Hay actores que se toman un año sabático para "encontrarse a sí mismos". Tom Hardy, en cambio, decidió que la mejor manera de gestionar la crisis de los cuarenta y tantos era grabar un disco de rap. Y no uno cualquiera. Un álbum completo, con productores de peso, colaboraciones de auténticos pesos pesados del género y, para sorpresa de nadie que lleve tiempo siguiéndole la pista, una identidad musical que lleva más de una década esperando su momento.

El proyecto se llama Czarface Meets Frankie Pulitzer y ya se puede escuchar entero. Frankie Pulitzer es el nombre artístico que Hardy recupera para la ocasión, y Czarface es el supergrupo de hip hop formado por Inspectah Deck -miembro fundador del legendario Wu-Tang Clan- junto al dúo 7L & Esoteric. El actor que hizo temblar a Gotham compartiendo micro con una de las voces que definieron el rap de Nueva York en los noventa.

El villano se pasa al hip hop

Lo primero que sorprende al escuchar el disco no es la técnica -Hardy no viene a competir por el mejor flow del año-, sino el descaro con el que convierte su propia filmografía en material lírico. En el tema Raw Forever, el actor entrelaza referencias a Bringing Out the Dead de Scorsese, al Duende Verde de Willem Dafoe en el Spider-Man de 2002, a villanos de cómic como el Doctor Doom y hasta un guiño a Tarde de perros, el clásico de Sidney Lumet. Es, básicamente, un actor haciendo lo que mejor sabe hacer -citar cine- pero sobre una base de hip hop de raíces ochenteras y noventeras.

Y no está solo en esta aventura. El álbum incluye una colaboración con Busta Rhymes y Method Man, dos nombres que cualquier aficionado al rap reconocerá sin necesidad de placa conmemorativa. Que dos leyendas del género se hayan subido a este proyecto dice bastante sobre cómo se está tomando la industria musical la incursión de Hardy. No como una broma de famoso aburrido, sino como una colaboración con entidad propia.

Esto no es un capricho de cuarentón

Aquí viene la parte que muchos desconocen y que convierte esta noticia en algo más que un simple titular curioso. Tom Hardy no ha descubierto el rap viendo un documental en un vuelo transatlántico. En una entrevista de 2011 con la BBC, el propio actor confesó que empezó a rapear con apenas catorce años y que, siendo adolescente, llegó a recibir una oferta de una discográfica antes incluso de plantearse dedicarse a la interpretación. Él mismo reconoció entonces, con ese humor autocrítico tan suyo, que viniendo de un barrio de clase media acomodada, venderse como rapero "callejero" no fue precisamente sencillo.

De hecho, en 2018 salió a la luz una grabación amateur que Hardy había hecho con apenas dieciocho años bajo el alias Tommy No 1, con producción de un DJ de la época. El resultado era tan artesanal como esperable de una maqueta adolescente, pero ya dejaba entrever esa voz grave e inconfundible que años después atronaría en salas de cine de todo el mundo dando vida a Bane.

La pregunta lógica es: ¿por qué un actor consagrado, con una carrera que le permite elegir prácticamente cualquier proyecto, decide sacar tiempo para meterse en un estudio de grabación? La respuesta, probablemente, tiene menos que ver con el cálculo de imagen y más con la coherencia. Hardy no está fingiendo una pasión repentina por el hip hop para generar titulares virales. Está retomando algo que llevaba dentro desde la adolescencia y que la fama como actor nunca terminó de apagar.

Lo interesante, en cualquier caso, es cómo el disco logra esquivar la trampa en la que caen la mayoría de estos experimentos de "actor que también canta". En lugar de intentar disimular su identidad pública, Hardy la convierte en material creativo. Sabe que el público que va a escuchar este álbum lo hace, en buena parte, porque es él quien lo firma. Así que en vez de esconder a Bane, a Venom o a Alfie Solomons, los mete directamente en las letras.

Este proyecto ofrece algo que escasea en la industria del entretenimiento actual. Un famoso haciendo exactamente lo que le apetece, con las referencias que le apetecen, sin pedir perdón por ello. Si buscabas una excusa para revisar la filmografía de Tom Hardy con otros oídos, aquí la tienes.

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