Victoria Beckham no puede ser editora de Vogue. O eso dice Laura Sutcliffe, editora de moda de HELLO! UK, que tras repasar su propio CV y recordar con nostalgia su época haciendo recados por Londres, nos explica por qué ella —y no Victoria— sería una mejor candidata.

Según Laura, Beckham no encaja porque no ha escrito columnas ni ha traído cafés en redacciones fashion durante años. No ha hecho prácticas no remuneradas, ni ha cargado portatrajes por Oxford Street. En otras palabras, no ha vivido la fantasía noventera de El diablo viste de Prada. Pero… ¿y si eso ya no fuera un requisito?

Victoria no solo está lista: es la mejor opción.

La ex Spice Girl ha demostrado tener una visión estética precisa, moderna y elegante. Pero más allá de su éxito como diseñadora —reconocida en París, vestida por estrellas, valorada por la crítica—, Victoria ha conseguido algo mucho más difícil: reinventarse sin renunciar a su historia. Convirtió el nombre ‘Beckham’ en sinónimo de sofisticación.

Y aún más importante: entiende la era en la que vivimos. Es madre de niñes de la Generación Z. Conoce los códigos de la nueva sensibilidad, se ríe de sí misma, se muestra humana en redes sociales, baila, bromea, conecta. No vive detrás de unas gafas oscuras ni oculta emociones. ¿Puede decir lo mismo Anna Wintour?

¿Una nueva era para Vogue?

Wintour transformó Vogue, nadie lo duda. Cambió las reglas del juego y llevó la revista a lo más alto. Pero también es cierto que su liderazgo se asentó sobre una idea de moda fría, distante, controlada. En 2025, eso ya no basta. Hoy, la audiencia busca autenticidad, cercanía, diversidad. Y ahí es donde Victoria brilla.

No se trata de saber escribir crónicas de desfile. Se trata de entender la moda, a las personas y al momento cultural. Victoria Beckham no es una figura de transición ni una fantasía editorial: es una voz potente, empática, y con una visión clara del presente.

Apostar por Victoria Beckham no sería un gesto simbólico. Sería una jugada estratégica para devolverle a Vogue la capacidad de hablarle al mundo sin filtros. Y sí, Laura, no hace falta haber servido cafés para estar calificada.

Porque lo que Vogue necesita ahora no es otro currículum perfecto: es alma.