Los resultados del último informe PISA han resultado especialmente negativos para España, dejando un marco especialmente preocupante y que lleva a cuestionar qué está fallando en un sistema en el que, tras haberse sometido un total de 30.000 alumnos a los ejercicios planteados, parece quedar notablemente por debajo de la media de la OCDE en todas las áreas analizadas. El Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes es un estudio llevado a cabo a nivel mundial, realizándose en un total de 90 países y midiendo el rendimiento académico de los estudiantes en matemáticas, ciencia y lectura.
España no ha salido bien parada en este último informe, ya que se ha detectado que, a pesar de un retroceso conjunto de todos los países, la posición en la que quedan los estudiantes españoles es cuanto menos cuestionable. Prueba de ello es que en ciencias, el área principal de esta edición, España obtiene cinco puntos menos que la media de la OCDE y cuatro menos que la de la Unión Europea; en comprensión lectora pierde hasta 45 puntos mientras que la media retrocede 27; y en matemáticas los alumnos de nuestro país se quedan en 457 puntos, lo cual supone situarse seis por debajo tanto de la media de la OCDE como de la Unión Europea.
Como se mencionaba, España ha registrado un importante caída, pero esta tiene lugar de la mano de la mayoría de los países en los que se impulsa el informe PISA. La OCDE sitúa el inicio del declive internacional alrededor de 2015, coincidiendo con la generalización del uso de los teléfonos móviles. Tue Halgreen, analista senior de la organización y coordinador de PISA, apunta a una relación entre la creciente exposición a las pantallas y las dificultades para procesar textos largos. El organismo también observa peores resultados entre quienes pasan más tiempo utilizando dispositivos durante su tiempo de ocio.
Atendiendo a los datos recabados, surgen distintas incógnitas sobre cómo se ha llegado a esta situación así como se cuestiona qué posibles camino han de estudiarse para tratar de abordar esta situación. Sobre ello, Ghada Aboud, coordinadora de la Titulación del Grado en Maestro/a de Educación Infantil de la Universidad Europea, realiza un análisis tanto enfocado a ahondar en la raíz del problema como buscar alternativas que permitan recuperar una senda de crecimiento.
"No se trata únicamente de una cuestión de rendimiento académico, sino de la capacidad de nuestros jóvenes para comprender información compleja"
Para Ghada Aboud, los resultados de PISA deben interpretarse con preocupación, pero también con cierta cautela. El informe ofrece, a su juicio, una fotografía concreta de determinadas competencias y no puede utilizarse como una radiografía completa de la calidad del sistema educativo español. Sin embargo, cuando el retroceso se mantiene durante años y afecta a capacidades esenciales como la lectura, las matemáticas y las ciencias, considera que existe un problema que no puede ignorarse.
La experta rechaza que el debate se reduzca al uso de las pantallas o se convierta en una disputa ideológica entre diferentes leyes educativas y metodologías. Aunque reconoce el impacto de la pandemia, el incremento del tiempo ante dispositivos, los cambios en los hábitos de lectura, los problemas de salud mental y el efecto de las redes sociales sobre la atención, considera que estos elementos han agravado una dificultad que ya venía de antes.
"Estamos ante un problema fundamentalmente estructural", sostiene Aboud. A su juicio, la inestabilidad legislativa, la escasa evaluación de las políticas educativas, la burocracia que soportan los docentes, las carencias en formación continua, las diferencias territoriales y la pérdida de prestigio social de la profesión han ido acumulando efectos durante décadas. Por ello, considera que "no estamos ante una crisis de dos o tres años", sino ante el resultado de decisiones prolongadas en el tiempo.
La respuesta tampoco pasa, según la especialista, por recuperar una enseñanza exclusivamente memorística ni por convertir las aulas en un entrenamiento para superar PISA. Entre sus prioridades sitúa recuperar la lectura como una "prioridad nacional", avanzar hacia una educación más personalizada, reforzar la formación y el reconocimiento del profesorado, reducir la burocracia y dotar de mayor estabilidad al sistema educativo.
El objetivo, explica, debería ser recuperar un equilibrio entre exigencia académica y bienestar emocional. "Necesitamos una escuela que enseñe a pensar, comprender, crear y convivir", resume Aboud, defendiendo un modelo que no se limite a preparar a los alumnos para aprobar exámenes, sino que les proporcione herramientas para desenvolverse ante una realidad cada vez más compleja.
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