Esta fue la primera pregunta que me hice cuando el 14 de abril de 2025 mi maleta desapareció en un trayecto en bus desde Méndez Álvaro hasta Arenas de San Pedro: quién comete un delito aparentemente tan arriesgado, pues desconoce qué contienen las maletas y se arriesga a que el dueño te descubra.

En la Estación Sur de Méndez Álvaro, el corazón del transporte interurbano madrileño, los titulares más habituales hablan de detenciones por tráfico de drogas, tenencia de armas o peleas entre viajeros. Sin embargo, hay un tipo de delito mucho más silencioso que apenas deja rastro en los medios: el robo de equipajes.

Así, mi propia experiencia convirtió una sospecha en una investigación. Al subir a un autobús con destino a la sierra abulense, dejé mi maleta en el maletero del vehículo, como cualquier otro pasajero. Horas después, al llegar a mi destino, mi equipaje había desaparecido del compartimento sin dejar rastro. Nadie vio nada extraño, y yo me quedé con mil incógnitas al respecto entremezcladas con la impotencia que me produjo trasladar los detalles del incidente a las autoridades responsables: la Guardia Civil archivó la denuncia meses después al no encontrar ningún culpable y la compañía, Grupo Samar, tras haberme prometido una indemnización, se desentendió de la causa.

A partir de ese momento, comenzó otro viaje: el de intentar entender cómo, en una de las principales estaciones de transporte de Madrid, puede desaparecer una maleta sin que existan responsables que respondan. ¿Quién protege realmente a los viajeros?

Méndez Álvaro, una infraestructura crítica

Decidí recorrer la Estación atenta a los transeúntes y a las cámaras de seguridad ubicadas por toda la instalación. Me fueron llamativas las cámaras situadas en las dársenas: dos cámaras para cada dos dársenas, cada una apuntando desde un extremo, sin posibilidad de que nada ni nadie se escape de su alcance.

Contacté con Iván González, el jefe de Seguridad de la Estación, con quien di un distendido paseo por las instalaciones de Méndez Álvaro.

“Se nos proporcionó la distinción de Infraestructura Crítica en 2018 junto con otras estaciones españolas, como Atocha”, me indicó, junto con distintas cifras sobre el número de ciudadanos que emplean las instalaciones de la Estación al año: “Unos 20 millones entre viajeros y usuarios de las distintas oficinas que aquí se albergan, mitad y mitad”.

En cuanto a las medidas de seguridad de la Estación, me especificó que cuentan con más de 200 cámaras de seguridad, así como un gran despliegue de capital humano, entre la seguridad privada propia de la Estación y los múltiples agentes de la Brigada Móvil de la Policía Nacional visibles por todo el recinto, así como otras medidas de las que no me podía dar información. “La Estación es mucho más segura de lo que la gente piensa debido a su mala fama”, me comentó, refiriéndose a los distintos casos de criminalidad y prácticas ilegales detectadas en los últimos años en la infraestructura. También, me comentó que entendía esta mala reputación por los casos de mendicidad visibles en los alrededores.

Entre toda esta literatura le pregunté por una de mis mayores inquietudes al respecto: ¿por qué no se cierra la Estación para que solo puedan acceder a ella los viajeros con sus billetes? Cuando sufrí el robo, fue lo primero que pensé: en lo protegida que me sentía en otras las estaciones sabiendo que todos los usuarios que tenía a mi alrededor eran viajeros, en contraposición con la desprotección que siempre había sentido en las descuidadas dársenas al aire libre de Méndez Álvaro. 

Así, me comentó que se trataba de un proyecto que se había planteado hacía unos años, pero que, debido a la morfología del lugar, con escaleras mecánicas para acceder a las dársenas y su conexión con Metro y Cercanías, supondría grandes aglomeraciones y un efecto de “cuello de botella” que no beneficiaría a los usuarios en absoluto.

Hablamos también de “los descuideros”, el “principal problema” con las pertenencias en Méndez Álvaro: individuos que aprovechan para llevarse las pertenencias olvidadas de los usuarios. Esto era muy común en los recién retirados puntos de carga móviles situados por las instalaciones ya que “eran puntos claros de robo”: los pasajeros ponían allí a cargar sus teléfonos y se descuidaban, y los ladrones lo sabían.

