Pero la felicidad del Gobierno no es completa. La radio televisión pública estatal (RTVE) no está aún bajo su férreo control y se permite informar -en aras de la independencia y pluralidad exigible a todo medio público-, no sólo de las bondades de la reforma que el Ejecutivo manifiesta por boca de todos sus miembros, sino también de lo que opinan sobre la misma la oposición política e, incluso, las críticas que vierten otras instituciones de la nación como las organizaciones sindicales u otro tipo de asociaciones vinculadas con el mundo laboral. ¡Y hasta ahí se podría llegar!

En el palacio de la Moncloa han saltado todas las alarmas con la experiencia de los últimos días y de súbito se han olvidado de cualquier otro problema -económico o no- por el que atraviesa el país y han decidido darle prioridad absoluta a la designación de un nuevo presidente de RTVE para que enmiende lo antes posible esta situación.

Han sido múltiples los reconocimientos nacionales e internacionales cosechados en los últimos años por los medios estatales de comunicación -especialmente sus programas informativos- pero esta circunstancia no será óbice para que el Gobierno de Mariano Rajoy haga tabla rasa de todo ello y proceda al cambio del cambio para volver a los Urdaci, Buruaga o Dávila. Tiempo al tiempo.

El referente más cercano lo tenemos en Castilla-La Mancha. Su presidenta, María Dolores De Cospedal, que siempre se había mostrado partidaria de una televisión pública imparcial, independiente, objetiva y centrada, hasta el punto de que en su defensa llegó a tener una tensa refriega con una presentadora de TVE, cuando llegó la hora de la verdad nombró responsable de la televisión pública castellano-manchega a Ignacio Villa; persona que representa, justamente, el reverso de todo aquello que De Cospedal decía defender. Tertuliano controvertido, sectario, incendiario y bronco hasta la insolencia -sólo hay que recordar sus intervenciones en 59 segundos (TVE), Madrid opina (Telemadrid) o Al rojo vivo (La Sexta)- este periodista defiende posiciones beligerantemente prohibicionistas en relación con asuntos como el aborto, el matrimonio homosexual, la eutanasia o la investigación embrionaria. ¿Se parece en algo su forma de pensar y actitud al talante centrado, objetivo, independiente e imparcial que la mano derecha de Rajoy presume exigir a una televisión pública?

No obstante, teniendo en cuenta que a la chita callando el nuevo presidente de Gobierno está haciendo bueno al que le designó, puede ser que la televisión de los Urdaci, Buruaga o Dávila se estime excesivamente tolerante y se promueva otra más parecida a aquel noticiario franquista que daba paso a las películas censuradas de los años 50 a los 70: el NO-DO. Quizás sea premonitorio que la obra artística de ARCO que, antes de abrir sus puertas, haya cobrado todo el protagonismo de la feria sea la de la figura del general Franco en el interior de un frigorífico decorado con el diseño de Coca-Cola.  Un fantasma congelado todavía en la mente de muchos españoles.

Gerardo Rivas Rico es Licenciado en Ciencias Económicas