Un escándalo periodístico, en manos de un profesional aclamado que, finalmente, se sumergió en una ristra de falsificaciones de las que no pudo salir lleva la mentira a tal extremo que afecta a su vida personal: ¿Cuánto conocemos realmente a nuestra pareja? Esta es la pregunta vertebral que construye la tercera novela de Paula Klein, 'El amor inventado', ganadora del Premio Lumen de Novela de 2026. La escritora argentina y profesora en la Université Clermont Auvergne lleva años investigando los límites entre ficción y no ficción, una frontera que aquí traslada tanto al periodismo como a las relaciones sentimentales. La mentira, el autoengaño, la maternidad, las renuncias dentro de la pareja o la posibilidad de convivir con zonas de opacidad sirven como ingredientes de introducción a esta novedad literaria.
PREGUNTA (P): El eje central de la novela encuadra una premisa contradictoria: el periodismo inventado. ¿Síndrome del impostor llevado al extremo?
RESPUESTA (R): Trabajé sobre casos de periodistas, de reportajes internacionales, multipremiados, que habían falsificado todo. Más que síndrome del impostor son verdaderos falsificadores. Los casos que realmente pasaron fueron personajes que le hicieron mucho mal al mundo del periodismo y a la credibilidad en la prensa. Todo el tiempo estamos confrontados a fake news, gente que se informa en redes, gente que escucha a cualquier persona en TikTok que no se sabe quién es, porque descreen de los periodistas.
Después está el costado de qué pasa cuando alguien miente profesionalmente, pero también miente compulsivamente en la pareja, en su vida personal, en sus relaciones afectivas. Charles -el protagonista- es alguien que va a ir mostrando cada vez más capas y capas de mentiras. Y su mujer se enfrenta a preguntas como ‘¿Quién es este hombre? ¿Con quién estoy?’.
P: Quizás estamos hartos de tanta actualidad y duras realidades. Lo inventado puede llegar a ser divertido, pero en tiempos de bulos, ¿no cree que la falsificación es situarse en terreno peligroso?
Dice mucho de nuestra época plantearnos qué queremos como lectores: ¿queremos leer historias redondas? Son falsas, no existen. Una historia redonda, blanco y negro, los buenos, los malos, no existen. Querés a alguien que te ficcionalice la realidad que sirva para quedarte tranquilo, afianzar lo que piensas de la realidad y te alimentan con lo que quieres.
El otro tema es de súper actualidad porque está la IA en todo: en el periodismo, hasta qué punto las notas que leemos no las escriben la IA, en literatura. El caso de Therisson Aurelien, un escritor de Haití, que está generando un escándalo mundial en Francia porque ganó el premio FNAC, y era todo escrito por IA, y estaba nominado en todos los premios más importantes franceses. No tengo un juicio ético para nada sobre el hecho de usar o no IA, pero para mí el problema tiene que ver con la mentira, no decir lo que estás haciendo. La pregunta es qué le pasa al lector que quiere consumir ese tipo de material redondo, sin fisuras, que te muestra una visión maniqueísta de la realidad.
El escritor, ya sea de ficción con IA, o un periodista que engaña, ficcionaliza y falsifica, son completamente conscientes de lo que hacen. No creo que se estén engañando a sí mismos. El punto interesante de la novela es que él es consciente de lo que hace profesionalmente, pero en el plano íntimo, las mentiras más personales, ahí tal vez sí él se cree las mentiras que va diciendo, es un personaje que es una sedimentación de mentiras hasta el punto de que podrías ir hurgando y ya no queda nada de él. Esas mentiras personales sí te las podés creer, pero no en el pacto de honestidad del periodismo, de reírse de la gente.
P: Esto va de la mano con el auge de la inteligencia artificial y los riesgos que trae consigo. ¿De qué manera cree que nuestra relación con la verdad está cambiando?
Es un tema terrible. Pone en cuestión todo lo que nos define como humanidad y es tan rápido que no nos da ni tiempo de pensarlo. Hasta hace poco se pensaba que las artes eran el último reducto que va a resistir frente a la IA y a las mentiras, pero nos estamos dando cuenta que las máquinas, con una persona atrás que le hable bien, escribe mejor que la persona escribiendo sin la máquina. Ya decretamos la muerte del autor de Roland Barthes, pero ahora estamos frente a la muerte del lector. El peligro de todo esto es que la gente diga, ‘bueno, si solo estamos leyendo a máquinas, no leo más’.