Le pregunté directamente por la existencia de bandas organizadas dedicadas al robo de maletas en los aledaños, por la “mafia de las maletas”, y me lo negó rotundamente. Me proporcionó los datos de hurtos que manejan, siendo unos 5 o 6 al día antes de la pandemia, y unos 5 al mes en la actualidad.

La burocracia: el primer obstáculo

Para esclarecer los asuntos legales de mi investigación contacté con el profesional de la Guardia Civil que tramitó la denuncia por el robo de mi propia maleta. Lo que me contó es, sin duda, mi particular quimera en estos últimos meses: el corto viaje legal que tienen las denuncias por robos de equipaje.

“Una vez que se recoge la denuncia se comienzan las gestiones de investigación, en este caso solicitar a las líneas de autobuses la existencia de cámaras de vigilancia, tanto dentro de los autobuses, como en las estaciones”, comenzó a relatarme el Guardia. “Todo esto hay que realizarlo mediante oficio y referencia a la Ley Orgánica 7/2021, por el que deben colaborar con las autoridades”.

“La Ley de Enjuiciamiento Criminal nos autoriza a que, si en el plazo de 72 horas no se conoce al autor, se archive la denuncia”, me indicó. Así pues, solo se puede acceder a las cámaras de seguridad mediante la orden de un juez, debido a la Ley de Protección de Datos, pero la denuncia solo llega al juzgado si hay una imputación de por medio. ¿Cómo va a haber una imputación sin revisar las cámaras de seguridad? Revisar las cámaras es el único camino por el que podemos llegar al autor del delito en este caso.

Así pues, le indiqué mi parecer sobre la Ley de Protección de Datos en estos casos, a ver si él, al igual que yo, consideraba que, si bien protege a la perfección la intimidad de todos los transeúntes de la Estación, deja completamente vulnerables a las víctimas de robos: ¿esta ley protege a los delincuentes? “La protección de datos es, por norma general, beneficiosa, pues favorece a millones de personas”, insistió.

Y ahí estaba de nuevo. El “por norma general” me remitió a las palabras iniciales de Iván, a “la mala suerte”, a “los casos excepcionales”. ¿Acaso merecen menos atención estos, supuestos, casos anómalos de robo que cualquier otro delito? Sin duda, y desde mi desconocimiento legal, considero que se trata de una arbitrariedad absoluta: es un claro ejemplo de una Ley que contradice a la naturaleza humana, que imposibilita el suceso lógico de acontecimientos: identificar al ladrón a través de las grabaciones de las cámaras. ¿Cree la Ley que los transeúntes de la Estación se sentirían protegidos si supieran que se codean por las dársenas con delincuentes?

Las compañías bajo lupa 

Elena Álvarez, directora de Transporte Zonal de la compañía me indicó que, de los 669,3 millones de viajeros al año de ALSA, un 0,003% les reportan objetos perdidos, “esto incluye olvidos e intercambios de equipajes”, es decir, un número mínimo. “Así, los robos de equipaje en Alsa son prácticamente inexistentes, un 0,0001%, y lejos de aumentar en los últimos 4 años han descendido”.

En cuanto a los protocolos con los que cuenta la compañía para la protección de los equipajes, me indicó que “los conductores controlan la apertura y cierre de los maleteros para evitar que estén abiertos sin supervisión, ya que en su formación inicial hay una instrucción técnica sobre el procedimiento de carga y descarga de equipaje”.

Elena me comentó también que opina que se debería restringir en las Estaciones el acceso a las áreas de embarque sólo para viajeros acreditados, opinión que compartimos, como ya vimos antes. “Próximamente se va a emitir en los monitores de la Estación Sur y otras localizaciones pautas de comportamiento en materia de seguridad que deben seguir los viajeros que transitan por la estación. Es un plan de la Policía Nacional llamado Plan Turismo Seguro”, me indicó. “Nosotros desde Alsa colaboraremos con la Policía en la elaboración de esos vídeos de concienciación que se grabarán en la Estación Sur”.

Los conductores, víctimas invisibles

Una vez recopilada esta información decidí alejarme del hermetismo burocrático de las empresas y los funcionarios para centrarme en lo que más me interesa en mi investigación: las personas. En concreto, los conductores, víctimas olvidadas de la desprotección de las estaciones y sobre quienes recae la gran responsabilidad de los equipajes.

