"Siempre había muchos niños y todo era asombroso". "Nosotros teníamos a nuestros padres, pero él era una parte de la familia". "Para un niño era idílico. Vivíamos en medio de un valle muy verde, rodeados de árboles, con animales". 

Sara y Gabriel López nacieron en una masía apartada, ubicada en la carretera a Vistabella del Maestrat (Castellón), a la que se llamaría La Chaparra. Este mismo nombre fue el que recibió la comunidad pseudorreligiosa fundada por Antonio Garrigós Lucas, un supuesto líder espiritual bautizado por todos como el 'Tío Toni'. Su poder de convicción y el supuesto objetivo de poner en marcha un albergue para ayudar a niños "de familias desestructuradas" necesitados de protección, hicieron que la abuela de Sara y Gabriel, Eli, le siguiera hasta aquel lugar acompañada de su hijo Carlos, un adolescente de 15 años que terminaría casándose con una mujer que conoció entre aquellas cuatro paredes, la madre de los dos jóvenes. Tres generaciones atravesadas por una misma historia, marcada por profundos traumas y transformaciones emocionales, que ahora relatan en la serie documental La Chaparra de Movistar Plus+.

Los habitantes de La Chaparra concebían al 'Tío Toni' como una persona "extremadamente mágica" que había venido al mundo para "salvarlo". Los más pequeños, los que nacieron allí, nunca conocieron otra realidad más que esa, lo que les convirtió aún más vulnerables a sus tentáculos. Eso y que Garrigós mostraba una absoluta dedicación por los niños, a los que llamaba los "Guerreros de la luz". De hecho, Sara recuerda que "jamás respondimos que a los papás" cuando él les preguntaba si querían más al 'Tío Toni' o a sus padres.

"Él se encargaba de que supieses que todo lo que hacía era por y para nosotros", recuerdan los hermanos, que cuentan que "cuando una persona es tan importante para ti, porque se vuelca contigo, te hace regalos, tiene un trato súper personalizado y está pendiente de los detalles, no quieres defraudarlo". Sin embargo, pese a presentarse como un ser de luz, Garrigós tejió toda una red de abusos de todo tipo sobre su comunidad, especialmente sobre los más jóvenes. 

Sin embargo, su estrategia era sibilina y "sútil", perfecta para actuar poco a poco frente a la ausencia de capacidad crítica que había logrado entre los habitantes de La Chaparra: "Todo el mundo le seguíamos y estábamos dispuestos a dar nuestras piernas, nuestro pulmón, cualquier cosa. Teníamos ese sentimiento de deuda y de agradecimiento completo".

Tras la infancia, una nueva cara del 'Tío Toni'

Cuando Gabriel y Sara dejaron atrás la infancia, esa edad en la que el "Tío Toni" concedía todos sus 'caprichos', debían acudir a las llamadas "escuelas", donde el supuesto líder espiritual quería enseñarles "su forma de vida, aprender a perdonar y a no tener odios". De nuevo, bajo la aparente inocencia de la enseñanza, Garrigós continuaba perpetrando su "adoctrinamiento": "Estas charlas las daba en momentos de máximo cansancio, como son después de comer o después de cenar", recuerda Sara. 

"Cuando ya eras más mayor, Antonio te contaba que ya no había que jugar tanto, que tenías que prestar atención a lo que él hablaba, que eso era súper importante para desarrollarte porque eras un niño muy especial, que eras un hijo espiritual de Antonio, porque Antonio nos decía que éramos hijos suyos del mundo de donde él venía", añade Gabriel, que recuerda como, paralelamente, el capataz de La Chaparra comenzaba a adentrarse en el terreno sexual.

El joven explica que, "cerca de los 12 o 13 años", Antonio empezaba a preguntarles si se masturbaban. Gabriel sentía "bastante vergüenza", pero se vio "obligado" a contar cosas "íntimas", incluso "incómodas", ante la insistencia del líder: "Llegaba un momento en el que no paraba de presionarte, te decía que eras un mentiroso y te sentías mal". 

El abuso era sistemático en la masía: emocional, laboral y, por supuesto, sexual. Gabriel sufrió abusos sexuales por parte de la "mano derecha" de Antonio, que no vivía en la masía. Mientras, a Sara acababa de bajarle la regla cuando comenzaron las agresiones sexuales de Garrigós, que durarían hasta los 17. De hecho, la niña llegó a hablar con su madre, que en un principio entró en colera y le pidió que hiciera las maletas, pero, finalmente, tras hablar con el líder terminó reculando: "Sara, todo solucionado. He hablado con Toni y me ha dicho que tenías que haberle advertido de que no querías y ya está". 

