Rat-Zinger (Bilbao) vuelve ocho discos después y suma ya 17 años encima de los escenarios. Para algunos, dignos herederos de otras bandas antisistema de la esfera vasca como Cicatriz o Eskorbuto, la banda regresa con Jóvenes promesas de la delincuencia, otro golpe directo al estómago en forma de ritmos violentos y letras directas, pero no por ello menos cuidadas.
“Estamos acostumbrados a que las calles ardan, a estar de potes y los maderos dando hostias (…) No éramos del colectivo de la izquierda abertzale, pero es muy difícil haber vivido esos años y no tener un punto de empatía con aquello”, explican Podri Korrupto (voz principal) y Pinky “Calico” (bajos y coros).
“No contábamos con el auge de la extrema derecha hace 20 años, o con que los jóvenes o los obreros lo fueran. No nos asusta más, pero sí vemos que está a las puertas”, contemplan en la entrevista que sigue estas líneas y que mezcla lo estrictamente musical con lo puramente político: “Nosotros decimos las cosas de esta forma y no significa que seamos violentos, pero no decimos cómo tiene que hacerlo el resto”.
PREGUNTA (P): ¿Cómo os sentís después de estos casi ocho discos y 17 años?
RESPUESTA (R): Súper jóvenes. Muy bien porque cuando empezamos no pensamos que iba a pasar todo esto. No éramos unos chavales, militábamos en Anarko y dijimos de hacer otro proyecto con la única inspiración de ensayar. Si funcionaba, tocábamos; y si no, grabábamos. Y aquí estamos.
P: Sois relativamente recientes. No sé si os consideráis uno de los últimos grupos punk o han venido después otros que vosotros queráis destacar y que han mantenido en todo lo alto este estilo.
R: Nosotros somos de segunda generación. Vivimos la explosión del punk en Euskal Herria, que es la que después ha perdurado realmente para las generaciones posteriores. Tampoco nos hemos considerado nunca un grupo punk. Venimos del punk, del heavy metal… pero no hemos querido hacer una continuidad, aunque sí que estamos muy influenciados por todo eso.
(…) Vemos que la cosa funciona, que también hay bandas jóvenes que se inspiran directamente de aquel punk… Nosotros pasábamos por ahí, y aquí seguimos.
P: ¿En qué momento se encuentran estos géneros: el punk, metal, hardcore, rock duro…? ¿Están en detrimento, auge o, sencillamente, estables?
R: Hoy por hoy la industria pasa por tocar. De lo contrario, no ganas.
Depende un poco del género. El metal está en auge constante, con un público muy leal. Un metalero muere siéndolo y yendo a bolos. El punk sí ha pasado por un bache, pero creo que se va recuperando.
Evidentemente no es como antes. Antes era todo base rock and roll y demás; y ahora la juventud tiene otros estímulos y otros gustos. Pero hay cantera.
P: También depende de la zona. En Euskal Herria habéis mamado esto…
R: Supongo, pero nosotros tampoco podemos poner bien el ejemplo porque nuestra tierra ha sido muy prolífica en lo que a nuestro género se refiere. Pero a nosotros nos costó mucho entrar en los gustos de la peña de Euskal Herria. Fue el último lugar en el que entramos, de hecho. Nos teníamos que ir fuera a tocar.
P: ¿Qué evolución habéis notado como grupo en estos más de 15 años de carrera?
R: Mucha. Escuchamos los primeros discos y solo a nivel de voz se nota, y eso que yo venía de 20 años de música.
A nivel equipo hemos madurado la hostia. Cada uno de los nueve sabe lo que tiene que hacer. Si nos dan 20 minutos para centrarnos, nos sobran 15. Tenemos todo muy interiorizado.
Y en lo musical, el segundo disco fue el que marcó un poco el camino, pero no lo hemos buscado, sino que ha salido así.
P: ¿Qué es más importante y, sobre todo, a qué le dais vosotros más importancia en unos géneros que para algunos sigue siendo dar voces, a la letra, o al sonido?
R: A Rat-zinger hay que prestarle atención, porque si no puede parecer ese estereotipo. Le damos mogollón de importancia a la letra, tanta que la música va en consonancia con ésta y no al revés. Todo es uno, pero sin un mensaje concreto no hay canción.
P: De hecho, en vuestro último trabajo tratáis un montón de temas pasados, presentes y futuros; y os situáis en Bilbao, pero también en París, por ejemplo. ¿Qué problema os ha costado más transmitir al folio?, ¿cuál os ha enfadado más?