En un primer momento no encontré el medio adecuado para obtener sus testimonios: traté de acercarme a distintos conductores por las estaciones que, malamente, me atendían en sus descansos entre viaje y viaje, fumándose un cigarro o comiéndose un bocadillo. No era lo que yo buscaba: necesitaba encontrar a conductores experimentados que tuvieran ganas de contarme sus experiencias de primera mano. Finalmente, di con el nicho que buscaba en un entorno insospechado: los grupos de Facebook de conductores de autobuses.

Comencé a unirme a los más concurridos hasta que di con el grupo: “Conductores autobuses España y Europa”, de más de 46.700 miembros. Fue publicar mi mensaje allí y recibir una oleada, incluso abrumadora, de testimonios: desde comentarios en el propio “post” hasta mensajes por chat privado. Unos 15 autobuseros se pusieron en contacto conmigo a través de este grupo, más otra decena que interactúo con la publicación de forma positiva difundiendo mi mensaje en sus perfiles.

La mayoría de estos testimonios los obtuve pasadas las 9 de la noche, incluso de madrugada. Sin duda, en este caso, y como afirmaba Gabo, “la noche suelta la palabra”: me vi intercambiando audios con conductores bien entrada la noche, hasta que me despedían porque se levantaban al día siguiente al amanecer para llevar a cabo su ruta.

De estas conversaciones nocturnas surgieron tres entrevistas más profundas. Tres voces que conocen de primera mano un problema tan común como silenciado: los robos de equipaje en los autobuses.

“Los robos están perfectamente organizados”

Javier ha pasado años al volante en líneas regulares. Me cuenta una escena vivida en un hotel cercano a Méndez Álvaro: “Llevaba un bus con maleteros manuales. Abrí para descargar y, nada más levantar la tapa, empezó a salir gente de todas partes llevándose maletas. Increíble. Visto y no visto”.

Para él, el patrón está claro: “Los robos están perfectamente organizados. Saben qué autobuses atacar. Lo hacen sobre todo los lunes y los viernes, cuando los estudiantes viajan con ordenadores y objetos de valor. En las estaciones es más difícil por las cámaras, pero en las paradas intermedias… ahí aprovechan”.

Edu: “Mitad mafia, mitad individuos aislados”

Edu nos introduce un factor que no habíamos tenido en cuenta: el aeropuerto. “La mayoría de buses que llegan a estas estaciones vienen del aeropuerto. Es allí donde se producen muchos robos. Robar en el destino final es muy arriesgado porque te puede ver el dueño”.

Recuerda un episodio tenso con cinco jóvenes: “Metieron maletas dispersas por todo el bus. En el aeropuerto querían que abriera el maletero de otra parada. Les dije que si querían su maleta, tendrían que ir hasta esa parada, Avenida de América”.

Para Edu, el problema es híbrido: “Mitad mafia, mitad individuos sueltos que aprovechan el caos”. A las empresas, añade, no les interesa que estos casos salgan a la luz: “Es mala publicidad”.

Luis Miguel, conductor veterano: “Es esencial viajar con dos conductores”

Luis Miguel ha sido conductor internacional durante más de tres décadas. Aunque ahora mismo se encuentre de baja por una reciente caída que le provocó la fractura de tres vértebras, ha recorrido Europa y repite como mantra “La vida es un viaje. Viajar es vivir”. Pero cuando habla de seguridad, el tono cambia. Lo primero que señala es el acceso indiscriminado a las dársenas: “En Méndez Álvaro entra cualquiera. En Avenida de América no: solo pasa quien pica el billete en la puerta con el conductor”.

Por eso es vital viajar dos conductores, indica, uno que controle billetes y el otro que vigile el equipaje. “Hacemos el embarque por atrás. Solo esa puerta abierta. La delantera, no: es más seguro”.

Como veis, lo que empezó como un mensaje perdido en grupos de Facebook terminó revelando un sistema frágil, fácil de manipular y del que casi nadie habla públicamente. Tal vez porque, como me descubrieron estos charlatanes conductores noctámbulos, hay verdades que solo se cuentan cuando cae la noche.

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