En pleno debate sobre el futuro de las políticas antitabaco y la revisión de la regulación comunitaria en la Unión Europea, un nuevo estudio aporta datos sobre las diferencias que existen entre distintos productos de nicotina sin combustión. La investigación, publicada en la revista científica BMC Chemistry por Hadley et al. (2026), ha comparado el perfil químico de las bolsas de nicotina oral con el del snus sueco tradicional y con datos de referencia correspondientes al humo de los cigarrillos convencionales.

Los resultados muestran diferencias relevantes entre las dos primeras categorías, bolsas de nicotina y snus. Las bolsas de nicotina analizadas presentaron menos sustancias tóxicas cuantificables que el snus y, cuando un mismo compuesto pudo medirse en ambos productos, sus concentraciones fueron generalmente inferiores. Los datos, sin embargo, se refieren a su composición química y no permiten concluir por sí solos cuál es el riesgo sanitario asociado a su consumo a largo plazo.

Qué ha encontrado el estudio

Los investigadores analizaron 132 compuestos en 11 productos comerciales de bolsas de nicotina y dos productos de snus sueco. De las 132 sustancias estudiadas, 70 no alcanzaron niveles cuantificables en ninguna de las muestras. Las diferencias aparecieron entre aquellas que sí pudieron medirse: 58 fueron cuantificables en al menos una muestra de snus, frente a 47 en las bolsas de nicotina.

La investigación también comparó las concentraciones cuando una misma sustancia estaba presente en las dos categorías. En la mayoría de estos casos, las bolsas de nicotina registraron niveles más de un 90% inferiores a los encontrados en el snus.

El resultado permite constatar diferencias en la exposición potencial a determinadas sustancias, pero requiere una distinción importante: detectar menos compuestos o encontrarlos en concentraciones inferiores no equivale automáticamente a demostrar una reducción proporcional del daño para la salud.

Tres productos, tres niveles de exposición a toxinas

Para entender qué significan estos resultados hay que comenzar por el cigarrillo convencional. Cuando se enciende un cigarrillo, el tabaco se quema a temperaturas superiores a los 800 grados. Ese proceso de combustión genera miles de sustancias químicas, entre ellas alquitrán, monóxido de carbono, nitrosaminas específicas del tabaco e hidrocarburos aromáticos policíclicos.

El cigarrillo de combustión sigue siendo así el producto del tabaco que entraña un mayor riesgo para la salud. Y la combustión es también la principal diferencia que permite entender qué sucede con otros productos que contienen nicotina pero que no necesitan quemar tabaco.

El snus, muy extendido en Suecia, también contiene tabaco, pero no se fuma ni se quema. Se coloca bajo el labio y la nicotina se absorbe por vía oral. Al no existir combustión, no se generan alquitrán ni monóxido de carbono como consecuencia de quemar el tabaco. Sin embargo, el snus sigue utilizando hoja de tabaco. Por ello puede conservar trazas de sustancias asociadas a ella, como determinadas nitrosaminas y metales pesados.

Las bolsas de nicotina presentan otra diferencia. Al igual que el snus, se utilizan por vía oral y no requieren combustión, pero tampoco contienen hoja de tabaco. Están elaboradas fundamentalmente con fibras vegetales, nicotina y saborizantes.

Es precisamente esta diferencia la que permite entender mejor la pregunta que plantea el nuevo estudio: si las bolsas no contienen hoja de tabaco, ¿se refleja esto también en la cantidad y concentración de sustancias potencialmente nocivas?

Los resultados obtenidos apuntan en esa dirección. En los productos analizados se encontraron menos compuestos cuantificables en las bolsas que en el snus y, cuando las mismas sustancias estaban presentes en ambos, sus concentraciones fueron generalmente inferiores.

Dicho de una manera sencilla: el cigarrillo quema tabaco; el snus evita quemarlo, pero sigue conteniendo tabaco; y las bolsas de nicotina no queman ni contienen hoja de tabaco. Son diferencias importantes a la hora de analizar qué sustancias aparecen en cada producto y el cigarrillo de combustión es claramente el que conlleva mayor riesgo.