Ahora se tiene esa sensación de que empiezas a leer un artículo de prensa y dices, ‘me suena a IA’, y acabas no leyendo. Nos informamos por microcápsulas de alguien hablándote, que puede ser un conspiracionista, un loco o cualquier cosa. Solo porque querés que te hable alguien, porque ya ese efecto de lectura de lo escrito ya te genera como duda. Solo espero que nos sigamos informando, pero habrá que reforzar un poco las barreras que permiten determinar que no es engaño o fake news.
P: Hay ciertos detalles que recuerdan a la estructura de un true crime sin haber un crimen de por medio. ¿Por qué nos apasiona tanto una gota de violencia e intriga ajena?
R: Me gustó pensar que el protagonista desaparece, aunque no haya crimen, hay una ausencia. Aparece la lógica del thriller con la mujer abandonada, que es directora de documentales, y de repente se desespera: ‘Tengo que encontrar a este tipo. ¿Por qué? ¿Me dejó? ¿Me abandonó? ¿Quién es? ¿Por qué me hizo esto? Lo voy a hacer pagar’.
Y por otro lado, a esa lógica más thriller de dónde está toda la reconstrucción en pasado, es lo más poético. Con momentos mucho más afectivos, de calma, va a tratar de detener la realidad, su recuerdo, como si parara una película. Se va a contar el pasado desde que lo conoció y va a revivir ese pasado para intentar entender en qué momento se produjo en él ese cambio que lo transforma en el falsificador.
Somos máquinas de producir ficción porque sin eso no podemos vivir, de poner un poco de poesía en una realidad que puede ser muy áspera
P: Esta premisa se lleva a lo personal, a lo íntimo. ¿Cuánto de lo que decimos o construimos en torno a nosotros mismos es verdad?
R: ¿Cuánto es mentira? En todos los planos profesionales, personales, afectivos, nos contamos historias. Ahí forzosamente pasa la subjetividad, podemos contar la realidad desde un montón de puntos de vista. Somos máquinas de producir ficción porque sin eso no podemos vivir, de poner un poco de poesía en una realidad que puede ser muy áspera, muy cruda. Y sobre todo en el amor o en las relaciones afectivas o con un hijo. Todos necesitamos esas ficciones, es imposible escapar. Pero qué pasa cuando esa ficción se transforma en un engaño realmente voluntario y el mal que le hacen las mentiras a las relaciones sociales.
P: ¿La sinceridad tiene un límite? Suele decirse en las relaciones de pareja que se guarda cierto secretismo, pero dónde está el límite del engaño.
R: La protagonista lo dice un momento: ‘Yo quería estar enamorada de alguien que yo supiera que nunca iba a terminar de conocer’. Hay algo de esa reflexión sobre el amor más pasional, no el amor conyugal, está basado me parece en esas mentiras. Para que se construya una verdadera intimidad de pareja o de amistad tiene que haber una parte en la que vos sientas que hay algo que se te está escapando del otro y como que te atrae al mismo tiempo. El problema es hasta dónde ese silencio y cómo mantener ese ámbito pequeño en el que vos hay algo que no compartís y cómo hacerlo convivir con una relación sana, basada en la verdad, en la honestidad.
P: La lectura gira en torno a una pregunta que todos, en una relación, nos la hemos hecho alguna vez. ¿Conozco de verdad a mi pareja o realmente conoces a la persona en una ruptura?
R: La pregunta es qué nos dice de nosotros todo lo que no vamos queriendo ver. Todos nos vamos dando cuenta cuando una relación empieza a ir mal, pero por algún motivo preferís no verlo o embellecerlo con una ficción. Frente a la ruptura y la desaparición no queda más que chocarte la cabeza contra la pared. En toda ruptura amorosa hay eso de ¿por qué no lo vi?
P: En contraposición a esto, siempre tendemos a fijarnos en lo ajeno, y dibuja en la novela el caso de una pareja mayor con un matrimonio de 60 años. ¿Queda algún resquicio de amor después de tantos años?
