Cada 31 de mayo, el Día Mundial Sin Tabaco vuelve a poner sobre la mesa una realidad incómoda para Europa: el cigarrillo continúa siendo uno de los principales problemas de salud pública del continente. En España, alrededor de uno de cada cinco adultos fuma de manera habitual, mientras que buena parte de los países europeos mantienen tasas superiores al 15%. Pese a décadas de restricciones, campañas de prevención y subidas de impuestos, millones de europeos continúan consumiendo cigarrillos a diario.
Sin embargo, en paralelo, distintos países empiezan a mostrar que el final del cigarro podría dejar de ser una aspiración teórica para convertirse en un objetivo alcanzable. ¿Cómo? Poniendo la mirada en el problema principal, que es la combustión y no la nicotina, una cuestión, avalada por la ciencia y que importantes instituciones, entre ellas la OMS, no quieren ver.
La clave científica: el problema es el humo
Buena parte del debate gira en torno a una idea que cada vez aparece con más frecuencia en investigaciones y organismos sanitarios internacionales: que el principal daño del tabaquismo no reside en la nicotina, sino en la combustión del tabaco. Así lo avalan organismos como la FDA estadounidense, el sistema sanitario británico NHS o el Instituto Federal Alemán de Evaluación de Riesgos (BfR).
Cuando un cigarrillo se enciende, se generan miles de toxinas relacionadas directamente con enfermedades cardiovasculares, respiratorias y distintos tipos de cáncer. La nicotina, aunque es una sustancia adictiva y no está exenta de riesgos, no es considerada la principal causante de esas patologías.
Esta diferencia ha llevado a algunos países y organismos sanitarios a apostar por estrategias de reducción de daño para fumadores adultos que no consiguen abandonar completamente el consumo de nicotina. Dentro de este enfoque se incluyen productos como los vapeadores, el tabaco calentado o las bolsas de nicotina, todos ellos caracterizados por eliminar la combustión y reducir significativamente la exposición a sustancias tóxicas presentes en el humo del cigarrillo.
Distintos organismos sanitarios internacionales sostienen que eliminar la combustión reduce de forma significativa la exposición a sustancias tóxicas presentes en el humo del cigarrillo. Sin embargo, inisten en que las alternativas no están exentas de riesgo y que están destinadas únicamente a fumadores adultos que no consiguen abandonar su adicción.
El modelo sueco: un país al borde de quedarse sin humo
El ejemplo que más atención concentra actualmente es el de Suecia. El país nórdico se ha convertido en el gran referente internacional de las políticas de reducción de daño tras registrar una de las tasas de tabaquismo más bajas del mundo.
Las cifras sitúan el porcentaje de fumadores diarios en torno al 3,7%, muy por debajo de la media europea, que lo convierte en el primer país libre de humo según los criterios de la OMS. Este descenso se ha producido de manera paralela al crecimiento de productos alternativos sin combustión, especialmente el snus y otras formas de consumo oral de nicotina.
Uno de los efectos incontestables de estas políticas es la caída significativa de enfermedades relacionadas con el tabaquismo. Este país nórdico presenta actualmente tasas de cáncer de pulmón y mortalidad asociada al tabaco inferiores a las de buena parte de Europa (40% menos), algo que numerosos expertos relacionan directamente con la sustitución progresiva del cigarrillo tradicional.
El caso sueco ha provocado un intenso debate dentro de la Unión Europea sobre si las políticas antitabaco deberían centrarse exclusivamente en reducir el consumo de nicotina o priorizar específicamente la desaparición del cigarrillo convencional.
Reino Unido y Nueva Zelanda también aceleran el descenso
Suecia no es el único ejemplo. Reino Unido lleva años integrando el vapeo dentro de sus políticas de cesación tabáquica. El NHS británico considera que vapear es menos perjudicial que fumar y permite que los cigarrillos electrónicos formen parte de estrategias dirigidas a fumadores adultos que quieren abandonar el tabaco.
