Corría el año 1979 cuando la Volksbund Deutschen Kiegsgräberfürrosge (VDK) encomendó a la joven Gabriele Marianne Poppelreuter buscar y reunificar en un único lugar a los soldados alemanes enterrados a lo largo y ancho de la geografía española. Esta asociación custodia y mantiene en perfecto estado de revista 827 cementerios en 45 países diferentes.

España tiene el honor de contar con uno de estos camposantos y reside a escasos metros del lugar donde, el 21 de septiembre de 1558, pereció Carlos I de España y V de Alemania. Se trata del pequeño municipio cacereño Cuacos de Yuste, que en la actualidad apenas cuenta con 1000 habitantes, pero un día fue el retiro del monarca conocido como El César.

En este pequeño pueblo reside un cementerio que recuerda al emblemático Arlington (Virgina), el cual se erigió en memoria de los caídos estadounidenses en la II Guerra Mundial. Este emplazamiento fue el elegido por Poppelreuter para que los teutones caídos en combate pudieran descansar para siempre.

Placa del Cementerio militar alemán de Cuacos de Yuste

Un año después de que la VDK encargarse tan ardua tarea a la joven, comenzaron las obras del proyecto alemán en un enclave recóndito en el que se respira historia en todos sus rincones. Mientras los trabajos avanzaban, Gabriele Marianne Poppelreuter continuaba con su labor, la cual se extendió durante tres años.

Después de más de un millar de días y con 15.000 kilómetros a sus espaldas, la joven concluyó su trabajo y se procedería a la inhumación de los restos de soldados que halló durante su incesante búsqueda.

Cementerio militar alemán de Cuacos de Yuste (Extremadura). Wikipedia

Los restos fueron introducidos, en primer lugar, en urnas precintadas y rotuladas con los nombres de los que fueron identificados en una sala del Monasterio de Yuste mientras concluían las obras del camposanto donde, por fin, reposarían en paz y en hermandad los militares teutones.

Finalmente, el cementerio se inauguró el 1 de junio de 1983 mediante una misa oficiada por un sacerdote protestante y, a su vez, por el abad del Monasterio de Yuste.

Sin vestigios de la Legión Cóndor

En ocasiones se comete el error de pensar que aquí también yacen soldados de la Legión Cóndor que combatió en la Guerra Civil del lado nacional. Sin embargo, los caídos en el conflicto español no tienen cabida en este camposanto, pues el Volksbund Deutschen Kiegsgräberfürrosge no contempla a estos milicianos como miembros de la armada germana, sino como voluntarios que sumaron al campo de pruebas que Hitler desplegó en España envuelta en un halo de apoyo al Francisco Franco.

A las puertas de este paraje reposa una placa explicativa sobre su origen. “Los soldados pertenecieron a tripulaciones de aviones, submarinos y otros navíos de la Armada hundidos. Algunos de estos murieron en hospitales. Sus tumbas estaban repartidas por toda España, allí donde el mar los arrojó a tierra, donde cayeron sus aviones o donde murieron”, reza la señal.

Placa explicativa del cementerio militar alemán de Cuacos de Yuste. Wikipedia

En el interior del silencioso y solemne recinto, una vasta hilera negra de cruces de granito compone una histórica estampa que paraliza el cuerpo del visitante. Bajo cada una de las tumbas descansan 26 soldados de la I Guerra Mundial y 129 de la Segunda, de los cuales la gran mayoría engrosaron las filas de la archiconocida Luftwaffe. Pero también se guarda memoria para un gran número de miembros de la Kriegsmarine. A ellos se les suman 25 In Memoriam y ocho de los monumentos pertenecen a soldados de identidad desconocida.

Bajo el amparo de Carlos V

El terreno que adquirió la asociación en 1975 ya hablaba alemán antes de la construcción del camposanto, pues fue en esos lares donde Carlos I de España y V de Alemania exhaló sus últimas bocanadas de ahí. Cuacos de Yuste formó parte de la historia de la Casa de Austria, al menos durante unos meses.

En el año 1556, el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico y Rey de Castilla decidió que su tiempo en la cúspide había llegado a su ocaso y abdicó en favor de su hermano Fernando y de su hijo, que se coronaría como Felipe II. El César quería disfrutar de los últimos años que le quedaban de vida y hallar una leve mejoría ante una gota que no amainaba.

Retrato de Carlos I de España de Tiziano

Pero antes de retirarse, Carlos I ordenó la construcción de una casa-palacio junto al monasterio de Yuste. Esta fue su morada hasta que la muerte lo reclamó para reunirse en su seno. Que el monarca falleciera en este enclave es la explicación de que se escogiese Cuacos de Yuste como ubicación del camposanto.

El 21 de septiembre de 1558, Carlos I falleció en Cuacos de Yuste, pero no permaneció en su deseado enclave, como el solicitó. Felipe II, en 1573, trasladó los restos de su padre al Cripta Real del Monasterio de El Escorial, lugar en el que descansan todos los monarcas españoles. Carlos no podría imaginar que, a escasos metros del monasterio donde murió, un más de un centenar de soldados germanos también reposarían allí para siempre.