Desde que se produjo la violación de un grupo de cinco jóvenes, conocidos como La Manada, a una joven de 18 años en los Sanfermines de 2016, se han denunciado otros casos similares que han levantado una cierta alarma entre la sociedad.

El caso de la Arandina donde tres jugadores habrían abusado a una menor de 15 años, la supuesta violación en grupo a una militar en el cuartel aéreo de Antequera (Málaga) o la denuncia de una joven en Asturias en una zona de botellón se han convertido en sucesos mediáticos. Pero son mucho más, son una de las máximas expresiones de la violencia contra la mujer, del desprecio y de la desigualdad fundamentada en el machismo.

Por ello, son muchas las voces que han llegado a hablar de un incremento de la violencia contra la mujer basada y legitimada en la visión de que la mujer, la víctima, es en cierta forma culpable de lo ocurrido.

El intento de culpabilizar a la víctima

Durante las doce jornadas que duró el juicio contra La Manada, escuchamos casi cualquier tipo de argumento por parte de la defensa de los cinco jóvenes para intentar demostrar la inocencia de los hombres y, casi, la culpabilidad de la víctima.

Se definió a la chica como una persona que magnifica las cosas y su depresión, como la líder del pelotón”, como una mujer no traumada porque no mostró en los vídeos cara de agobio o rechazo haciendo una especia de película porno” en la que las relaciones fueron “placenteras” y “consentidas”. Todo esto, se ha escuchado en voz de la defensa hasta tal punto que asociaciones de mujeres denunciaron que se estaba normalizando el hecho de una violación y que eso podría llegar a convertirse en una especie de efecto llamada.

Para saber si esto ha ocurrido o puede llegar a ocurrir, en elplural.com hemos hablado con la máxima responsable de los equipos EMUME, los grupos de la Guardia Civil especializados en mujer y menores. Ella es Alicia Vicente, jefa del Grupo de Análisis Criminal de Delitos contra las Personas del que depende EMUME y una de las primeras oficiales dentro del cuerpo.

¿Qué es el equipo EMUME y por qué surge?

EMUME son las siglas del Equipo Mujer Menor. Estos equipos se crearon en la Guardia Civil en el año 1994 y surgen como consecuencia de una necesidad: la de atender de forma muy específica a este colectivo de víctimas. Aunque hablemos de mujer de forma genérica, en estos equipos se trata solamente los casos de violencia de género. Aunque también delitos que afecten a menores tanto como víctimas como autores.

Son años en los que, además, a partir de los 90, empezamos a tomar conciencia de la víctima, esa parte que habíamos tenido aislada. Hasta ese momento, los cuerpos policiales nos habíamos preocupado en buscar a los autores de los delitos pero no nos habíamos preocupado de las víctimas.

Hay cierta tendencia a un aumento de la agresividad en los delitos sexuales. Casos en los que hay más de un violador, en los que las agresiones son especialmente violentas

Ya no sólo de la protección de estas víctimas, que también. Si no que, cuando una víctima es tratada específicamente y teniendo en cuenta el tipo de delito y trauma, todo va mejor. El caso se investiga mejor, la víctima se recupera antes, es más fácil que la persona coja confianza con el investigador al ser tratada por expertos en el tema porque entiende y siente empatía con ella.

Partiendo de esta preocupación por la víctima, nacieron estos equipos para mujer y menores en la Guardia Civil.

Ahora, ya no sólo nos ocupamos de menores y mujeres, sino de todos los colectivos más vulnerables como son los mayores, las personas que sufren delitos de odio por cuestión de raza, sexo u orientación sexual...

¿Por qué es necesario que exista un equipo de atención e investigación concreto para los delitos contra las mujeres y menores?

Es muy importante la especialización por tipo de víctima. Es muy importante que sea una persona formada, que sea un agente especializado el que trate directamente con una mujer que ha sufrido violencia de género o con un menor.

Por el delito que han sufrido necesitan un tratamiento especial. Cada víctima necesita ser tratada de una manera y recibir un apoyo posterior.

¿Asociaciones de mujeres y de colectivos LGTBI han denunciado en diversas ocasiones la falta de formación de los agentes a la hora de poner una denuncia?

Por eso es tan importante la existencia de estos grupos.