Además, ha reconocido de forma explícita que las bolsas de nicotina presentan un riesgo menor que el consumo de cigarrillos de combustión y que, por tanto, deben considerarse dentro de una categoría regulatoria distinta a la del tabaco tradicional
El resultado ha sido una reducción continuada del tabaquismo en el país, donde la tasa de fumadores ronda actualmente el 10%. El Gobierno británico, sin embargo, mantiene al mismo tiempo una política especialmente dura contra el acceso de menores a estos dispositivos y contra los productos ilegales.
Nueva Zelanda también se ha convertido en uno de los países con menor prevalencia de tabaquismo del mundo occidental (6,8%) tras combinar fuertes restricciones al cigarrillo con una estrategia diferenciada hacia las alternativas sin combustión.
En Japón, por su parte, la irrupción del tabaco calentado ha provocado un desplome histórico de las ventas de cigarrillos convencionales durante la última década (52%). Millones de fumadores adultos japoneses han sustituido parcial o completamente el cigarro tradicional por estos dispositivos, acelerando el descenso del consumo de combustión.
Más recientemente, incluso Francia ha comenzado a introducir matices en su estrategia sanitaria. El Ministerio de Sanidad francés ha empezado a reconocer el vapeo como una posible herramienta dentro de los enfoques de reducción de daño, diferenciándolo progresivamente del cigarrillo convencional.
España, lejos de las alernativas
Mientras varios países avanzan hacia modelos basados en la diferenciación de riesgos, en España, donde la prevalencia del tabaquismo se sitúa entre el 20-22%, el debate no parece estar a favor delas alternativas de menos riesgo. El Ministerio de Sanidad mantiene una línea especialmente restrictiva hacia los nuevos productos con nicotina y estudia nuevas limitaciones regulatorias sobre vapeadores, sabores y bolsas de nicotina.
Una encuesta reciente reflejaba que nueve de cada diez médicos de Atención Primaria consideran insuficientes las herramientas actuales para dejar de fumar, mientras muchos reconocen no disponer de suficiente formación sobre el papel que podrían desempeñar las alternativas sin humo en determinados fumadores adultos.
Recientemente, desde la Asociación Española Contra el Cáncer se advertía de que los vapeadores “afectan a los que están alrededor”. Sin embargo, un estudio de la Universitat de València liderado por el científico Miguel de la Guardia, concluye que el aerosol de los cigarrillos electrónicos genera hasta tres veces menos partículas que el humo y la exposición pasiva es hasta siete veces inferior
Menores y mercado ilegal: el gran desafío europeo
Uno de los principales puntos de consenso dentro del debate es la necesidad de endurecer el control sobre el acceso de menores y sobre el mercado ilícito de vapeadores y productos con nicotina.
El crecimiento del comercio irregular preocupa cada vez más a las autoridades europeas. Diversos informes estiman que una parte muy importante de los vapeadores que circulan actualmente en Europa se comercializa fuera de los canales autorizados y sin las garantías sanitarias exigidas por la legislación comunitaria.
Este fenómeno no solo dificulta el control de calidad de los dispositivos, sino que también facilita el acceso de adolescentes a productos que no están dirigidos a ellos.
Por eso, una parte del debate político empieza a desplazarse hacia el control del mercado. En España, distintas iniciativas parlamentarias ya plantean reforzar la trazabilidad y limitar la venta a canales autorizados para dificultar la circulación de productos sin control sanitario.
Una oportunidad histórica para acabar con el cigarrillo
El debate sobre las alternativas sin humo sigue generando controversia política y científica, pero los datos internacionales empiezan a dibujar una tendencia difícil de ignorar: los países que más rápido reducen el tabaquismo son aquellos que están logrando desplazar el cigarrillo mediante productos que eliminan la combustión.
En este contexto, el Día Mundial Sin Tabaco vuelve a abrir una pregunta que hace apenas unos años parecía imposible: si la ciencia ya ha identificado dónde está el principal daño, ¿puede Europa estar ante la primera generación capaz de apagar el cigarro para siempre?
Añadir ElPlural.com como fuente preferida de Google.
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.