R: Nos enfada todo (risas). Lo tenemos fácil porque es la manera que tenemos de expresarnos, con una forma muy concreta, pero es verdad que este disco es más emocional. Hay una mirada hacia el pasado, con nostalgia y alegría a la vez, por supuesto recordando que hubo mucha muerte, un rastro de sangre, por el camino.
Luego tenemos un cajón de sastre con todas las temáticas, con canciones que igual tienen diez años y salen ahora. El ejemplo es Marea baja, que viene de un tema acústico y pasarlo a eléctrico nos ha costado, porque no lo habíamos hecho nunca (…) Porque en acústico tiene ese toque de melancolía, pero en eléctrico sale algo muy distinto. Que ha sido súper bonito, ¿eh?
P: Tocáis un tema de algo que está de estricta actualidad como es la justicia. ¿Dónde percibís más ese ‘lawfare’?
R: Nosotros hemos atacado históricamente la justicia porque nos ha parecido siempre una injusticia. Va en una sola dirección, igual que el dedo acusador. No hay más que verlo para darse cuenta de que es una trampa. Ahora se quejaban de que los presos de ETA, que han cumplido su condena, salen, cuando los corruptos del Gobierno entran, están un mes y se piran.
O a nivel mundial, Sarkozy, por ejemplo. Y encima escribe un libro en 15 días en la cárcel. En la balanza hay un dedo metido, y siempre ha sido de nuestros blancos favoritos. Acuérdate de L.E.Y. Y la justicia también nos ha dado leña.
P: Habladme de las colabos de este disco.
R: Solemos decir que no vamos a hacer colabos y terminamos haciendo tres (risas).
Para nosotros el rock es emocional, porque va unido a la amistad, el compañerismo y la admiración por otros músicos. En este caso estamos especialmente contentos porque tenemos a Pela en una canción de él -Obligaciones-. Al grupo le costó un poco, pero yo siempre vi que era muy para Rat-zinger.
Las de 1986 -Tomás (Zer-bizio) y Rokan (MCD)- no nos las esperábamos. Hemos crecido con ellos, eran músicos de cabecera a los que escuchábamos de chavales… Quién nos lo iba a decir. Además, que llevan 30 años sin cantar.
P: Cuando empezáis en 2009 el contexto es diferente, tras una crisis brutal. Hay quienes dicen que todo ha cambiado mucho, pero, aunque hemo avanzado cosas, miras a Estados Unidos, Argentina, Palestina… Vox. ¿Cómo habéis trasladado estos cambios al grupo?
R: Nosotros no lo hemos cambiado porque, aunque sí vemos que el lobo ya está aquí, siempre lo hemos vivido así, independientemente de quien estuviera en el Gobierno. Sabemos que el presidente de Estados Unidos es el mayor terrorista mundial y el Papa la peor figura histórica.
No contábamos con el auge de la extrema derecha hace 20 años, o que los jóvenes o los obreros lo fueran. No nos asusta más, pero sí vemos que está a las puertas.
P: Además, vosotros venís de un sitio de mucha lucha social como es Euskal-Herria. ¿Cómo os ha influido ser de aquí o de Bilbao en la banda?
R: Mucho. Hemos estado en el meollo, estamos acostumbrados a que las calles ardan, a estar de potes y los maderos dando hostias por ahí con nosotros participando, o no. Tampoco éramos del colectivo de la izquierda abertzale, pero es muy difícil haber vivido esos años y no tener un punto de empatía con aquello. Porque a todos nos han llovido hostias, a todos se nos han llevado amigos y todos hemos visto la injusticia y la represión que había.
Sin ser de la izquierda abertzale, siempre hemos tenido mucha conciencia social por el día a día. Está mal como decir que echamos de menos la violencia, pero nosotros sabemos que sin sangre no hay revolución.
P: Habéis recibido muchas críticas por la violencia de vuestras letras…
R: Siempre nos han tachado de ello y nos han preguntado si era necesario. Bueno, nosotros lo decimos de esta forma y no significa que seamos violentos. También somos mayores, la lucha te va mermando y nuestra forma de dar cera es en la música. Las generaciones jóvenes son las que tiene que tomar el relevo (…) Nosotros no decimos cómo tienen que hacer las cosas el resto.
P: Parece evidente que la batalla cultural va a seguir siendo necesaria, al menos un tiempo. ¿Hasta cuándo la va a plantar Rat-Zinger?
R: Hasta que nos dé. Hasta que el cuerpo aguante. Tenemos planificado aguantar hasta 2036 (risas). Solo nos parará la salud.