El precedente del snus en Suecia

El snus lleva décadas ocupando un lugar singular en el debate europeo sobre el tabaquismo. Este tabaco de uso oral, prohibido en el resto de la UE, forma parte de una tradición de consumo profundamente arraigada en el país. La experiencia sueca lleva años siendo objeto de atención en el debate sobre el tabaquismo. Suecia registra unas tasas de cáncer de pulmón entre las más bajas de Europa, un dato que distintos estudios epidemiológicos han relacionado con el uso extendido del snus frente al cigarrillo.

Eso no significa que el snus carezca de riesgos. La diferencia fundamental respecto al cigarrillo reside precisamente en que el tabaco no se quema, evitando así la exposición a las sustancias que se generan durante ese proceso.

En Estados Unidos, algunos productos concretos de snus comercializados por Swedish Match han recibido además de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) la consideración de Producto de Tabaco de Riesgo Modificado (MRTP), después de someterse a un procedimiento específico de evaluación.

Esta decisión afecta a productos concretos y no supone una consideración general del snus como producto inocuo ni puede extenderse automáticamente a otros productos que contienen nicotina.

Menos tóxicos no significa ausencia de riesgo

Las bolsas de nicotina plantean una dificultad adicional a la hora de valorar sus posibles efectos sobre la salud: llevan mucho menos tiempo en el mercado que el snus.

Esto significa que existe menos evidencia epidemiológica sobre las consecuencias que puede tener su utilización durante periodos prolongados. Un análisis químico como el publicado en BMC Chemistry permite determinar qué sustancias aparecen y en qué concentraciones, pero no sustituye a los estudios necesarios para conocer qué ocurre después de décadas de consumo.

Además, las bolsas contienen nicotina, una sustancia adictiva. El crecimiento de estos productos entre consumidores jóvenes que anteriormente no fumaban constituye también una cuestión que deberá ser tenida en cuenta desde el punto de vista de la salud pública.

Por ello, que las bolsas analizadas presenten menos sustancias tóxicas cuantificables que el snus no significa que su consumo esté exento de riesgos. Lo que demuestra el estudio es más concreto: existen diferencias medibles en la composición de ambos productos.

Qué significa el estándar GothiaTek

La investigación señala también que ninguna de las bolsas analizadas superó los límites establecidos por GothiaTek® para las sustancias estudiadas.

Conviene precisar qué significa este dato. GothiaTek® no es un requisito regulatorio de la FDA ni de la Unión Europea, sino un estándar voluntario de calidad creado originalmente por Swedish Match y adoptado posteriormente por la patronal europea del tabaco sin humo (ESTOC).

Swedish Match presentó este estándar como parte de la documentación utilizada en su solicitud ante la FDA para determinados productos de snus. Su cumplimiento, sin embargo, no equivale a una certificación sanitaria independiente ni significa que las autoridades hayan declarado seguro un determinado producto.

El dato aporta, por tanto, información adicional sobre las concentraciones encontradas en las muestras analizadas, pero no debe interpretarse como una validación regulatoria de las bolsas de nicotina.

Nuevos datos para el debate europeo

La publicación del estudio llega mientras la Unión Europea afronta la revisión de su regulación sobre el tabaco y los nuevos productos con nicotina. Los resultados aportan un elemento relevante a esa discusión: existen diferencias medibles entre productos que a menudo aparecen juntos en el debate público sobre el consumo de nicotina.

El cigarrillo convencional implica quemar tabaco y genera las sustancias propias de la combustión. El snus evita ese proceso, aunque continúa utilizando hoja de tabaco. Las bolsas tampoco necesitan combustión y, además, prescinden de la propia hoja.

El nuevo estudio muestra que esas diferencias también se observan al analizar su composición química. Entre los productos estudiados, las bolsas de nicotina presentaron menos sustancias tóxicas cuantificables que el snus y, en la mayoría de las comparaciones posibles, concentraciones considerablemente inferiores.

La cuestión que permanece abierta es qué significan esas diferencias para la salud a largo plazo. Para responderla será necesaria una evidencia científica más amplia, especialmente en el caso de las bolsas de nicotina, cuyo recorrido es mucho más reciente.

El estudio no permite afirmar que sean inocuas. Sí aporta nuevos datos para comprender que la forma en la que se consume nicotina —quemando tabaco, utilizando tabaco sin combustión o mediante un producto que no contiene hoja de tabaco— determina diferencias importantes en las sustancias a las que puede quedar expuesto el consumidor.

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