Llega septiembre, vuelve la rutina, regresan los madrugones y aparece esa inevitable sensación de que el verano ha durado aproximadamente tres días. Ante semejante panorama, siempre queda una solución: regresar a Poniente y hacer un maratón de Juego de Tronos.
Porque, visto con perspectiva, quizás los habitantes de los Siete Reinos no necesitaban tantos dragones, espadas de acero valyrio ni ejércitos de muertos. Lo que necesitaban urgentemente eran psicólogos. Muchos psicólogos. Y probablemente unas cuantas sesiones de terapia familiar para los Lannister.
Bromas aparte, la complejidad psicológica de sus personajes es precisamente una de las claves que explican por qué Juego de Tronos continúa generando conversación años después de su final. Un estudio comentado por Psychology Today analizó cómo los espectadores percibían la personalidad de 56 personajes de la saga y encontró un notable grado de consenso a la hora de atribuirles determinados rasgos. La investigación empleó tanto el modelo de los “Cinco Grandes” de la personalidad como la denominada Tétrada Oscura, formada por narcisismo, maquiavelismo, psicopatía y sadismo.
Joffrey Baratheon: el poder sirve para hacer daño
Pocos personajes consiguieron despertar un rechazo tan instantáneo como Joffrey Baratheon. Desde sus primeras apariciones, el joven rey muestra una combinación de crueldad, ausencia de empatía, impulsividad y placer evidente ante la humillación de los demás.
Su relación con el poder resulta especialmente significativa. Joffrey no parece utilizar la violencia únicamente para consolidar su posición política. En numerosas ocasiones, el sufrimiento ajeno se convierte prácticamente en un espectáculo.
Desde una interpretación psicológica narrativa, estas conductas podrían relacionarse con rasgos antisociales y sádicos: desprecio por los demás, dificultad para empatizar con sus víctimas y satisfacción ante el dolor que provoca.
Cersei Lannister: narcisismo, desconfianza y necesidad de control
La psicología de Cersei Lannister es bastante más compleja. Su trayectoria combina ambición política, miedo, resentimiento, pérdidas traumáticas y una obsesión creciente por controlar todo cuanto la rodea.
Cersei interpreta buena parte de la oposición como una amenaza personal. La posibilidad de perder poder o de que alguien cuestione sus decisiones activa inmediatamente sus mecanismos defensivos. También mantiene una visión extraordinariamente elevada de sus propias capacidades y considera que pocas personas están realmente preparadas para comprenderla.
Todo ello permite hablar, siempre dentro del terreno de la ficción, de rasgos narcisistas y paranoides. Una parte fundamental del personaje nace también de su sentimiento constante de vulnerabilidad. Está convencida de vivir rodeada de enemigos y entiende el control como la única forma posible de protegerse.
Ramsay Bolton: el sadismo llevado al extremo
Si existe un personaje diseñado deliberadamente para representar la crueldad extrema, ese es Ramsay Bolton.
Manipula, tortura, degrada psicológicamente y convierte el miedo en una herramienta de dominación. A diferencia de otros personajes violentos de la serie, muchas de sus acciones ni siquiera persiguen un objetivo político inmediato. Ramsay parece disfrutar directamente con el sufrimiento de sus víctimas.
El psicólogo Travis Langley ha analizado al personaje relacionando su comportamiento con la denominada Tétrada Oscura de la personalidad, que reúne narcisismo, maquiavelismo, psicopatía y sadismo.
Theon Greyjoy: trauma, pérdida de identidad y dependencia
Frente a personajes definidos fundamentalmente por el ejercicio de la violencia, Theon Greyjoy permite observar sus consecuencias.
Después de caer en manos de Ramsay Bolton, Theon es sometido a un prolongado proceso de tortura física y psicológica cuyo propósito va mucho más allá de hacerle daño, busca destruir completamente su identidad.
Su transformación en “Hediondo” constituye uno de los ejemplos más explícitos de despersonalización y sometimiento psicológico de toda la serie. El propio guion plantea su evolución desde el trauma, la pérdida de identidad y la dependencia absoluta de su agresor.
Daenerys Targaryen: trauma, duelo y una visión mesiánica del poder
Probablemente ningún cambio psicológico de Juego de Tronos haya generado tantos debates como el de Daenerys Targaryen.
Durante gran parte de la serie, Daenerys se presenta como una liberadora. Sin embargo, su relación con el poder va transformándose al mismo tiempo que acumula pérdidas, traiciones, aislamiento y experiencias traumáticas.
En la recta final, la desconfianza aumenta y su convencimiento de poseer una misión histórica se vuelve cada vez más absoluto. Ahí aparece uno de los elementos más interesantes del personaje, Daenerys deja progresivamente de preguntarse si sus decisiones son justas porque comienza a identificarse a sí misma con la propia idea de justicia.
¿Por qué nos fascina tanto la psicología de ‘Juego de Tronos’?
Una posible respuesta está en que casi nadie en Poniente es completamente bueno o completamente malo.
El psicólogo Gregory Webster, de la Universidad de Florida, ha señalado que buena parte de los personajes de la saga son moralmente “grises” y modifican su conducta dependiendo de la situación y de los intereses que están defendiendo. Esa ambigüedad facilita que los espectadores reconozcan rasgos propios o de otras personas en ellos y ayuda a explicar parte de la fascinación que sigue despertando la serie.
Joffrey representa la crueldad asociada al poder; Cersei, la obsesión por el control; Ramsay, el sadismo extremo; Theon, las consecuencias devastadoras del trauma; y Daenerys, el peligro de convertir una convicción moral en una verdad incuestionable.
Y si la vuelta a la rutina de septiembre se hace especialmente cuesta arriba, siempre podemos consolarnos pensando que, al menos, no tenemos que defender Invernalia, sobrevivir a la Boda Roja ni sentarnos a compartir la cena de Navidad con los Lannister.
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