El anterior obispo de Tenerife, Bernardo Álvarez, fallecido en 2025, justificó los abusos sexuales a menores en el seno de la Iglesia en conversaciones con una víctima de pederastia, tal y como demuestran audios a los que ha tenido acceso el diario El País, que en 2018 inició una investigación sobre este asunto tanto en España como en América Latina.

En el fragmento que revela el periódico, quedan expuestas las excusas y justificaciones de Álvarez sobre estos delitos después de que la familia de una víctima denunciara en 2004 los abusos al obispo de entonces, Felipe Fernández.

La víctima, Ciro Molina, ha presentado el audio como prueba ante la Fiscalía Provincial de Santa Cruz de Tenerife y la Comisión de Protección de Menores del Vaticano para que investigue el encubrimiento de su caso. Fuentes judiciales avanzan que la denuncia se archivó después de ser recibida “por la prescripción, además de por el fallecimiento de quien reconoció que no había hecho nada para comprobar los hechos”.

El agresor era el padre Carmelo, al que trasladaron a Salamanca para tapar el caso, según informa el medio de comunicación. Álvarez llega al puesto de vicario general, el que ostentaba anteriormente el presunto agresor, en 2005, pero no es hasta 2014 que el cura abre un proceso canónico contra él. Para entonces, cuando la víctima acude a la justicia civil, el delito ya había prescrito, después de que el abogado de Molina enviara un requerimiento al obispado. El caso se cerró también porque el sacerdote pidió abandonar los hábitos, mientras que la diócesis nunca ha reparado a Molina el daño. Ni siquiera ha reconocido públicamente los abusos.

“El 80% de los que han abusado de menores son homosexuales”

La diócesis invitó a Molina a reunirse con Álvarez años después de que éste cuente su historia y salga en los medios de comunicación. El eclesiástico le pide perdón, pero justifica las actuaciones llevadas a cabo dentro de la Iglesia con frases como la que se expone a continuación.

Tengo experiencia de eso, como sacerdote: chicas y chicos de 13 o 14 años que me han provocado. Ten en cuenta que hace unos años la edad de libertad sexual era 14 años; ahora es 16 o 18. No sé cuánto. Ahora es 16, ¿no? Bueno, pues yo recuerdo en la isla de La Palma, en Tazacorte…”, señala. La víctima niega que los “niños provoquen” y asegura que esta defensa se corresponde con una “visión adultocéntrica”. “Eso no se puede decir”, remata.

En la conversación que tienen el obispo y la presunta víctima, el primero suelta otras declaraciones como que “el 80% de los que han abusado de menores son homosexuales”. “Pero Bernardo, un homosexual se acuesta con uno de su edad, por lo menos con alguien que no sea menor. El que abusa de un niño no es porque sea homosexual, lo hace porque tiene una patología”, apuntala.

Álvarez da carpetazo a la reunión alegando que tiene otro asunto que atender, y sin resolver nada a Molina, ni tan solo proporcionarle acompañamiento. “Apoóyate en la gente buena que conoces. Esto es así, esto es así y esto es así. En la Iglesia hay gente buena y gente mala”, emite, a lo que Molina responde contundente: “El problema es que no se ha actuado contra la gente mala”.

 Años de abusos

Los abusos que denuncia la víctima comienzan en 1997, cuando tenía entre nueve y diez años, y se alargaron hasta 2003. Este es el relato de la víctima a El País: “Cuando nos confesaba, se dedicaba a tocarnos, a mí incluso me dio un beso en la boca, y nos preguntaba por si nos masturbábamos. Te acariciaba, a uno le metió la mano en el pantalón. Ninguno de los monaguillos quería ir a casa del cura. Al final, junto con otros cinco chicos, se lo contamos a los catequistas, pero la gente de la parroquia se encargó de crucificarme a mí y a mi familia”.

Su madre denunció los hechos a Felipe Fernández, como revela el obispo en la grabación, pero no se adoptaron medidas, El Vaticano no habría informado a la Santa Sede y la diócesis mantiene que no tiene conocimiento de la grabación.

Molina vuelve a denunciar en 2014, cuando ya es mayor de edad, y entonces sí que se abre un proceso canónico y se informa a la Congregación para la Doctrina de la Fe, como obliga la reciente reforma. Asimismo, el obispo suspende cautelarmente al sacerdote. Sin embargo, el proceso se interrumpe porque el acusado pide dispensa para dejar de ser cura, deja los hábitos y su vida dedicada a la Iglesia, con lo que evita ir al juzgado.

Se dedicaba a tocarnos, a mí incluso me dio un beso en la boca, y nos preguntaba por si nos masturbábamo

Otras dos víctimas señalaron al mismo sacerdote de haber abusado de ellos entre 1974 y 1979, como publicó Cadena Ser Canarias cuando salen a la luz las informaciones. El obispo vuelve a restar importancia: “Yo coincidí en la Gomera con él y nunca vi nada”.

Entre otras ‘aportaciones’ de Álvarez a la presunta víctima, se encuentra que le reprochó haber intervenido en el pleno del Ayuntamiento de la Laguna (Tenerife) -fue el primero que habló en un Consistorio sobre esto- para exigir a los concejales que se pronunciasen y pedir el cese de Álvarez como obispo. Éste último terminó tachando de “montaje” el evento y le acusó de asegurar ante el equipo municipal que él le había recomendado que no presentara denuncia. Esta afirmación no aparece por ningún lado del discurso, que puede verse íntegramente en internet.

Súmate a El Plural

Apoya nuestro trabajo. Navega sin publicidad. Entra a todos los contenidos.

hazte socio