Tras brillar en ‘Rondallas’ de Daniel Sánchez Arévalo y ‘Las hijas de la criada’, la actriz Judith Fernández consolida un nuevo capítulo en su carrera guiada por el arte, la verdad y la emoción.

Pocas intérpretes emergentes irrumpen con una mezcla tan nítida de sensibilidad, conciencia y verdad como lo ha hecho Judith Fernández. La actriz gallega atraviesa uno de los momentos más decisivos de su carrera, impulsada por dos proyectos que la sitúan en el centro de una nueva generación de voces del audiovisual español: ‘Rondallas’, la nueva película de Daniel Sánchez Arévalo, y ‘Las hijas de la criada’, la producción de Atresplayer en la que encarna a un personaje atravesado por el paso del tiempo, la memoria y el silencio.

Lejos de responder a una construcción calculada, su recorrido parece estar guiado por algo más íntimo: la intuición, la necesidad de contar y una búsqueda constante de humanidad en cada personaje. En conversación con Xmag, Judith Fernández reflexiona sobre el vértigo de enfrentarse a papeles emocionalmente exigentes, la diferencia —o ausencia de ella— entre cine y televisión, y la responsabilidad de usar la interpretación como una forma de dar voz a quienes tantas veces han quedado fuera del relato.

  • JUDITH FERNÁNDEZ Y EL PROYECTO QUE MARCÓ UN ANTES Y UN DESPUÉS

Hay trabajos que llegan para confirmar una vocación, y otros que además transforman la manera en la que una actriz se mira a sí misma. Para Judith Fernández, Rondallas pertenece a esa segunda categoría. La película dirigida por Daniel Sánchez Arévalo no solo representa uno de los títulos más importantes de su carrera hasta ahora, sino también una experiencia profundamente vital. “Es el proyecto que con más ilusión recibí en mi carrera. Mi cuerpo lo supo antes que mi mente: era una experiencia que me iba a cambiar la vida. Lo primero que me atrajo fue él, Dani. Poder decir que una de mis primeras películas está dirigida por él me hace sentirme muy afortunada”, confiesa.

En la cinta da vida a Andy, un personaje que la obligó a entrar en territorios de especial vulnerabilidad. Alejada de ella en muchos aspectos, la construcción del papel implicó confianza, escucha y una apertura total hacia el proceso. “Andy está bastante alejada de mí. Me exigió mucha confianza para saltar al vacío, pero crear intimidad con Dani y con Fer Fraga fue muy sencillo. Ensayamos y compartimos mucho”.

En esa entrega encontró también algo poco habitual para una actriz en sus primeros pasos: un personaje con recorrido, con grietas, con evolución. Una presencia dramática que le permitió desplegar registros complejos y, al mismo tiempo, dejar una huella emocional que intuye duradera. “Estoy segura de que cuando sea mayor seguiré hablando de esta película, de Andy, de la familia que creé en A Guarda”.

  • LA MAGIA DE DANIEL SÁNCHEZ ARÉVALO Y UN SET DESDE LA ESCUCHA

Cuando habla de Daniel Sánchez Arévalo, Judith no lo hace solo desde la admiración profesional, sino desde una conexión creativa construida en la confianza. Para ella, el director logró algo que va mucho más allá de la dirección técnica: generar un espacio donde el trabajo actoral podía nacer sin miedo. “Es un abrazo al alma. Dani tiene una magia que solo él sabe manejar. Creó un espacio horizontal, de confianza absoluta, donde podíamos improvisar y construir sin juicio”.

En una industria donde las jerarquías a menudo marcan el ritmo de los rodajes, esa horizontalidad fue decisiva. Más aún para una actriz joven que se enfrentaba a uno de los proyectos más importantes de su carrera. “Lo más importante para mí es que nos escuchó desde el primer día, como a cualquier otro compañero del reparto”.

Ese gesto, aparentemente sencillo, resume buena parte de lo que Judith valora en su oficio: los procesos donde la creación nace del intercambio y donde la sensibilidad no se percibe como fragilidad, sino como una herramienta poderosa.

  • ‘LAS HIJAS DE LA CRIADA’ Y LA NECESIDAD DE DAR VOZ A LAS SILENCIADAS

Si ‘Rondallas’ le permitió explorar un lugar íntimo desde el cine, Las hijas de la criadala llevó a un territorio igual de exigente desde la televisión. En la serie de Atresplayer interpreta a Clara desde los 17 hasta los 32 años, un arco temporal complejo que implicó sostener no solo una evolución física, sino también emocional e histórica.

Para la actriz, el papel tiene una dimensión que trasciende la ficción. Clara no es solo un personaje, sino un eco de tantas mujeres que vivieron en contextos donde el silencio era una forma de supervivencia. “Dar voz a una mujer en una época en la que no teníamos ni voz ni voto es un homenaje a nuestras antepasadas. Estoy muy agradecida a todo el equipo por confiar en mí para darle vida a Clara”.

En esa frase se condensa una de las claves que mejor define su mirada artística: interpretar no solo para emocionar, sino también para reparar, recordar y poner luz sobre aquello que durante demasiado tiempo permaneció al margen.

