienes intentan acercarse.
Pese a la intensidad del material, el rodaje no dejó al intérprete atrapado emocionalmente en Will cuando regresaba a casa. Álvarez recuerda una experiencia especialmente positiva junto a las directoras y su compañera Alícia Falcó, que interpreta a Greta. “Fue un rodaje muy disfrutón. Con las directoras fue superbién y con Alicia también. No me llevaba el personaje a casa”.
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Una historia sobre aprender a perdonarse
Aunque ‘El mapa de los anhelos’ nace de una pérdida, su recorrido no se limita al duelo. Para Álvarez, una de las ideas más importantes que atraviesan la transformación de Will es la capacidad del perdón para cambiar la manera en la que una persona convive con su propio pasado. “Un buen perdón a tiempo puede arreglar muchas cosas, sobre todo dentro de nosotros mismos”, reflexiona. “Necesitamos aprender a perdonarnos por determinadas cosas”.
El personaje no es presentado como una figura completamente bondadosa ni como alguien que ya tenga todas las respuestas. Álvarez bromea con que, después de pasar buena parte de su trayectoria interpretando villanos, recibir un papel de estas características fue una sorpresa y un regalo. Sin embargo, también defiende que Will conserva su propio “rinconcito de maldad”, una parte menos amable que necesita reconocer y sanar.
Esa ambigüedad le permite alejarse de una división demasiado sencilla entre buenos y malos. La evolución del protagonista no consiste en convertirse repentinamente en otra persona, sino en comprender qué le impide avanzar y asumir la responsabilidad de enfrentarse a ello.
El actor cree que algunos espectadores podrán reconocerse en ese proceso, aunque se toma con humor la posibilidad de que la serie sustituya unas cuantas sesiones de terapia. “Puede ser”, responde entre risas, antes de añadir: “Pero yo recomiendo mucho ir a terapia”.



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Quince años de carrera empiezan a germinar
Aunque ahora se encuentre ante uno de los proyectos con mayor exposición de su trayectoria, Álvarez no considera que haya cambiado radicalmente su manera de elegir. Lo que percibe es el resultado de un recorrido prolongado, con etapas diferentes y oportunidades que han ido apareciendo de forma gradual. “Siento que estoy en un buen momento profesional y que los quince años que llevo en esto están ahora germinando un poquito más”, reconoce.
La popularidad de la novela convierte a la miniserie en uno de los estrenos españoles más esperados de Netflix, pero el intérprete intenta no construir escenarios anticipados alrededor de su posible recepción. Haber participado previamente en proyectos de mayor escala, aunque no siempre desde el papel protagonista, le ha permitido relacionarse con la exposición desde un lugar más tranquilo.
“No tengo demasiadas expectativas”, explica. “Lo bueno de haber construido una carrera progresiva es que todo eso baja un poco. Simplemente espero que funcione, que esté bien y que la gente la disfrute. Lo demás ya llegará cuando tenga que llegar”. No se trata de falta de ambición, sino de evitar que la incertidumbre termine condicionando la experiencia presente. “Intento no adelantarme al futuro, porque da ansiedad”, admite entre risas.
En cuanto a los rechazos que inevitablemente acompañan a la profesión, el actor asegura que ha aprendido a colocarlos en el lugar correcto. No recuerda un “no” concreto que haya marcado su trayectoria, pero sí considera que las cosas que no salen también forman parte del proceso. “Cuando las cosas son, son porque tienen que ser”, afirma.
“Lo que más me preocupa es no poder pasar tiempo con mi hijo”
En este momento, su mayor inquietud profesional no está relacionada con la repercusión pública ni con la posibilidad de volver a interpretar a un villano. Lo que realmente le preocupa es que una etapa de mayor actividad laboral termine reduciendo el tiempo que puede compartir con su hijo.
“Me encantaría que me saliese muchísimo trabajo. Estoy con ello y ahora no paro, pero me preocupa que eso condicione el tiempo que puedo pasar con mi hijo”, explica.
Para Álvarez, la conciliación familiar se ha convertido en una cuestión central, especialmente en una industria marcada por los desplazamientos, las jornadas extensas y los rodajes fuera de casa. La grabación de ‘El mapa de los anhelos’ tuvo lugar en Barcelona, lo que hizo más difícil mantener una rutina cercana durante esos meses. Su prioridad después del trabajo es recuperar ese tiempo y estar con él. La creciente presencia pública de su padre, sin embargo, no parece impresionar demasiado al niño, de siete años. “Le da exactamente igual”, cuenta entre risas. “Le concede un valor de cero”.
Esa falta de fascinación funciona casi como un recordatorio de todo lo que existe fuera de la profesión. Frente a la posibilidad de que ‘El mapa de los anhelos’ abra una nueva etapa, Álvarez prefiere mantenerse cerca de lo cotidiano: seguir trabajando, elegir con calma y no permitir que la imaginación sobre lo que podría ocurrir le impida disfrutar de lo que ya está sucediendo.
Después de quince años de carrera, su gran aprendizaje parece residir precisamente ahí: aceptar los rechazos sin convertirlos en derrotas, colocar cada experiencia en el lugar correcto y confiar en que algunas cosas llegan cuando tienen que llegar. Will también necesita dejar de vivir condicionado por el pasado. Quizá por eso, detrás de la distancia inicial del personaje, Pablo Álvarez encontró una emoción tan sencilla como reconocible: la necesidad de perdonarse para volver a avanzar.
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