Este domingo se conmemora el Día Mundial de los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA), un problema que no ha dejado de crecer en los últimos años en España, debido, en buena parte, a la presión que generan los contenidos digitales.
Los TCA siguen asociándose a mujeres jóvenes, pero han aumentado de forma muy importante los casos en hombres, y personas adultas. Pese a ello, sigue siendo una realidad "invisibilizada", advierte la psicóloga Belén Reguera, especialista de la Clínica López Ibor, que precisa que, aunque la franja de edad de mayor riesgo sigue siendo la que abarca de los 12 a los 25 años, se atienden cada vez más casos de adultos y de varones, los "gran olvidados".
“Durante mucho tiempo, los Trastornos de la Conducta Alimentaria en hombres quedaron fuera del radar", expone, subrayando que "hoy vemos un aumento claro, especialmente vinculado a la presión por la musculatura, la fuerza y el 'ideal ‘fitness’".
Asimismo, precisa esta experta, también se están detectando "más casos en deportistas y en entornos donde la alimentación y el físico se vuelven herramientas de control, lo que dificulta identificar a tiempo la aparición del trastorno".
Las redes sociales también tienen mucho que ver con esta aumento de casos de TCA. Plataformas como TikTok e Instagram han convertido los filtros, los cuerpos retocados y las comparaciones constantes en un caldo de cultivo para la distorsión corporal. “Hoy un adolescente se compara con imágenes que no son reales y eso activa inseguridad, insatisfacción y, en algunos casos, el inicio de un trastorno", asevera.
Señales de alerta
A la hora de detectar el problema, una de las mayores dificultades con las que se encuentra el entorno tiene que ver con que las primeras señales de alerta suelen confundirse con "hábitos saludables", afirma Reguera.
No obstante, hay signos que pueden ponernos sobre aviso, como son el evitar comer en familia o en público; hacerlo a escondidas; tener obsesión por lo saludable o demonizar determinados alimentos; hacer ejercicio excesivo con fines compensatorios; experimentar cambios emocionales como ansiedad, irritabilidad o aislamiento; y hacer una defensa extrema del cuerpo, el peso o la comida.
Claves para ayudar sin reforzar el trastorno
Igual que conocer las señales de alerta puede ayudarnos a detectar un trastorno de estas características, saber cómo ayudar sin reforzar el problema resulta crucial.
"El papel de la familia es esencial, pero también uno de los más delicados", reconoce Reguera. Es fundamental evitar comentarios sobre el peso, el cuerpo o las cantidades de comida; no hacer diferencias entre alimentos buenos y malos; revisar la relación con la comida dentro del propio hogar; y acompañar sin presionar, escuchando y generando un entorno seguro. "Frases aparentemente inocentes como “tienes que comer más”, “una comida no engorda a nadie” o “todos tenemos problemas con la comida” pueden empeorar la culpa y el aislamiento", indica.
Asimismo, esta profesional anima a buscar apoyo profesional cuanto antes.
Mitos a desterrar
Por último, Reguera destaca la necesidad de desterrar de forma urgente tres mitos que rodean los TCA: que solo afectan a chicas jóvenes y delgadas; que es un cuestión de fuerza de voluntad; y que cuando se recupera el peso, se ha superado la enfermedad.
"Los Trastornos de la Conducta Alimentaria afectan a cualquier edad, género y tipo corporal", insiste esta especialista, que recuerda que son enfermedades mentales complejas, cuya recuperación real no solo implica sanar la relación con la comida, sino también con el cuerpo y las emociones. “Los TCA no son un problema de comida: son trastornos complejos que afectan mente y cuerpo", aclara.
Superarlos implica llegar a comer sin ansiedad, reducir las conductas extremas como los atracones o el ejercicio compulsivo, ser capaz de aceptar nuestro cuerpo, gestionar las emociones sin recurrir a conductas dañinas y tener un mejor funcionamiento social, académico y emocional.
"La recuperación es posible", enfatiza, lanzando un mensaje a las familias y a los afectados. A las primeras les invita a "amar, acompañar y pedir ayuda profesional" y a los segundos, a no luchar contra su cuerpo. "Hay vida más allá del control, y pedir ayuda es un acto de valentía”.
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