Sin embargo, con respecto a este asunto, reinaba el silencio en la masía. Toni se encargaba de sembrar la desconfianza entre sus habitantes para que "nadie tuviera confianza con nadie" y pudiera empezar a circular entre aquellas paredes lo que estaba ocurriendo. "Yo tenía dudas. Creía, por los gestos que veía y las cosas que veía, que a otras niñas le pasaba, pero jamás lo hablamos. Él se encargaba de ello, era mucho más sutil".

Toni ya no era el hombre angelical que cuidaba de los niños, sino un tipo que no dudaba en alzar la voz, recurriendo al chantaje o la humillación: "La temperatura va aumentando, la presión va aumentando. Pasas de solo escuchar a comentar, a ser partícipe y, luego, a ser muchas veces el punto de atención de Antonio", afirma Gabriel, que recuerda que si Toni te decía que tenías que hablar sobre un tema que él quisiera y "no sabías por dónde cogerlo", "llegaban las humillaciones y gritos", haciéndote sentir "la peor persona". 

El fin de La Chaparra

Lo cierto es que tanto Gabriel como Sara aseguran haber sentido ciertas dudas hacia la figura de Garrigós cuando fueron más mayores, pero la contradicción, sumada a la pleitesía absoluta que se le rendía en la masía, les impidió hacerles frentes: "Por un lado crees que no tienes que defraudar, que es tu familia, que lo hacen todo por ti, que es bonito, y por el otro tienes una duda que no dejas ir mucho más allá. Tienes sentimientos que no sabes cuadrar", explica la joven. 

Carlos, el padre de los hermanos, terminó abandonando La Chaparra en 2015 por problemas con su mujer, y madre de Gabriel y Sara. Tras una visita a los niños, quienes le muestran su rechazo, el progenitor se ve extrañado por aquel comportamiento y comienza a pensar que les están "lavando el cerebro" para que lo repudien. Es entonces cuando se pone en contacto con el psicólogo Miguel Perlado, experto en sectas

Carlos comenzó a darse cuenta de lo que había estado viviendo desde sus 15 años y, al hablar con Sara, la joven siguió sus pasos y abandonó la masía. Gabriel terminaría haciéndolo, pero no voluntariamente. El 15 de marzo de 2022, la Policía organizó una redada. Él se encontraba en su cama cuando los agentes irrumpieron en mitad de la noche. 

Nueve personas fueron detenidas, de las cuales tres ingresaron en prisión preventiva. Garrigós, el 'Tío Toni', que tenía 64 años, falleció dos meses después en el Centro Penitenciario Castellón I de la capital de La Plana, años antes de que se celebrara el juicio.

Reconstruirse pese a las cicatrices

Ni Sara ni Gabriel pretenden disfrazar las secuelas emocionales que ha dejado esta "amarga historia" que ha atravesado a tres generaciones de su familia. "A día de hoy no me siento reconstruida ni muchísimo menos, siento que estoy muy atrás de todos, de mi alrededor, de mis amigos, de la gente de mi edad. Siento que voy tarde ya a muchas cosas", se sincera Sara, que explica que sientes que vas "en contra de lo que te han impuesto para poder, entre comillas, sentirte libre".

Por su parte, Gabriel se muestra seguro de que "nunca se va a quitar la cicatriz, aunque el dolor vaya pasando", porque "te han quemado a hierro fundido": "Darte cuenta de que no era un hogar seguro y de que esa gente no te quería realmente, es muy demoledor", cuenta.

Ambos tienen claro que este documental, a título personal, es una forma de "recordar de dónde vengo para no volver a ir a un lugar así", pero, sobre todo, una forma de hacer activismo con la que quieren ayudar a todos los que, como ellos, han formado o forman parte de una secta. Y dentro de este último punto insisten en la necesidad de acabar con los estereotipos para empezar a concienciar sobre lo fácil que es acabar en un lugar como La Chaparra: "La gente se echa las manos a la cabeza pensando que esto es una locura, porque lo es, pero realmente conforme te van captando todo es maravilloso y bonito. Por eso queremos alertar y alentar a que la gente se cuestione mucho las cosas, que sea curiosa, que dude, porque realmente no te das cuenta que entras en una secta. Realmente no entras, te meten".

En este sentido, Gabriel demanda que haya más "ayuda social": "Ya es bastante complicado que un país no nos reconozca a nivel jurídico. Ya es bastante complicado el cliché social de decir que estas personas han estado aquí porque no sabían dónde estaban o porque no son suficientemente inteligentes. Solo falta que un sistema jurídico no nos proteja y además nos haga sentir culpables de lo que hemos vivido. Como si fuéramos responsable de que alguien nos hubiera maltratado".

Sobre el trato de la Justicia que reciben las víctimas de las sectas, los López denuncian que "el sistema público judicial español, y en concreto la Fiscalía, no están hechos para entender lo que es una secta": "Debería haber más especialización en este tipo de casos porque hay muchísimo auge. No te sientes lo protegido que deberías sentirte cuando emprendes un proceso de denuncia".

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