La escritora cántabra Greta Alonso vuelve a las librerías con 'El asesino de invierno' (Planeta), su tercera novela, un thriller de tono sombrío que parte de una investigación policial y acaba entrando en cuestiones como la culpa, el miedo, el trauma y la responsabilidad compartida. Entrevistada por ElPlural, la autora nos cuenta que se trata de una historia con “mucha crítica social”  que tiene que ver, sobre todo, con el desenlace de la novela, basado en un hecho real del que no damos detalle para no destripar el relato. 

La novela está ambientada en una ciudad industrial del norte, inventada por la autora, y tiene como protagonista al inspector Martín Benot, que regresa a su lugar de origen para asistir al funeral de su madre. Se verá arrastrado a una serie de crímenes marcados por una imaginería ritual inquietante. A partir de ahí, la historia combina pesquisa policial, elementos forenses y una mirada muy atenta a la psicología de los personajes, en una trama que no se limita a averiguar quién mata, sino que también se pregunta qué tipo de sociedad permite que determinadas formas de violencia echen raíces.

A esa publicación se suma una novedad personal: después de sus dos primeras novelas, Greta Alonso ha decidido dejar atrás su anonimato y mostrarse públicamente ante sus lectores. “Me sentía como una impostora”, reconoce esta Ingeniera en Química y, además, psicóloga, nacida en los años 80 en Cantabria. 

Greta Alonso, que trabaja como ingeniera y no contempla la posibilidad de dedicarse en exclusiva a escribir, nos ha hablado de su proceso creativo —“yo cocino a fuego lento”—, del peso que tienen los personajes en sus historias y de su interés por las causas del mal. "Hay personas que disfrutan del sufrimiento de los demás, algo que tiene mucho que ver con la personalidad psicopática", explica para añadir que de todo esto hay mucho en su novela.

Greta Alonso: "Me sentía como una impostora"

P.- ¿Por qué has decidido salir a la luz con nombre y apellidos?

R.- He leído mucho desde pequeña y para mí el mundo literario era como un mundo fantástico, maravilloso, como de otra dimensión. Me dio mucho vértigo verme ahí y por eso usé el pseudónimo, pero al final se convirtió en una carga. Tenía la sensación de estar a medio gas, sin poder interactuar con los lectores, ni contarle a la gente conocida de mi entorno lo que hacía. Me sentía como una impostora, como si estuviera comentiendo un acto casi delictivo y ese malestar me animó a dar el paso. Con mi tercera novela he decidido salir de las sombras y me he quitado un peso de encima. 

Hay autores que sacan un libro al año, pero yo cocino a fuego lento

P.- ¿Te gustaría dedicarte exclusivamente a la literatura?

No sé si podría porque tendría la presión de escribir para comer. Hay autores que sacan un libro al año, pero yo cocino a fuego lento. Si tuviera la presión de tener que escribir conforme a unos plazos, no tendría la libertad de la que gozo ahora. La creatividad no es una tecla que pulsemos y podamos activarla o desactivarla. Así estoy muy bien: tengo mi trabajo, cuando me apetece escribo, no tengo plazos ni precontratos, lo envío a la editorial y, si les gusta, lo publican. Por mi forma de ser, es la mejor forma de funcionar. Necesito estar muy motivada, tener ya la historia muy cuajada antes de pasarla papel.

P.- ¿Estás ya con algún otro proyecto?

R.- Esta novela la terminé en septiembre de 2024 y llevo más de un año sin escribir. Tengo ideas, pero la historia no está madurada como para sentarme a darle forma. Si viviera de esto, desde luego, me moriría de hambre.

Aunque la trama tiene mucho peso no descuido a los personajes que creo son mi punto fuerte,

P.- ¿Qué vamos a encontrar en 'El asesino de invierno'?

