Acompañar desde la comprensión, respetar los silencios o ser conscientes, en este tipo de situaciones más si cabe, de que cada persona es un mundo. Un poco por aquí pasarían las claves de ayuda a los familiares de las víctimas que sufrieron la tragedia de Adamuz tras la colisión de la noche del pasado domingo de dos trenes de Iryo y Alvia que dejaba decenas de muertos y heridos.

Diego Figuera, Jefe del Hospital de Día Ponzano del Instituto de Psiquiatría y Salud Mental del Hospital Clínico San Carlos de Madrid, que estuvo “en primera línea” después de los atentados de Atocha, en su caso en IFEMA, proyecta que es imprescindible que el entorno de las víctimas “reciban información lo antes posible”.

“Lo primero es que haya buena comunicación, también entre los profesionales, que sepamos el número que hay, dónde están trabajando… Y cómo están las personas; si una se encuentra más angustiada porque no sabe nada o si se encuentra ya en una situación más de shock porque puede pensar o directamente sabe que sus familiares están en una situación más grave (…) Y no hablemos ya en el caso de quienes saben que han perdido a alguien”, relata.

La escucha "no tiene por qué ser tranquilizadora", y el acompañamiento "ha de ser continuado"

Así, Figuera mantiene que la clave de todo, aunque pueda sonar simplista, es la escucha, y ésta va mucho más allá de poner el oído. “No tiene por qué ser tranquilizadora”, contempla. “Si no que sencillamente tienen que saber que estamos ahí, que gente especializada está con ellos y que vamos a hacer todo lo que sea necesario”, añade, insistiendo en que para poder llevar a cabo su objetivo en la medida de lo posible “es obligado distinguir el nivel de gravedad de cada cual”. “Es esto lo que implica, antes de nada, una escucha lo más tranquila posible”, detalla.

Después se alcanza la fase de acompañamiento, que debe “ser continuado” pero “respetando” a su vez “cada tipo de persona”, pues cada uno "se relaciona de forma distinta frente al trauma". “Las hay mucho más necesitadas en función de su estilo de relación, y en un acompañamiento que se prolonga en el tiempo, la persona en cuestión puede atravesar muchas fases: de tristeza, rabia, puede llorar e incluso quedarse disociada y ser incapaz de contar nada”.

En resumen, expresa, “hay que saber que el acompañamiento tiene que ir por fases en función del momento ser de distinto tipo en función de la persona”. “Es fundamental, insisto, saber que no recibe la misma atención cada persona en cada momento ni en función de la gravedad de la situación”, expresa, a sabiendas de que parecen cuestiones “obvias”, pero difíciles a veces de cumplir, especialmente en escenarios extremos.

"Necesitamos certezas"

Cofundador de varios espacios dirigidos a la salud mental, como Vínculo Terapéutico Instituto de Psicoterapia Avanzada, o de la consulta de psiquiatría y psicoterapia Miguel Ángel 6, en la capital regional, y a su vez profesor de universidad, Figuera responde también cómo considera que deben contestar los medios de comunicación y políticos después de las catástrofes.

Conocedor de que “es comprensible el interés genuino y profesional” de los periodistas, solicita saber que se interactúa con “fuentes en estado de shock”. “Hay que diferenciar que hay agentes que van a hablar más, otros que menos… Se debe tratar de no preguntar con excesiva curiosidad, porque si somos especialmente intensivos la persona se puede retraumatizar”.

“Creo que, aunque la noticia sea menos interesante o una fuente no dé demasiada información, tenemos que ser un poco más sensibles y menos incisivos”, apostilla. Con todo, deja claro que “afortunadamente”, los profesionales de la información también hemos ido aprendiendo de esto. “Pero por supuesto hay que informar, y la ciudadanía, no solo la que está directamente involucrada, quiere y necesita información”.

“Necesitamos certezas”, concreta la fuente que habla para estas líneas, haciendo un llamamiento a los actores políticos y de comunicación: “Los bulos son muy peligrosos, sobre todo en redes sociales, donde los pseudomedios e intoxicadores campan a sus anchas aprovechando la disputa política”.

Las noticias falsas, refrenda, solo generan “más angustia e incertidumbre” y pueden ser actores clave para agravar un hecho que siempre se da: el miedo inminente, en este caso, de un sector de la población, a viajar en tren. “La experiencia nos dice que con el tiempo vuelven a confiar, pasó en pandemia, por ejemplo; pasa después de un accidente de cualquier tipo…”, contrasta en tono tranquilizador.

Sea como fuere, a menor tiempo de respuesta, menos tarda en volver la confianza. “Ya hay una comisión de investigación sobre la mesa. Esperemos que gata cuanto antes una explicación lo más racional y científica posible, para que la gente vuelva a empezar a confiar”.

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