La psicóloga venezolana Laura Santander presenta su primer libro Volver a ti”, una obra que nace de su experiencia acompañando a mujeres en un trabajo de entendimiento de su propia existencia. Radicada en España desde hace tiempo, Santander estructura su obra en los ciclos biológicos de la mujer, así como en los paradigmas que la sociedad le ha adjudicado. La autora advierte que, ante los avances que en este siglo protagoniza la mujer, “el machismo no ha desaparecido; ha mutado, se ha reacomodado y en algunos contextos se ha vuelto incluso más reactivo. Cuando ciertos privilegios se ven cuestionados, también aparecen respuestas más agresivas, más burdas o más sofisticadas para intentar restaurar el control”.

Pregunta: - ¿La sociedad actual pareciera tener un fuerte agotamiento? ¿Lo ves así?
Respuesta: - Sí, claramente. Vivimos en una cultura que ha convertido la rapidez, la productividad y la disponibilidad permanente en una medida de valor. Eso tiene un costo humano enorme. Hay un agotamiento que ya no es solo físico: es mental, emocional, vincular y existencial. La gente está cansada de sostener ritmos que no dialogan con la vida real del cuerpo ni con la necesidad de sentido. Y muchas veces ese cansancio ni siquiera se reconoce a tiempo, porque se ha normalizado vivir tensos, acelerados y desconectados de una misma.

P: - ¿La mujer podría representar un cambio dentro de ese agotamiento?
R: - Podría, pero no porque la mujer tenga que cargar también con la misión de salvar a la sociedad, sino porque cuando una mujer se reconecta consigo misma cambia profundamente su forma de vivir, de vincularse, de maternar, de trabajar, de liderar y de sostener a otros. Si la mujer deja de vivir desde la pura exigencia y empieza a habitarse con más conciencia, ese cambio se expande. La transformación femenina no es solo individual: tiene un impacto social, relacional y cultural. Por eso me interesa tanto hablar de la mujer no solo como víctima del agotamiento contemporáneo, sino también como posibilidad de conciencia y reordenamiento.

P: - ¿En qué consiste tu trabajo de acompañamiento?
R: - Mi trabajo consiste en acompañar a las mujeres a volver a sí mismas, a reconectar con su bienestar físico y psicológico. A veces llegan agotadas, vacías, llenas de responsabilidades y muy desconectadas de su cuerpo, de sus emociones o de su voz interna. Otras veces llegan después de una pérdida, una crisis, una ruptura o un cambio vital que las obliga a preguntarse quiénes son ahora. Mi acompañamiento busca ayudarles a comprender lo que sienten, a identificar patrones que han sostenido por supervivencia, a reconectar con su mundo emocional y corporal, y a reconstruirse desde un lugar más honesto, más compasivo y más coherente con quienes son.

P: - Como psicóloga, en lo que va de siglo, ¿observas cambios favorables para la mujer?
R: - Sí, observo avances importantes. Hay más lenguaje, más conciencia, más acceso a información, más conversaciones sobre salud mental, más cuestionamiento de ciertos mandatos y una mayor legitimidad para hablar de temas que antes se vivían en silencio. Muchas mujeres se permiten hoy nombrar lo que sienten, revisar sus vínculos, cuestionar sus cargas y desear una vida más propia. Eso es un cambio muy valioso.

Pero al mismo tiempo, esos avances conviven con resistencias, con retrocesos y con una exigencia nueva: la de ser libres, fuertes, exitosas, conscientes y emocionalmente disponibles al mismo tiempo. Hemos ganado espacios, sí, pero no siempre hemos ganado descanso.

P: - ¿Observas nuevas cargas para la mujer?
R: - Por supuesto, a las cargas tradicionales se les han sumado otras nuevas. La mujer ya no solo sostiene lo doméstico, lo afectivo o lo familiar; ahora también debe autorrealizarse, rendir, cuidarse, emprender, verse bien, tener criterio, ser independiente y gestionar emocionalmente su entorno. Muchas viven una doble o triple jornada, no solo en lo concreto, sino en lo mental. La carga invisible sigue siendo enorme. Y a veces la sensación es esta: hemos ampliado el campo de acción de la mujer, pero no siempre hemos redistribuido el peso que lleva encima.

