El debut del proyecto formado por Miguelito García (Derby Motoreta’s Burrito Kachimba), Fran el Punky (Kelia, PuertoHurraco) y Jose Ugía (Derby Motoreta’s Burrito Kachimba, Kelia) no está construido como una colección de canciones independientes, sino como un relato conceptual de estructura circular en el que cada capítulo empuja al siguiente hasta que el desenlace vuelve a enlazar con el comienzo. Un western distópico de ciencia ficción protagonizado por un ser híbrido, mitad humano y mitad inteligencia artificial, que despierta solo en un planeta devastado y emprende un viaje para descubrir qué significa sentir.
A lo largo de una conversación con Revista Bando, Cervatana desgrana por primera vez la narrativa completa del álbum, explica el simbolismo de cada uno de sus capítulos y acompaña al lector en el mismo recorrido que hace su protagonista: desde el renacer inicial hasta el templo del techno, pasando por la aparición del antagonista, la búsqueda del amor y un final que no supone el cierre de la historia, sino el comienzo de un nuevo ciclo. También hablan sobre el proceso creativo del disco, el papel de la inteligencia artificial en el arte y la forma en la que un proyecto nacido entre Mérida, Guadalcanal y Sevilla ha acabado convirtiéndose en uno de los trabajos más interesantes en 2026.
Pregunta: ¿En qué se parece Cervatana a Mérida, Guadalcanal y Sevilla?
Miguel García: De Mérida toma una historia mitológica con vocación de clásico. De Guadalcanal, la cercanía y el olor a chimenea. Y de Sevilla, el sabor del sur.
P: Me he fijado en el mapa y las tres localidades están unidas por unos puntos que se asemejan al cinturión de Orión.
Miguel García: Me parece una noticia maravillosa que seguramente usaremos y te robaremos para siguientes capítulos.
P: ¿Qué papel juega la inteligencia artificial en la historia?
Miguel García: El protagonista es un hibrido entre un humano y una IA. Sin embargo, el mensaje que subyace es que el amor es lo que nos hace humano y es lo que salva al héroe de una muerte en soledad ya que busca una compañía con la que poder sentir las emociones que recuerda pero que no ha podido experimentar.
P: ¿Está el arte amenazado por la IA?
Fran Sánchez: A quien amenaza la IA es al arte mainstream y a la música que se basa en recursos repetitivos. La IA necesita tirar de una base de datos y por ello nunca podrá imitar a la vanguardia. Se nutre de ella y nunca podrá estar por delante. También creo que, a nivel creativo, la inteligencia artificial está muy lejos de poder acercarse a nosotros. Nunca podrá bajarse quince botellines en un chiringuito ni pasarse una noche al lado de la Giralda, dándole unas caladitas e imaginando mundos lejanos.
A través del amor, todo vuelve a renacer
P: ¿Cómo empezó Cervatana?
Fran Sánchez: La base de todo esto es la amistad que nos une y la cantidad de horas que pasamos juntos. Fue muy sencillo ponernos a trabajar los tres. Miguel llegó con el concepto del disco y, a partir de ahí, nos pusimos a pensar cómo llevarlo a la música. Todo fluyó de una forma muy natural y rápida, hasta el punto de sorprendernos a nosotros mismos por la compenetración que tenemos a la hora de trabajar. Gran parte del proceso creativo nació en Guadalcanal: escribiendo letras alrededor del brasero o compartiendo las migas que preparaba la abuela de José. Son entornos que te alejan de la ciudad y te dan una libertad creativa enorme. Siempre hemos trabajado así, sin imponernos límites ni levantar muros a las ideas, y creo que esa ha sido una de las claves del disco.
P: El arte visual también es muy interesante.
Jose Ugía: Durante todo el proceso del proyecto también hemos contado con Elena, la bailarina de Cervatana, que nos ha ayudado mucho en toda la parte creativa y de imagen. Además, nos pusimos en contacto con una diseñadora portuguesa, Bruna Rosas, porque nos gustaba muchísimo su trabajo. La verdad es que dio completamente en el clavo con el diseño del disco y con toda su identidad visual. Incluso creo que se acercó más de lo que nosotros mismos habíamos imaginado a lo que debía ser la imagen de este proyecto.
P: El disco comienza con Renacer.
Miguel García: Como el álbum plantea una historia infinita, nos pareció que ese título tenía todo el sentido. Todas las canciones están conectadas entre sí y la última enlaza con la primera, de manera que puede escucharse en un bucle continuo, igual que ocurre con Nonagon Infinity, de King Gizzard. La historia mitológica que contamos gira en torno a esa idea de que, a través del amor, todo vuelve a renacer y todo vuelve a empezar. Entendemos la muerte no como un final, sino como el paso necesario para que nazca una nueva vida. De hecho, ese es también el desenlace del disco.
P: Frente al héroe, el antagonista aparece en Amaltea IX. ¿Quién es en la historia?
