Shego se han consolidado como una de las bandas más reconocibles del rock alternativo estatal: guitarras afiladas, letras confesionales, humor negro y una forma de escribir que convierte lo íntimo en algo generacional. Nacidas en Madrid y actualmente formadas por Raquel Cerro, Charlotte Augusteijn, Elena Sabio e Irenegarry, el grupo ha ido ampliando su imaginario desde sus primeros lanzamientos hasta discos como Suerte, chica y No lo volveré a hacer, trabajos que confirmaron su capacidad para mezclar crudeza, ironía y vulnerabilidad sin perder potencia escénica. 

Tras recibir el Premio MIN a Mejor Artista Emergente en 2023 y el Premio +Músicas a Mejor Grabación de Rock en 2024, Shego afrontan ahora una etapa de transformación creativa. Su nuevo EP, MIAU, se adentra en un territorio menos transitado por el pop y el rock: las rupturas de amistad, la complejidad de los vínculos entre chicas y esa mezcla incómoda de dolor, ternura, enfado y aprendizaje que aparece cuando una relación importante se rompe sin que haya una gramática clara para explicarla. 

Con amiamiga como uno de los centros emocionales del proyecto, Shego se permiten hablar de una herida que duele tanto como una ruptura amorosa, pero que a menudo se cuenta menos. Lo hacen sin moraleja fácil, desde un lugar donde caben la autocrítica, la mala leche, la nostalgia y una frase que parece resumir el espíritu de esta nueva etapa: “Ya nos veremos en el infierno”.

Pregunta (P): En MIAU habláis de una ruptura de amistad, un terreno que quizá duele tanto como una ruptura amorosa pero que se cuenta mucho menos en las canciones. ¿Por qué os apetecía abrir esa herida ahora?

Respuesta (R): Hacerse adulta pasa por darse cuenta de lo difícil que es mantener amistades, cuidarlas, tenerlas lo suficientemente cerca como para poder apoyarte en ellas pero también lo suficientemente lejos como para respetarte a ti misma y tus rutinas, tu espacio. Es un equilibrio muy complejo. Todas nosotras hemos experimentado en los últimos meses o años alguna ruptura de este tipo, y hemos tenido que lidiar con el duelo, la incertidumbre, el enfado… Más que una apetencia, se ha presentado como una necesidad.

P: En el EP conviven dolor, rencor, dulzura, ironía y mala leche. ¿Os interesaba escapar de la idea de “víctima y villana” y contar una ruptura desde una zona más incómoda?

R: Claro. Cualquiera que haya tenido amigas sabe que nada es blanco ni negro, que la perspectiva de una no es más que eso, una perspectiva. Y siempre es incómodo entender que nuestro relato no es el de las demás. Es doloroso, pero también un ejercicio de afirmación personal.

P: Venís de cantar mucho al amor, al desamor y a los vínculos tóxicos. ¿La amistad era una asignatura pendiente en vuestro imaginario?

R: Sin duda es la primera vez que hemos sido tan explícitas —pasando por el título del single—, pero la verdad es que creemos que las rupturas de amistad no distan tanto de las amorosas, y que muchas veces lo que parecía un dolor romántico no lo era tanto. Cada oyente hace suyo el sentimiento y lo vuelca en su experiencia personal. Hay canciones anteriores que también tienen inspiración en relaciones amistosas, igual que en estas nos hemos servido de dolores románticos para encarar el tema. No es tan distinto.

P: En amiamiga parece haber dolor, pero también una cierta firmeza: cerrar un capítulo sin negar que hubo cariño. ¿Es más difícil despedirse bien de una amistad que romper del todo?

R: Despedirse bien de una amistad es casi imposible, diríamos. Una de las dos partes queda siempre un poco tocada, si no las dos. Desprenderse de una vida en común y de las partes de otra gente que se quedan en nosotras es un proceso muy largo.

P: Mala Suerte es como la canción más “malrollera” del EP, con sensualidad, amenaza y humor negro. En el estribillo repetís “mala suerte”, casi como si fuera una excusa absurda para explicar una relación que se rompe. ¿Qué hay de autoengaño en decir “ha sido mala suerte”?

R: A veces las cosas son pura mala suerte, ¿no? No es tanto autoengaño, es más bien resignación. Hay cosas que nos superan, que no sabemos o no podemos controlar aún. Ser cariñosas con nosotras mismas pasa por ser un poco indulgentes y no culpabilizarnos tanto siempre de todo. También es un poco irónico, claro.

P: casi no vivo para contarlo es quizá el corte más arriesgado, con un tono casi hablado. ¿Qué os permite el spoken word que no os permite una estructura más clásica de canción?

R: Es un terreno más inexplorado, podemos permitirnos jugar más con la métrica, no preocuparnos tanto por la estructura de las frases y librarnos un poco del lastre de las melodías, de lo que es o no pegadizo, etc. Es más difícil ser honesta, porque te sientes muy expuesta hablando, pero también nos permite encarnar un pequeño personaje, uno más valiente quizá que nosotras.

P: En esa canción aparece el arrepentimiento por haber dedicado demasiada energía a una relación. ¿Cómo se escribe sobre el arrepentimiento sin caer en la autocompasión?

R: Pensamos que la autocompasión se balancea con la autocrítica. Cuando te alejas de alguien a quien quieres son inevitables las dos, depende del día y casi del minuto. Eso es algo que está en el EP, la fluidez con la que una cambia de opinión sobre la situación es bastante abrumadora.

P: Cuando una banda cambia de piel, el público a veces espera continuidad y ruptura al mismo tiempo. ¿Habéis sentido presión por explicar esta nueva etapa?

R: No tanto por explicarla, la verdad. Más por estar a la altura. De nosotras mismas, de nuestros deseos, de nuestra relación. En realidad, todas habíamos trabajado juntas ya de una manera u otra, teníamos ciertas expectativas sobre cómo funcionaríamos juntas. Garantizar ese engranaje era lo que más podía preocuparnos. De momento estamos bien con ello, pero nunca sabes, es algo frágil que hay que mimar mucho. Estaremos en ello y esperamos que eso simplemente permee a la música que hagamos.

P: Decís que esto “acaba de empezar” y que ya preparáis un próximo disco. ¿MIAU es un prólogo, una bisagra o una declaración de intenciones?

R: Las tres cosas. Tenemos más ganas que nunca de descubrir sonido, de descubrir dinámicas, referencias, formas de hacer. Pensar en un disco nos hace la boca agua.

P: Influencias del post grunge, el Billy Corgan más oscuro y teatral, los Jane’s Addiction de Ritual de lo habitual, incluso notas de los chilenos Astro en las armonías. ¿En una lista de Spotify, antes y después de qué artista os gustaría sonar?

R: Uffff preguntón. Nos gustaría sonar después de Kylie Minogue y antes de MDA. Sorpresa.

P: ¿Cuál es la frase de MIAU que mejor resume este momento de Shego?

R: “Ya nos veremos en el infierno”.

P:¿A quién le diríais “mala suerte” hoy?

R: A Ayuso.

El nuevo EP de Shego, MIAU, verá la luz con canciones como amiamigaMala Suerte y casi no vivo para contarlo, tres formas distintas de mirar una misma herida: la de las amistades que se rompen sin manual de instrucciones. Entre la rabia, la ternura y el humor negro, el grupo firma una nueva etapa que suena a despedida, pero también a principio. 

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