Los Planetas han recibido la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes 2024, un reconocimiento que sitúa oficialmente a la banda granadina en el mapa principal de la cultura española. El grupo, referente indiscutible del indie nacional, suma este galardón a una trayectoria que ha marcado a varias generaciones con una mezcla de ruido, melodía, desencanto y una forma muy particular de convertir la fragilidad en canciones.
La entrega tuvo lugar en Toledo, durante la ceremonia de las Medallas de Oro al Mérito en las Bellas Artes 2024, presidida por los Reyes Felipe VI y Letizia. En el acto fueron reconocidas distintas figuras de la cultura española, entre ellas Carmen Machi, Aitana Sánchez-Gijón, Maribel Verdú, Elvira Lindo, Camela, Kase.O y José Mercé. En medio de ese listado, la presencia de Los Planetas tiene algo de justicia poética. Durante años fueron una banda de culto, de salas, de discos escuchados hasta rayarse y de letras que uno no siempre entendía del todo, pero que sabía que le estaban hablando directamente.
Los Planetas nunca fueron solo un grupo. Desde Granada, construyeron un sonido que parecía venir de otro sitio y, al mismo tiempo, hablaba de cosas muy cercanas. Sus canciones tenían guitarras que sonaban como tormentas, letras que parecían escritas después de una mala noche y estribillos capaces de quedarse incrustados en la memoria durante años.
Mi padre ya me lo dijo, que Los Planetas eran otra cosa. Y, como tantas frases de los padres, una tarda en entenderla del todo. Me pasé parte de mi infancia escuchándolos, quizá sin ser consciente de que aquellas canciones no eran simplemente música de fondo. Eran una educación sentimental algo ruidosa, una manera de aprender que la belleza también podía sonar rota, que una melodía podía esconder una herida y que no hacía falta cantar perfecto para decir algo verdadero.
Ese es uno de los motivos por los que este reconocimiento tiene una lectura que va más allá del premio. La Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes no solo distingue una carrera musical. También reconoce una influencia. Los Planetas ayudaron a cambiar la forma de entender el rock independiente en España y abrieron un camino que después transitaron muchas bandas. Su importancia no se mide únicamente en discos vendidos, sino en la cantidad de artistas, oyentes y escenas que crecieron bajo su sombra.
A comienzos de los años noventa, cuando el grupo empezó a consolidarse, el indie español no ocupaba el lugar que tiene ahora. No era un producto de festival, ni una etiqueta cómoda, ni una estética fácilmente reconocible. Era más bien un territorio en construcción. Los Planetas contribuyeron a darle lenguaje, personalidad y ambición. Lo hicieron con una identidad propia, lejos de las fórmulas más comerciales y con una relación muy particular con el ruido, la melancolía y la tradición musical.
La banda granadina convirtió la imperfección en estilo. Sus canciones no buscaban agradar a todo el mundo, y quizá por eso acabaron importando tanto a quienes sí entraron en su universo. En sus discos había amor, rabia, desorientación, deseo, pérdida y una manera de mirar la realidad desde los márgenes. Su obra forma parte de la memoria emocional de varias generaciones, incluso de quienes llegaron a ellos por herencia familiar, por un hermano mayor, por un amigo con buen gusto o por una cinta que sonaba en casa.
El reconocimiento institucional también dice mucho del momento cultural actual. Aquello que durante años fue considerado alternativo forma ya parte del relato oficial. La música popular, los festivales, las escenas locales y los grupos que nacieron lejos del centro han terminado ocupando un lugar fundamental en la cultura española. Que Los Planetas reciban esta medalla confirma que el indie dejó hace tiempo de ser una nota al margen.
Al final, mi padre tenía razón. Los Planetas eran otra cosa. Y ahora también lo dice el Estado.
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