R.- Es una novela negra. con tintes de thriller porque es muy rápida. Vas a encontrar una trama muy ágil desarrollada en capítulos cortos. Aunque la trama tiene mucho peso no descuido a los personajes que creo son mi punto fuerte, como lo han sido en mis otras dos novelas. 

La novela comienza con la aparición de un cadáver, que tiene la cabeza envuelta en un sudario antiguo al que se le han cosido unos dientes de animal y unas bolas como si fueran los ojos, hay también trozos de corteza de árbol y de panal de abeja. Muy pronto los investigadores descubren que está relacionado con unos antiguos rituales, las mascaradas de invierno, que se celebran después del solsticio de invierno, cuando los días empiezan a alargar y aumenta la luz. Es una manera de exorcizar todo lo negativo, expulsar lo malo. Son unas fiestas que se cree provienen de los celtas o de los sumerios, muy antiguas en todo el norte de Europa, desde Irlanda hasta Valaquia. El ritual es una manera de borrar lo anterior: se liberan las bajas pasiones para que pueda entrar lo nuevo.

Ese es el punto de partida, pero hay un giro en la novela que cambia la composición de lugar de los investigadores y la hace diferente. Tenemos mucha investigación forense, científica y policial. 

P.- Dices que tu fuerte son los personajes, el protagonista no es el típico inspector de policía de la novela negra.

R.- El protagonista principal es Martín Benot, un inspector de la policía, a quien conocemos de niño, porque doy unas pinceladas en la novela de su infancia. Era un niño con muchos ideales, ilusiones, muy curioso y alegra. Ahora vemos a un hombre que ha vuelto a Tesalia por el funeral de su madre. Se había autoexiliado de esta comarca a Madrid por un acontecimiento que tuvo lugar hace 5 años y cuando sus superiores le encargan el caso, está deseando irse porque hay algo que le pesa mucho en esta ciudad. A lo largo de la novela evoluciona, crece y va superando su pasado recuperando la ilusión de la infancia. En ese sentido es una novela también un poco de crecimiento. 

A veces las personas miramos a otro lado cuando hay algo que no nos gusta

Hay mucha crítica social, algo característico de mis historias. A veces las personas miramos a otro lado cuando hay algo que no nos gusta. Esto tiene mucho que ver con el desenlace de la novela, que lo he basado en un hecho real muy dramático en el que vemos la complicidad silenciosa de la mayoría. A veces muchas personas en una comarca pequeña han oído cosas, tienen información y callan, miran para otro lado, no porque no puedan averiguar la verdad, sino porque a veces no interesa. Preferimos vivir un poco anestesiados y eso lo traslado a ficción. Son personajes cuyas vidas no van en consonancia con sus ideales o con las ambiciones que tenían cuando eran más jóvenes, sin atreverse a dar pasos dolorosos y tomar decisiones que a medio largo plazo serían beneficiosas.

P.- Hablas de los personajes como si los tuvieras sentados en el salón de tu casa. ¿Te has inspirado para construirlos en personas reales?

R.- No, esto sería un poco tramposo por mi parte, pero sí es cierto que soy muy observadora. Me fijo en las personas anónimas que veo y fabulo mucho, me imagino cómo serán sus vidas. No lo hago conscientemente, me sale solo desde niña. 

Cuando me siento a escribir los personajes llegan a sorprenderme a mí misma. Es como si los fuera conociendo a medida que avanza la trama y toman decisiones que yo no había previsto. Eso me divierte.

Hay un personaje muy interesante que es Cecilia Flores, la forense que hace las autopsias a los cadáveres. Esta mujer tiene también una historia, tiene un trastorno mental, un trastorno obsesivo y no espera mejorar para hacer cosas: las hace y gracias a eso, mejora. Es decir, no permite que ese problema la defina. Es un personaje con mucha fuerza, que impulsa a esforzarse, tirar para adelante y no dejarse hundir por los acontecimientos.

