El desfile de Saint Laurent en París se transformó en algo más que una presentación de moda: fue un punto de encuentro entre cine, series y estilo con narrativa propia. Entre los asistentes que acapararon miradas estuvieron Connor Storrie y François Arnaud, coprotagonistas del drama canadiense Heated Rivalry, que dejaron atrás cualquier rivalidad ficticia para compartir protagonismo en uno de los front rows más potentes de la semana.
El fenómeno que rodea a la serie sigue sorprendiendo incluso a sus propios actores. Storrie reconoce que nunca imaginó el alcance global del proyecto. Cuando aceptó el papel, se trataba simplemente de una producción canadiense que le ilusionaba por el material y el personaje. Hoy, sin embargo, se encuentra con seguidores coreando su nombre incluso en países donde la serie todavía no se ha estrenado oficialmente, como Francia. Una reacción que confirma cómo ciertas historias conectan más allá de los mercados previstos.



Para la ocasión, Connor Storrie apostó por un look de la última colección de la maison, marcado por una silueta limpia y un acento amarillo vibrante que rompía la sobriedad habitual del negro Saint Laurent. El estilismo se completaba con pendientes de Tiffany & Co., reforzando ese equilibrio entre elegancia clásica y gesto contemporáneo. El actor atraviesa además un momento especialmente intenso: hace apenas unos días participó en el relevo de la antorcha olímpica en Europa, sumando otro hito simbólico a un año vertiginoso.
A su lado, François Arnaud se mostró especialmente cómodo con la propuesta firmada por Anthony Vaccarello, director creativo de Saint Laurent. El actor destacó los sutiles patrones de su corbata, camisa y pantalón, antes de girar para lucir un abrigo largo negro con cinturón envolvente. Su descripción fue tan precisa como reveladora: vestir “como si estuviera de etiqueta, pero con la comodidad de un albornoz”. Una frase que resume bien la esencia del Saint Laurent actual: lujo sin rigidez.
El desfile reunió también a otras figuras que reforzaron el cruce entre moda y cultura pop. Jamie Bell y Kate Mara llegaron juntos y compartieron prendas, demostrando la versatilidad de las siluetas masculinas de la casa. Mara no dudó en colocarse una blazer masculina de su marido sobre su vestido negro transparente, subrayando que la moda —cuando está bien diseñada— no entiende de géneros cerrados.



Fiel habitual del front row, Keith Powers comparó su look con el de Bruce Wayne, destacando una energía casi heroica en la silueta. Entre desfile y desfile, el actor confesó que mantiene su rutina de entrenamiento corriendo por la orilla del Sena, mientras se prepara para el estreno de su próxima película, The Gates, prevista para marzo.
Dentro del espacio del desfile, celebrado en la Bourse de Commerce, Mark Eydelshteyn se dedicaba a grabar el techo pintado del recinto, consciente de estar viviendo un momento irrepetible. Tras un año marcado por Cannes y los premios Oscar de Anora, el actor confesó su deseo de conservar cada recuerdo de esta etapa. Saint Laurent, y su relación creativa con Vaccarello, forman parte esencial de ese capítulo.
Entre flashes, copas de champán y la llegada de figuras como Rami Malek y Austin Butler, el desfile confirmó algo más profundo que una tendencia: Saint Laurent sigue siendo un espacio donde la moda dialoga con la narrativa personal de quienes la visten. Y en esa conversación, Connor Storrie y François Arnaud demostraron que el verdadero magnetismo no está en la rivalidad, sino en la presencia compartida.