En Galicia, heredar una vivienda suele plantear muchas preguntas. La casa familiar, el piso urbano o la vivienda del pueblo se convierten a menudo en el eje de la herencia, no solo por su valor económico, sino por sus implicaciones legales y emocionales. Por eso muchas familias acuden a un abogado de herencias en Coruña para entender qué pueden hacer con un inmueble heredado, y despachos con arraigo territorial como Mosquera y Vicente abogados trabajan habitualmente en sucesiones donde la vivienda es el principal, y a veces único, bien del patrimonio.

Cuando la vivienda deja de ser solo un hogar

Desde el punto de vista jurídico, una vivienda heredada es un bien más dentro del caudal hereditario. Sin embargo, en la práctica suele concentrar las mayores dificultades. Aceptar la herencia implica asumir la propiedad, liquidar los impuestos correspondientes y formalizar el cambio de titularidad. Hasta completar estos pasos, la vivienda no puede venderse ni gestionarse con plena seguridad. El proceso es claro en la norma, pero se complica cuando hay varios herederos, cuando no existe testamento o cuando el inmueble es el único activo relevante.

El escenario más frecuente es la copropiedad: varios herederos pasan a ser titulares del mismo inmueble. A partir de ahí surgen decisiones que requieren unanimidad o mayorías: uso de la vivienda, reparto de gastos, alquiler o venta. ¿Quién asume el mantenimiento? ¿Qué ocurre si uno quiere vender y otro no? La ley ofrece salida, como la división de la cosa común, pero sin acuerdo previo los conflictos se enquistan y el inmueble queda, en la práctica, bloqueado.

Ciudades y rural, dos realidades

En áreas urbanas, una vivienda heredada suele tener mercado, pero también costes y trámites que exigen decisiones ágiles. En el rural gallego, en cambio, muchas casas heredadas carecen de demanda inmediata, lo que dificulta la venta y refuerza la tentación de “dejarlo para más adelante”. El resultado es un fenómeno conocido: inmuebles cerrados durante años, gastos que se acumulan y relaciones familiares tensionadas por la falta de acuerdos.
Aceptar, vender o renunciar

Ante una vivienda heredada, las opciones legales son tres. Aceptar la herencia supone asumir derechos y obligaciones; vender puede ser una solución razonable si existe consenso; renunciar evita cargas, pero implica perder cualquier derecho sobre el bien. Elegir no es sencillo, porque la decisión no es sólo patrimonial: la vivienda suele concentrar recuerdos, expectativas y vínculos familiares

El riesgo de aplazar decisiones

Otro problema habitual es posponer. Mientras no se adopta una solución, el inmueble se deteriora, los costes continúan y las posiciones se endurecen. Lo que podría resolverse con información y planificación acaba derivando en procesos largos y costosos. Además, cada vivienda heredada que queda fuera del mercado es una oportunidad menos para dar uso a un activo que podría destinarse a residencia, alquiler o transmisión ordenada.

Un dilema actual

Las herencias siempre han marcado transiciones entre generaciones. Hoy, en Galicia, también reflejan el cambio en la relación con la vivienda: entre el valor afectivo de la casa de siempre y las exigencias de un marco legal y económico distinto. Comprender las opciones, hablar a tiempo entre herederos y tomar decisiones informadas permite transformar un foco de conflicto en una solución viable.

Porque una casa heredada no es solo patrimonio: es una decisión que afecta a la familia y al territorio. Y abordarla con criterio jurídico y diálogo es la mejor manera de que el legado no se convierta en un problema.

--

Contenido patrocinado