P.- ¿Te cuesta despedirte de tus personajes?
R.- Mucho. De hecho, estos personajes están conmigo todavía, no he podido deshacerme de ellos. Están aún en mi cabeza y creo que es uno de los motivos por los que no me he podido sentar a escribir otra novela.

P.- ¿Podrían tener continuidad?
R.- No lo creo. Mis tres novelas son independientes, están cerradas y me da mucha libertad trabajar con personajes nuevos en cada trama. Cuando empiezo una novela me gusta tener libertad absoluta para crear. Aquí he tenido incluso la posibilidad de inventarme un lugar, Tesalia, que es una ciudad ficticia del norte con rasgos de Gijón, de Bilbao, Avilés, Torrelavega y Reinosa, donde hubo mucha lucha obrera en el año 87, cuando cerraron un montón de acerías. Quien lea la novela y conozca estos lugares los va a reconocer, pero también hay lugares o edificios que me he inventado. Es como si hubiera creado una ciudad ideal en la que a mí me gustaría vivir. Aparece Santander, también San Pedro de Cervatos, que es una iglesia preciosa que tenemos aquí en el norte, aparece también Trasvía... 

P.- ¿Y por qué el nombre de Tesalia?
R.- En Torrelavega, que es la ciudad en la que vivo, confluyen dos ríos cántabros que son el Saja y el Besaya. Hay un punto en el que se encuentran y luego ya desembocan juntos en el mar Cantábrico. Los celtas pensaban que ambos ríos eran solo uno que nacía en el mar y entraba en la tierra. Lo llamaban río Salia. El nombre de la ciudad viene de ahí, en homenaje a estos dos ríos.

P.- El libro se inicia con una serie de rituales, ¿tiene protagonismo la magia?
R.- No, para nada, no es realismo mágico, no es fantasía, hay mucha ciencia e investigación forense. A mitad del libro se produce un giro que no puedo revelar, para el que me he tenido que documentar muchísimo sobre temas que no tienen nada que ver con la mitología o con la magia. Son temas muy realistas que están a la orden del día.

Yo siempre indago mucho en las causas del mal, es algo común a todas mis novelas. Hay veces que se trata de una maldad instrumental, cuando se lleva a cabo para conseguir algo, ya sea dinero o poder. Pero la maldad que más me sobrecoge es el mal por el mal. Hay personas que disfrutan del sufrimiento de los demás, algo que tiene mucho que ver con la personalidad psicopática. De esto hay mucho en la novela.

La mayoría de los psicópatas no matan, pero hacen sufrir

P.- ¿Hay más psicópatas de los que pensamos en nuestro alrededor?
R.- Según la documentación a la que he tenido acceso, hay un 6% de psicópatas, pero no todos acaban matando a alguien. De hecho, la mayoría no lo hace, están integrados en la sociedad. No matan, pero hacen sufrir. Son personas camaleónicas, manipuladoras, que no empatizan con los demás porque no tienen sentimientos, pero sí son capaces de detectar los sentimientos ajenos. La psicopatía no es algo que se pueda curar, no es una enfermedad, es un rasgo de la personalidad.

P.- ¿Qué estás leyendo ahora? ¿Puedes hacerme alguna recomendación literaria?
R.- El último libro que he leído es 'Los amores paralelos', de Mayte Uceda, una autora asturiana, y me ha encantado. Está ambientada en Asturias, en los años 30 y cuenta la vida de dos hermanas, una enamorada de un guardia civil y la otra, de un minero. Es una novela muy documentada que entra en la forma de vida de los mineros en aquella época, la dureza de la mina, la miseria y la pobreza de sus aldeas, en contraposición con la sociedad burguesa de Oviedo. Es un libro maravilloso. 

Ahora estoy con 'La sangre', de Fernando García Ballesteros, que es novela negra. De este género, me gusta mucho Tana French, una escritora estadounidense afincada en Irlanda, que escribe cada tres o cuatro años.