Judith Fernández para Xmag
  • CINE Y TELEVISIÓN: UN MISMO IDIOMA CON DISTINTOS ACENTOS

En una época en la que muchos intérpretes siguen estableciendo jerarquías entre formatos, la actríz se desmarca de cualquier lectura rígida. Su relación con el oficio no depende del medio, sino de la verdad que pueda encontrar dentro de cada historia. “No hago distinción entre medios. Para mí todo es el mismo idioma con distintos acentos”.

La frase resume con precisión una postura artística madura: lo importante no está en la etiqueta, sino en la potencia del relato y en la posibilidad de conectar con el público desde lugares honestos. Tampoco siente que su carrera haya respondido a una estrategia perfectamente diseñada, aunque sí reconoce una brújula interna muy clara. “Muchas decisiones fueron intuitivas, pero tengo muy claras mis ambiciones y cómo quiero llegar a ellas”.

Esa combinación entre instinto y conciencia le permite transitar la industria con una idea firme de quién es y de qué tipo de actriz quiere ser, sin necesidad de encajar en trayectorias prefabricadas.

“Mi generación tiene suerte gracias a las que lucharon antes. Tenemos más fuerza para alzar la voz y no encorsetarnos”

  • LA VERDAD COMO CENTRO DE SU IDENTIDAD ACTORAL

Si algo atraviesa el discurso de Judith Fernández de principio a fin es su compromiso con una interpretación honesta. En un sector donde la exposición, la velocidad y la competitividad pueden empujar hacia formas más calculadas de construir una carrera, ella insiste en volver a la emoción como núcleo. “Quiero contar historias con humanidad, que hagan sentir al público. Para mí, eso es lo más importante”.

Pero trabajar desde ese nivel de apertura también exige un aprendizaje interno. Habitar personajes intensos, cargados de dolor o profundidad, supone desarrollar una relación delicada con la propia sensibilidad. “Trabajo desde un lugar muy honesto. Y estoy aprendiendo a entrar y salir de esos lugares profundos con ligereza. Desde el amor, se puede hacer sin perderse a una misma”.

Más que una declaración sobre su método, estas palabras revelan una filosofía: la interpretación como entrega, sí, pero nunca como destrucción personal. La emoción, en su caso, no aparece como espectáculo, sino como un lugar de verdad.

  • JUDITH FERNÁNDEZ Y EL ARTE COMO HERRAMIENTA DE CONCIENCIA

Esa honestidad interpretativa va de la mano con una mirada social muy presente. Judith entiende su profesión también como una plataforma desde la que abrir conversaciones urgentes y acompañar realidades que a menudo no encuentran representación suficiente. “Quiero tratar temas socialmente importantes, dar voz a grupos minoritarios, contar lo que cuesta poner en palabras. Me siento con una gran responsabilidad”.

Su forma de entender el arte no se limita al entretenimiento. Hay en ella una necesidad de intervenir, de cuestionar, de hacer visible lo que incomoda o se silencia. Como mujer joven dentro de la industria, reconoce que persisten inercias y presiones, pero también percibe avances gracias al camino abierto por quienes estuvieron antes. “Mi generación tiene suerte gracias a las que lucharon antes. Tenemos más fuerza para alzar la voz y no encorsetarnos”.

Y frente a la crispación o al retroceso, su respuesta no es el cinismo, sino una convicción profundamente humana. “Cuando entendamos que el amor es lo más importante, nos volveremos diversos y justos. El amor lo abraza todo”.

Judith Fernández para Xmag
  • EL FUTURO DE UNA ACTRIZ QUE PREFIERE EMOCIONAR ANTES QUE ACUMULAR MÉRITOS

Ante la posibilidad de reconocimientos como una nominación al Goya Revelación, la intérprete se mantiene con los pies en la tierra. No reniega de ellos, pero tampoco los convierte en el centro de su ambición. “Soy bastante terrenal. Lo abrazo como parte del proyecto, pero mi objetivo es emocionar al público, abrir debates y hacer compañía”.

Hay en su manera de mirar el futuro una mezcla de ilusión y conciencia. Sabe que está apenas al comienzo de una carrera larga, pero también que el verdadero deseo no pasa por la validación externa, sino por seguir encontrando proyectos que la reten y la transformen. “Estoy al principio de esta larga carrera y todo me emociona”.

Quizá por eso, al imaginar a la niña que alguna vez soñó con actuar, no piensa en corregirla ni en advertirle nada, sino en recordarle una sabiduría sencilla que todavía hoy la acompaña. “Cuida a quien ves subiendo las escaleras, porque te lo vas a encontrar bajando”, y “El jardín de enfrente siempre será más verde que el tuyo”.

Con esa mirada limpia, emocional y profundamente consciente, Judith Fernández se abre paso en el audiovisual español sin necesidad de impostar una voz propia. Ya la tiene. Y en ella caben la fragilidad, la fuerza, la memoria y la voluntad firme de contar aquello que muchas veces no encuentra palabras, pero sí cuerpo, imagen y verdad.