Miguel García: El antagonista es un compendio de todos esos personajes que, a nuestro juicio, representa el libre mercado llevado al extremo. Podría tener la cara de Elon Musk, de Donald Trump o de cualquier dictador latinoamericano. En realidad, simboliza una forma de entender el mundo basada en explotar los recursos sin límites, sin sensibilidad y sin ningún tipo de control. Cuando dejas ese poder en manos de ese tipo de figuras, las consecuencias pueden ser muy graves. Es una visión deliberadamente pesimista, pero también una llamada de atención: creemos que, si esa lógica sigue dominando la sociedad, el desenlace puede ser muy preocupante.
Todo funciona por ciclos
P: Meltis es el tema más rupturista dentro del álbum. ¿Cómo llegáis a este sonido intimista?
Jose Ugía: En este disco hemos querido navegar por distintos estilos de música electrónica que los tres compartimos y disfrutamos. Nos interesa tanto la vertiente más orientada al club como la más íntima, con referentes como James Blake, Moderat o Apparat, que hacen una electrónica de vanguardia mucho más reposada. Por eso, incluir un tema más íntimo no respondía a la necesidad de equilibrar el disco con una canción tranquila, sino a una decisión conceptual. Incluso antes de empezar a componer teníamos claro que queríamos construir un viaje, y ese recorrido necesitaba pasar también por ese lugar.
P: Tras esta calma, La Bomba.
Jose Ugía: No salió tan rápida como Meltis. Hemos tenido la suerte de que, desde el principio, teníamos muy claro hacia dónde queríamos llevar las canciones. Todo salió con bastante rapidez porque el camino estaba muy definido. En el caso de La bomba, sabíamos que tenía que ser un tema mucho más enérgico y directo, con ese impulso que empuja el disco hacia delante. Teníamos claro el rumbo y simplemente fuimos a por él.
P: La Bomba dice: "El desierto borra los pasos que escribo al caminar. Echo a correr y no se cuál es mi destino ni a donde lleva”.
Miguel García: Es una imagen poética de lo que está viviendo el protagonista. Está atravesando un lugar completamente inhóspito, solo, consciente de que avanza hacia su destino, aunque todavía no sabe exactamente qué está buscando. En esa canción recibe una especie de impulso, como si se encendiera un piloto en su interior, que lo empuja a seguir esa llamada que acaba de sentir. El problema es que recorre unos páramos completamente desolados. La humanidad ha sido arrasada y no queda rastro de vida. Ese contraste entre la devastación del mundo y la esperanza que despierta en el protagonista es el que sostiene toda la escena.
P: El capítulo V se divide entre La Caída y El Templo.
Fran Sánchez: Cuando el protagonista siente ese impulso, acaba llegando al lugar que nosotros concebimos como el templo del techno. En cuanto suena la canción se entiende perfectamente. Esa llamada lo conduce hasta allí y es precisamente en ese espacio donde vuelve a surgir la vida. Teníamos muy claro ese pasaje desde el principio. Nos lo imaginábamos con muchísima nitidez y sabíamos que no iba a ser una estructura estándar ni comercial. Hay casi dos minutos de desarrollo instrumental, con apenas un par de frases, pero es que ese tipo de transiciones nos apasionan. No nos daba miedo dedicarles el tiempo que hiciera falta. Hans Zimmer ha sido una referencia importante para nosotros en ese sentido. Queríamos construir una transición larga, limpia y cinematográfica, que llevara al oyente de un lugar a otro de forma natural hasta desembocar exactamente donde queríamos.
P: El final es optimista.
Miguel García: Es un final feliz porque el mensaje de fondo es esperanzador. El amor da lugar al nacimiento de una nueva raza humana cuando todo parecía condenado a desaparecer. El protagonista muere después de completar el viaje en busca de su destino, pero es precisamente cuando experimenta el amor cuando se desencadena ese renacimiento: de su vientre nace una nueva humanidad. Al mismo tiempo, la historia vuelve a empezar. La idea es que todo funciona por ciclos, una visión que ya estaba presente en los poemas místicos de la India hace miles de años. Los ciclos se cierran y vuelven a abrirse una y otra vez. Nos parecía una idea muy bonita con la que terminar el disco y un mensaje importante que transmitir.
P: Me parece un disco que permite escucharlo en soledad y, al mismo tiempo, rodeado de amigos.
Miguel García: La mejor forma de escuchar el disco es ponerse unos cascos, aislarse y prestarle toda la atención posible. Pero, para nosotros, el ritual no termina ahí. Se completa cuando lo tocamos en directo delante de la gente. Aunque sea un disco con mucha profundidad, cargado de simbolismo y de mensajes ocultos, también está pensado para bailar. Y eso culmina con El Cazador, la última canción. Ahí ya toca tirarse al barro, dejar de pensar, mover las caderas, besar a quien tengas al lado y disfrutar. En el fondo, este también es un disco de baile.
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