Alvise Pérez ha encontrado un nuevo frente de controversia, esta vez lejos del Parlamento Europeo y en un terreno poco habitual para el líder de Se Acabó La Fiesta. Su faceta de escritor ha quedado bajo sospecha después de que una investigación de El País atribuya a la inteligencia artificial el 97% del contenido de su libro Devuélveme mi país, publicado a comienzos de este año. El ensayo político, que llegó a ocupar el primer puesto de ventas en Amazon España el pasado febrero, presenta numerosos patrones que una herramienta especializada identifica como propios de textos generados mediante IA. El eurodiputado, sin embargo, rechaza las conclusiones y asegura haber escrito personalmente toda la obra.
La investigación ha examinado 119 libros populares publicados entre 2025 y 2026 mediante Pangram, un programa diseñado para detectar posibles contenidos generados artificialmente. Entre las obras analizadas aparecen títulos presentes en las listas de los más vendidos de Amazon y Casa del Libro, así como ganadores de premios literarios. Los resultados sitúan el libro de Alvise entre los casos con mayor proporción de texto identificado como artificial.
El porcentaje resulta llamativo, aunque necesita una aclaración importante. Que Pangram atribuya el 97% del libro a una máquina no demuestra que Alvise haya delegado toda su escritura en ChatGPT u otra herramienta similar. El programa analiza características del lenguaje y calcula qué partes se asemejan a textos producidos mediante inteligencia artificial. No puede determinar quién introdujo las instrucciones, si existía un borrador previo o hasta qué punto hubo intervención humana.
Alvise niega haber utilizado la IA para escribir su libro
Tras conocerse los resultados, el eurodiputado respondió a El País mediante un correo electrónico que también difundió en sus redes sociales. En su contestación, presentada como elaborada por su propio asistente de inteligencia artificial, defendió que había escrito el libro palabra por palabra y rechazó la conclusión del análisis.
El político recurre públicamente a un asistente de IA para contestar a una investigación que cuestiona, a partir de un detector, el origen humano de su obra. Esto no demuestra que utilizara esa misma tecnología para escribir el libro, pero sí ilustra hasta qué punto estas herramientas se han integrado en la comunicación política.
Uno de cada tres superventas autopublicados presenta un uso mayoritario de IA
El caso de Alvise no aparece aislado. La investigación identifica 35 libros con algún indicio de contenido artificial entre los 119 títulos recientes examinados, aproximadamente un 29% de la muestra. En 13 de ellos, la herramienta atribuye a la IA más de la mitad del texto. Todos estos últimos pertenecen al mercado de la autopublicación, un sistema que permite comercializar obras sin pasar necesariamente por los procesos tradicionales de revisión de una editorial.
Para comprobar la fiabilidad de los resultados, los investigadores analizaron además 56 libros publicados en 2019 y 2020, antes de la popularización de los actuales modelos generativos. Ninguno presentó indicios de IA. También sometieron al detector textos producidos deliberadamente con distintas herramientas de inteligencia artificial, que fueron identificados como artificiales.
La investigación deja al descubierto una transformación del mercado editorial. Las herramientas generativas permiten producir grandes cantidades de texto con una rapidez impensable hace pocos años, mientras plataformas como Amazon facilitan la publicación y distribución de libros sin intermediarios tradicionales. La combinación plantea interrogantes sobre la transparencia con los lectores, los derechos de autor y las condiciones de competencia para quienes dedican meses o años a escribir una obra.
Utilizar inteligencia artificial para elaborar un libro no es, por sí mismo, ilegal. Tampoco implica necesariamente que su contenido carezca de valor. La cuestión cambia cuando el comprador desconoce hasta qué punto ha intervenido una máquina o cuando la presentación comercial de una obra puede inducir a pensar que existe un proceso creativo diferente del real. Amazon exige a los autores que declaren determinados contenidos generados mediante IA, aunque distingue ese supuesto del uso de herramientas como asistentes de corrección o edición.
Por ahora, lo acreditado es que una investigación periodística ha encontrado indicios especialmente elevados de generación artificial en el libro de Alvise y que el eurodiputado niega haber recurrido a esa tecnología para escribirlo. No existe una demostración independiente de cómo se elaboró el manuscrito. La polémica, en cualquier caso, deja una pregunta que ya trasciende al político y a su ensayo. En un mercado donde una máquina puede redactar cientos de páginas, los lectores tienen cada vez más motivos para preguntarse quién está realmente detrás de la firma que aparece en la portada.
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