El grave accidente ocurrido en Adamuz ha vuelto a traer a la memoria la historia de este tipo de sucesos y ha propiciado, en algunos casos de forma poco rigurosa, comparaciones con otros siniestros ferroviarios, a los que se califica indistintamente como los más graves o los más letales.

Con todo, el accidente ferroviario más grave registrado en España tuvo lugar el 3 de enero de 1944 en el entonces municipio minero leonés de Torre del Bierzo. Ese día fatídico de comienzos de 1944, mientras la España de posguerra intentaba proyectar una imagen de normalidad tras la Guerra Civil, el túnel número 20 de Torre del Bierzo se convirtió en el escenario del accidente ferroviario más grave de la historia del país. Una colisión múltiple entre tres trenes dejó tras de sí centenares de víctimas y una estela de silencio impuesta por el régimen de Francisco Franco, decidido a minimizar el impacto de una catástrofe que contradecía su discurso de regeneración nacional.

Aquel mediodía, poco después de la una, el correo-expreso procedente de Madrid con destino a Galicia descendía el puerto del Manzanal cuando sus frenos fallaron. El convoy, con una docena de vagones, se internó sin control en el túnel y colisionó con una máquina de maniobras que no tuvo tiempo de retirarse. La tragedia se agravó minutos después cuando un tren carbonero, con cerca de 30 vagones y unas 750 toneladas de carga, impactó contra los restos del siniestro. El fuego, la oscuridad y el humo convirtieron el interior del túnel en una trampa mortal.

Los testimonios posteriores hablaron de escenas extremas, con viajeros —entre ellos militares de la Armada y la Infantería— optando por quitarse la vida antes que morir calcinados. En el exterior, Torre del Bierzo quedó sumida durante días bajo una nube negra que impedía ver el sol, en una imagen que muchos vecinos interpretaron como un luto literal sobre la comarca.

Cifras ocultas y censura férrea

La versión oficial redujo el balance a menos de un centenar de fallecidos. Sin embargo, desde el primer momento circularon estimaciones muy superiores. Durante una semana, según relataron décadas después los pocos testigos vivos, no cesó el traslado de cadáveres por el municipio. Era un secreto a voces que del túnel habían salido muchos más cuerpos de los reconocidos oficialmente.

La censura actuó con rapidez. Se vetó la presencia de periodistas en la zona y los diarios apenas publicaron breves el día siguiente, mencionando la extracción de 26 cadáveres y 61 heridos, sin seguimiento posterior. Las portadas prefirieron centrarse en los avances de la Segunda Guerra Mundial o en la inminente llegada de los Reyes Magos. El régimen evitaba así mostrar debilidad tanto ante la población como ante el exterior.

Las autoridades militares, judiciales y de RENFE —recién creada por entonces— asumieron la investigación bajo una estricta disciplina militar. Los escasos comunicados oficiales aludieron a la fatalidad y, de forma velada, al mal estado de las infraestructuras y del material móvil, seriamente deteriorados tras la contienda civil.

Las cifras reales siguen siendo motivo de debate más de ocho décadas después. El historiador Vicente Fernández, en su obra La verdad sobre el accidente ferroviario de Torre del Bierzo, documentó al menos 100 fallecidos y 111 heridos, aunque advirtió de la desaparición del informe oficial de RENFE del Archivo de Palencia. Otras fuentes internacionales elevaron el número de víctimas mortales a entre 500 y 800, situando el siniestro entre los más graves del mundo. Estudios más recientes apuntan a unos 250 fallecidos, una horquilla que refleja la magnitud del vacío documental dejado por la censura.

Memoria y reconocimiento tardío
Durante décadas, el accidente permaneció relegado al olvido institucional. Solo el paso del tiempo y el trabajo de investigadores y creadores culturales han permitido rescatar su memoria. En 2002, el cortometraje documental Túnel número 20, dirigido por Ramón de Fontecha, obtuvo el Premio Goya, contribuyendo a que la tragedia volviera al debate público.

Hoy, Torre del Bierzo impulsa la creación de un Museo Ferroviario que preserve la memoria de aquel 3 de enero de 1944. Un intento de cerrar, al menos simbólicamente, una herida que el franquismo trató de ocultar bajo el silencio, pero que sigue pesando en la historia ferroviaria y social de España.

Súmate a El Plural

Apoya nuestro trabajo. Navega sin publicidad. Entra a todos los contenidos.

hazte socio