Desde que se conoció la denuncia de la violación en grupo de 'La Manada', han transcendido más casos similares. Hay voces que apuntan a un repunte de este tipo de delitos. ¿Creéis que realmente hay más casos o sólo más denuncias?

No hemos acusado un aumento de casos de violación. Aun así, hablar de números es difícil porque todo hay que contextualizarlo, compararlo con años anteriores y ver como evolucionan los números en el tiempo. Pero aún así, no hay un aumento significativo en el número de casos.

Lo que sí hemos notado, es un aumento en la agresividad, en cómo se producen estos casos.

¿A qué te refieres?

Hemos pasado de violaciones de una persona contra otra, normalmente de un hombre a una mujer o de un adulto a un menor aprovechando su posición de superioridad... a delitos más graves y violentos.

Estamos viendo ahora que hay una cierta tendencia que nos desvela un aumento de la agresividad en los delitos sexuales. Casos en los que hay más de un violador, en los que las agresiones son especialmente violentas, que dejan a la víctima en muy malas condiciones hasta el punto que no se la puede ni tomar declaración sin pasar antes por el hospital...

¿Pero se podría hablar de una nueva tendencia en este tipo de delitos? ¿Casi de una norma a seguir tras el caso de 'La Manada'?

Es sólo una apreciación. Habría que contextualizarlo y estudiarlo. No se puede afirmar al cien por cien sin hacer un estudio en profundidad.

No podemos hablar de tendencia, porque para que haya una tendencia tienen que repetirse a lo largo del tiempo y que en todos los casos sigan los mismos modus operandi.

Hemos notado que hay cierta falta de empatía, cierta frialdad. Quizás nos hemos vuelto demasiado maquinas

Ahora mismo hay tres casos, dos de ellos en investigación. El único que se está judicializando es el caso de La Manada. Pero en general, si que se está notando un incremento en la agresividad.

También hay que tener en cuenta que, quizás, estas chicas que han sido agredidas, las víctimas, se sienten con más apoyo y visibilidad y se estén atreviendo a denunciar.

Que las propias víctimas estén reaccionando ante estos delitos que nos horrorizan y no se queden calladas como ha ocurrido en muchos casos. El número de casos no ha aumentado, pero sí las denuncias.

Este aumento de la violencia, de la crudeza de los delitos, ¿se está viviendo sólo en los casos de violencia sexual contra las mujeres?

No, también lo hemos apreciado en delitos cometidos por menores. Han habido casos en los últimos tiempos muy duros, como el de un menor de 14 años que ha matado a dos ancianos.

¿Cuál podría ser la causa?

Una de las cosas que más me llama la atención es la falta de empatía que llegan a adquirir las personas más jóvenes, las que ya se han criado y han crecido en la era digital con las nuevas tecnologías.

Por ejemplo, en los tres casos de violación en grupo que se han denunciado en los últimos tiempos, los acusados son hombres jóvenes. Gente a los que podemos denominar nativos digitales.

Hemos notado que hay cierta falta de empatía, cierta frialdad. Quizás nos hemos vuelto demasiado maquinas. Si tú asimilas cosas que ves en Internet, puedes querer llevarlas al mundo real.

Y es que el perfil de los violadores puede que esté cambiando. Ahora es gente mucho más joven.

Tras la huelga del 8M, hay muchas esperanzas en que la conciencia social cambie. ¿Cuáles serían los pilares para conseguir una solución real que acabe con las lacras de la desigualdad?

La educación. Es importantísimo cambiar la cultura y eso nos va a costar muchísimo tiempo, pero por eso es básica la educación.

Yo soy madre. Tengo dos hijos varones y les he educado desde la igualdad y ahora, ellos mismos con 8 y 9 años, me vienen cada día con cosas que no entienden. Creo que es muy importante que la sociedad se conciencie que la igualdad empieza en casa, en el colegio, en los centros asistenciales, en la televisión y desde pequeños.

Mis hijos, cuando sean adultos. Transmitirán esta enseñanza de igualdad a sus hijos y ellos a los suyos. Con el tiempo, llegará un momento en el que se trate por igual a las mujeres y los hombres porque ya no habrá lacras. Habrá igualdad adquirida en la cultura y la educación.