R: Me fascinan las parejas que llegan hasta muy ancianos, siempre me pareció como muy milagroso, gente que logró sobrellevar todas estas cosas que pueden pasar en una vida -tragedias, mentiras, crisis económicas, problemas- y llegar al final. Es lo que todos soñamos un poco, hay algo de querer sentir que va a haber alguna relación que va a durar para siempre y por eso queremos tener hijos. Me interpelan mucho esas relaciones que se supone que van a durar para siempre, hay una construcción muy paciente, hay que ser muy honesto y tener muchas cualidades para que eso funcione.
P: ¿Somos ahora mucho más individualistas porque exigimos más y no permitimos tanto como antes o la estructura de las relaciones de ahora nos han llevado a este punto?
R: Somos muy individualistas. Hay una mezcla entre crisis económica, inestabilidad, el hecho de que llegas a casa muy tarde, sin poder proyectarte profesionalmente o con muchas dificultades para ver cómo vas a vivir, de qué vas a vivir, cómo vas a comer, cómo vas a pagar tu alquiler. Todo eso ya de por sí te fragiliza como ser humano y plantearte una relación. Por otro lado, con tener una pareja vas a renunciar; con tener un hijo vas a renunciar; pero son experiencias que te pueden enriquecer muchísimo también la vida, a veces complicarte la vida te hace tener vivencias más fuertes y complicadas, vitalmente que te atraviesan, lucha por construir algo.
Es difícil, es un lujo hoy en día no usar la IA
P: Sobre el Premio Lumen que se ha llevado la novela, ¿lo asume como un paso más en su carrera o como algo que le podrá abrir nuevas puertas?
Muchísima felicidad e incredulidad porque uno nunca imagina que va a pasar algo bueno, uno vive la vida pensando que va a pasar desgracia no van a pasar cosas malas. Eso fue increíblemente feliz además cuando escribir es algo muy solitario, en general nunca te lee nadie, estás ahí solo con tu libro, pero una lo hace por pasión no para nada. Ojalá que le dé una vida un poco más amplia de lo que puede tener un libro que es tan difícil con todo lo que se publica, que la gente lee que no hay tiempo para leer, que todos creemos que están hechos por las máquinas.
P: Al tener más bagaje más allá de España, como en Argentina y en Francia, ¿cómo ve ahora mismo el panorama de la lectura y cómo cree que está el escenario actual de nuevo por el auge de la IA y el hecho de que nos ha convertido en más inmediatos?
R: Soy profesora de literatura y me enfrento todos los días con la cruel realidad de que cada vez los más jóvenes no tienen la capacidad mental de sentarse y tomar el tiempo y no estar mirando el teléfono y hacer una lectura larga. Estamos externalizando cada vez más funciones en las máquinas, en la IA, ya nos pasó con Internet, pero ahora es mucho más amplio, estamos perdiendo esa capacidad de concentración.
A veces que digo, ‘ay que vergüenza, un amigo publicó algo y no me dio el tiempo de leerlo’. No se puede leer todo, pero puedes decir que un libro te atrapó y te tomó tu tiempo, no leer sólo así tomar ese tiempo incluso si ese tiempo implica, voy a leer uno y no diez. Es un lujo, no podemos hacerlo los que trabajamos, en mi caso al ser profesora de literatura sí puedo leer alguno este semestre. Pero digo que es un lujo porque hoy en día, frente a la IA, el verdadero lujo es poder escribir a mano y es poder leer en profundidad. Es una cuestión de clase, si tenés que trabajar y tenés que cumplir un montón de cosas, no podés; si sos una aristócrata, podés. Mi sueño sería eso volver a escribir a mano leer, encerrarme que no me moleste nadie, me encantaría ganar ese tiempo, me parece el lujo máximo.
Entrenar la mano, traducir recopiar, trabajé mucho en archivos me fascinan los archivos, trabajé mientras hacía mi doctorado en bibliotecas con archivos muy hermosos, la comprensión que te da copiar a la mano, transcribir un texto, el tiempo que pasas transcribiendo y lo que en tu mente se activa es algo que con la instantaneidad de preguntarle a la máquina estamos perdiendo capacidades mentales. El lujo sería tener el tiempo de volver a activar el cerebro por estas actividades manuales que nos ayudan a pensar, me da miedo por los chicos que nazcan con esto y que no quieran hacer ese esfuerzo, van a ser generaciones de idiotas. Es difícil, es un lujo hoy en día no usar la IA.
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