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5 días en la acampada por el derecho a la vivienda en la Puerta del Sol

5 días en la acampada por el derecho a la vivienda en la Puerta del Sol

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“Es importante seguir con nuestra vida y a la vez manifestarnos por tener una vida también.”

No pretendo contar nada nuevo, ni creo que pueda aportar algo más relevante o más especializado que todo lo que ya se ha dicho sobre lo que está ocurriendo en la Puerta del Sol; tampoco me considero la persona más concienciada políticamente, aunque sí creo tener una conciencia social bastante desarrollada, y es desde ahí desde donde escribo estas líneas, con el único propósito de invitar a la reflexión.

La acampada comenzó el 26 de septiembre, tras el desahucio de Maricarmen, una mujer de 87 años que llevaba setenta viviendo de alquiler en Madrid, y en su sexta noche reunía ya a más de 2.000 personas y 1.300 tiendas de campaña entre la entrada a la RENFE de Sol y la calle Arenal. El 29 de septiembre, el Consejo de Ministros aprobó dos reales decretos, conocidos ya como «decretos Maricarmen»: el primero amplía la protección antidesahucios hasta 2030, regula el alquiler de temporada y por habitaciones, prohíbe a los fondos la compra de vivienda hasta 2028 y prorroga dos años los contratos que venzan antes de que termine ese año, mientras que el segundo establece la renovación automática e indefinida de los contratos de alquiler.

Yo aquí solo leo dos problemas: 2028 y 2030, ¿y luego qué? ¿A acampar otra vez en Sol?

“Es una situación complicada sobre todo, pero es bonito ver cómo la gente está unida por fin ante una causa que nos toca a todos tan de cerca. Creo que tenemos que ir todos a una. Cuando hay una medida de educación, ir todos, porque la educación nos afecta a todos, la sanidad nos afecta a todos, la vivienda nos afecta a todos.”

Lo que está sucediendo en Sol es una de las cosas más inspiradoras que he visto en mucho tiempo: allí hay sororidad, compañerismo y apoyo, y no hay ni cuchillos, ni adoquines, ni porros, ni gente borracha, aunque, de haberlos, tampoco sería nada extraño en Madrid, y mucho menos en la Puerta del Sol (lo de los borrachos y los porros digo, no lo de los cuchillos).

“He estado aquí desde el día de la manifestación todos los días viniendo por las tardes y lo que me he encontrado es todo lo contrario de violencia. De hecho acabamos de poner una tienda más entre un grupo de personas que no nos conocíamos de nada, que es algo que no pasa mucho en Madrid, que la gente se mire a la cara. Entonces yo quiero transmitir que la violencia no viene de esta concentración, viene de otros puntos.”

Veo, además, a gente muy concienciada y, sobre todo, muy joven, de 19 y 20 años, con un pensamiento político mucho más desarrollado y crítico del que yo tenía a su edad, cuando vivía obsesionado con salir de fiesta; quizá sea cierto que yo crecí en una situación de mayor privilegio que la de los jóvenes de hoy, pero noto ese cambio.

Hablo, también, desde una posición privilegiada en lo que a vivienda se refiere, ya que comparto piso y pago 350 euros por mi habitación, más gastos, algo que no me impide entender, ni ver en la piel de mis amigos y en las historias de los desconocidos con los que he compartido espacio en Sol estos días, las barbaridades que muchos están pagando. Tener que asumir esas cantidades, destinar la mitad del sueldo a un alquiler, impide prosperar en la vida como uno debería, impide vivir con tranquilidad cuando sabes que en cualquier momento pueden subirte el alquiler y obligarte a irte del lugar donde quieres estar, impide consumir cultura u ocio y, en definitiva, impide vivir con calma.

“Es decir, pedimos poder vivir aquí para cotizar aquí, para trabajar aquí, para seguir alimentando los comercios de aquí, las taberneras.”  Se repite también estos días que lo que queremos es vivir gratis, y no es así. Yo no quiero vivir gratis en la casa de nadie, sino pagar un alquiler justo, entendiendo por justo uno que no me obligue a preguntarme cada mes si podré pagarlo; e insisto en que hablo desde el privilegio.

Lo único que sí quiero compartir es la convicción de que, como sociedad y como pueblo, unidos podemos conseguir lo que separados no logramos. Creo que la izquierda está completamente fragmentada, y que por eso la derecha a veces nos adelanta, pero también me enorgullece ver una izquierda capaz de poner en tela de juicio su propia crítica y de cuestionar a sus dirigentes, algo que la derecha ni siquiera se plantea. “O sea, que al final esto es una lucha más grande de lo que nosotros nos pensamos. Es que lo que queremos es que se acabe el individualismo…”

Un saludo hermanas, creo que vamos por el buen camino.