P: - Has escrito un primer libro. ¿Qué significa “Volver a ti”?
R: - Significa dejar de vivir tan lejos de una misma. Significa detenerte, escuchar lo que has postergado, reconocer lo que sientes, revisar qué parte de tu vida ya no te representa y empezar a habitarte con más verdad. No es un gesto superficial ni una consigna bonita. Es un proceso profundo de reconexión con el cuerpo, con las emociones, con la historia personal, con los ciclos internos y con el sentido. Para mí, volver a ti no es inventarte una mujer nueva: es recordar a la que has sido debajo de la exigencia, del miedo, del mandato o de la costumbre.

P: - Tu obra habla de los ciclos de la mujer asociados con los ciclos de la naturaleza. ¿En la comprensión de esos ciclos está la salida individual y colectiva?
R: - En parte sí. No como una respuesta mágica ni como una explicación única, pero sí como una vía de reconexión muy poderosa. Durante mucho tiempo se nos enseñó a vivir de forma lineal, como si tuviéramos que rendir igual todos los días, sentir igual, responder igual, producir igual. Y eso no se corresponde con la experiencia real de muchas mujeres. Comprender la naturaleza cíclica —biológica, emocional, psíquica, vital— permite dejar de pelear con el cambio, con la pausa, con la transformación. A nivel individual eso trae más conciencia y menos culpa. A nivel colectivo, podría ayudarnos a construir culturas menos violentas con el tiempo, con el cuerpo y con los ritmos humanos.

P: - En medio de la cultura del exhibicionismo, redes sociales, apariencias, etc., ¿volver a ti, al ser, es la opción?
R: - Más que una opción, empieza a volverse una necesidad. Vivimos en una época que empuja mucho hacia afuera: exposición, rendimiento, imagen, comparación, estímulo constante. En ese contexto, volver a ti es un acto de resistencia y de salud mental. Es recuperar un centro interno que no dependa por completo de la validación externa. Es preguntarte quién eres cuando nadie te mira, qué deseas de verdad, qué te duele, qué te nutre, qué te agota. Volver a ti no significa aislarte del mundo, sino dejar de vivir únicamente a merced de su ruido.

P: - ¿Vendrán más libros?
R: - Estoy en ello. Volver a ti abre una conversación que para mí no termina aquí. Hay muchos temas que siguen latiendo: la reinvención femenina, el cuerpo como memoria, los ciclos de transformación, la identidad después del quiebre, la relación entre conciencia y propósito, la mujer que se reconstruye sin dejar de ser ella. Este primer libro no ha sido un cierre, sino una puerta. Y cuando una puerta se abre de verdad, lo natural es que aparezcan nuevas preguntas, y con ellas, nuevos libros.

P: - ¿Crees que ha crecido el machismo en los últimos tiempos?
R: - El machismo no ha desaparecido; ha mutado, se ha reacomodado y en algunos contextos se ha vuelto incluso más reactivo. Cuando ciertos privilegios se ven cuestionados, también aparecen respuestas más agresivas, más burdas o más sofisticadas para intentar restaurar el control. A veces se expresa de forma abierta; otras, de maneras más sutiles: deslegitimando la experiencia de las mujeres, ridiculizando sus demandas, penalizando su voz o exigiéndoles una perfección imposible. También veo algo preocupante: en tiempos de incertidumbre, hay sectores que intentan volver a modelos muy rígidos de género como si ahí hubiera seguridad. Por eso creo que no basta con decir que hemos avanzado; también hay que estar atentas a las resistencias y a los retrocesos. Esto tiene que ver con los ciclos que hablábamos antes, todo va y viene, la naturaleza cíclica nos da muchas luces sobre los cambios sociales, el ir y venir constantes hasta que cambiemos el paradigma y evolucionemos como sociedad.

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