En el año 1996, Capcom lanzó al mercado para PlayStation el videojuego Biohazard, que tiempo después se rebautizaría como Resident Evil y que acabó dando forma a un género entero: el survival horror. Una mansión infestada, munición limitada, puzles ambientales y la tensión constante de no saber qué hay al otro lado de la puerta convirtieron a Chris Redfield y Jill Valentine en iconos, y a la Umbrella Corporation en una de las villanas corporativas más reconocibles del medio.
El éxito fue tan grande que no se preguntaban si Resident Evil daría el salto a la gran pantalla, más bien se preguntaban cuándo. Antes de materializarse, el proyecto pasó por varias manos. El mismísimo George A. Romero, director de La noche de los muertos vivientes (1968), llegó a escribir un guion que Capcom rechazó por alejarse demasiado del espíritu del juego y fue Paul W.S. Anderson, que venía de adaptar Mortal Kombat, quien finalmente se puso a los mandos reconvirtiendo un guion de zombis que tenía escrito, titulado Undead, en la adaptación oficial.
Adaptación por libre
Resident Evil llegó a los cines en 2002, y lo primero que llamó la atención de los fans fue que apenas se parecía al videojuego. Ni siquiera tenía a los mismos personajes principales. Anderson inventó una protagonista nueva, Alice, interpretada por Milla Jovovich, la cual se acabaría convirtiendo en la protagonista de una saga cinematográfica. También cambió la mansión por un laboratorio subterráneo de Umbrella (La Colmena) vigilado por una inteligencia artificial homicida conocida como La Reina Roja. El virus T estaba, los zombis también, pero el encanto del juego, una combinación de exploración, escasez de recursos, tensión y terror, se sustituyó por un ritmo más cercano a la acción y a la ciencia ficción.
Una saga que no paraba de mutar
Aunque la recepción de la primera película fue algo tibia, llegaron cinco secuelas. Todas ellas escritas por Anderson, algunas también dirigidas por él. Apocalypse (2004), que sí introdujo por fin a personajes del juego como Jill Valentine y Nemesis; Extinction (2007), que llevó la acción a un páramo desértico postapocalíptico; Afterlife (2010), ya en 3D y con set pieces cada vez más desmesurados; Retribution (2012), la entrega más ‘videojueguera’ de todas en su estructura de niveles; y The Final Chapter (2017), que cerró el arco de Alice volviendo a Raccoon City. Con el paso de los años, la saga se alejó cada vez más del terror y se instaló definitivamente en el blockbuster de acción, algo que dividió al público. Para algunos funcionaba como un mero entretenimiento sin pretensiones. Para otros, fue una degeneración total de lo que un día fue una adaptación de Resident Evil, del cual ya solo quedaba el nombre.
El primer reboot de 2021
Cuando se cerró el arco de Alice, Sony quiso probar suerte con un primer reboot, Resident Evil: Bienvenidos a Raccoon City. Dirigida por Johannes Roberts (Primate, 2025), decidió volver a las raíces del videojuego buscando la mayor fidelidad posible. Ambientada en 1998 y situada durante el incidente de la mansión Spencer y el brote de Raccoon City. Además, por fin llevaba al cine a los personajes originales, buscando recrear momentos de los primeros juegos y trasladarnos a escenarios fielmente reconstruidos. No obstante, la intención de fidelidad tampoco satisfizo a los fans del videojuego, que llevaban pidiéndola desde 2002. No conectó ni con la crítica ni con el público. Se le achacó, entre otras cosas, una atmósfera poco lograda y un reparto que no encajaba con los personajes que interpretaban. Aunque el verdadero batacazo fue en taquilla. Una lástima, teniendo en cuenta que, pese a ser imperfecta, ya tenía una voluntad de explorar la parte de terror del videojuego de la que tuvo nunca la saga anterior.
Zach Cregger a los mandos
Una de las razones por las que estamos muchos fans del género atentos a este segundo reboot es su director: Zach Cregger. El mismo que dirigió Barbarian y Weapons, esta última llenó horas y horas del verano de 2025 de muchos aficionados debatiendo sobre ella y, para colmo, le dio el Premio Oscar a Amy Madigan por su papel como Tía Gladys.
La película sigue a un repartidor sin suerte que debe entregar un paquete en un hospital en Raccoon City, acabando así atrapado en mitad de un brote, luchando por sobrevivir entre zombis y otras criaturas mutadas. Con Cregger a los mandos, el resultado es una cinta con una atmósfera tensa que se sumerge en el terror puro y se aleja de la acción desatada.
Si esta vez conseguirá reconciliar a los fans del juego con la gran pantalla, lo sabremos muy pronto.
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