De personas anónimas, relatos desgarradores y una realidad candente pero silenciada por la sociedad se nutre Somos invisibles: Los ángeles de San Antón (Fondo de Cultura Económica) el nuevo libro de Euprepio Padula que da voz a personas desamparadas, sin techo y que tanto necesitan del abrazo comunitario para no caer en el olvido. El experto en liderazgo político y colaborador de televisión aporta con numerosos testimonios la realidad de las personas que se han visto abocadas, por distintas circunstancias, a sobrevivir en la calle. Sin embargo, y con la mano tendida del padre Ángel y de la Iglesia de San Antón en el centro de Madrid a través de Mensajeros por la Paz, estas personas han encontrado un camino hacia la esperanza y la dignidad que merece ser contado. 

PREGUNTA (P): El eje que vertebra el libro reza con una frase que dice “La exclusión no es identidad, sino circunstancia”. ¿Hasta qué punto hemos llegado como sociedad que nos hemos acostumbrado a que esta realidad sea invisible?

RESPUESTA (R): Hemos llegado al punto de que son invisibles. Aquí en Madrid tenemos el ejemplo clarísimo de la Gran Vía, donde especialmente por las noches te das cuenta de que hay decenas de personas que viven en los descansillos de teatros, de cines, de bancos o de grandes superficies. La realidad es que nos hemos acostumbrado tanto que lo asumimos como parte misma del panorama de la ciudad. Esto es lo terrible, que para la mayoría de gente que pasea por estas calles ya es algo invisible. Si tú miras bien por estas calles, te das cuenta cómo la gente se cambia de acera o, directamente, mira a otro lado y hace que no existen.

P: Como el libro se nutre de un montón de testimonios de este calado, ¿cuál fue el primero que le dio pie a escribir la novela?

R.: Este libro nace de una petición expresa de un sintecho. Presenté mi anterior libro en la Iglesia de San Antón hace pocos años y soy muy amigo del padre Ángel, y uno de los sintecho que vive gracias a ellos se acercó y me dijo: “¿Por qué escribes siempre tus libros sobre éxito, personajes famosos y gente que ha llegado al éxito en la vida? ¿Por qué no escribes sobre nosotros que lo necesitamos mucho más?”

Ahí nace este libro, con Alfonso acepté el reto. El padre Ángel me apoyó y, desde entonces, he entrevistado a unos 30 protagonistas y ha sido una experiencia tremendamente enriquecedora porque la primera cosa que descubres es que tienen mucha más dignidad esta gente que otra mucha exitosa, gente que conocemos y que vemos en los telediarios, en los programas informativos, en la prensa.

Lo que nos diferencia a los que podemos superar estas crisis es que tenemos una red de protección de amigos y familia, pero estos protagonistas demuestran que, cuando han tenido una crisis dura de luto, pérdida de trabajo, divorcio, violencia de género o pederastia, se encuentran solos porque vienen abandonados de sus familias, no tienen amigos y, de repente, no tienen casa, el único recurso que tienen para sobrevivir es buscar un hueco en un banco o en el descansillo de una iglesia para poder sobrevivir.

Ahora más que nunca necesitamos no solo de buenos políticos, sino de una sociedad activista

 

P: Como bien está relatando, hablamos de pobreza, de exclusión y de personas sintecho. Tanto en la novela como en la realidad, ¿en qué punto se dibuja el buscar conmover con estos relatos y comprender la situación?

R: Más que conmover, porque estoy seguro que todos los que lo van a leer se van a conmover, se van a emocionar en algún momento y van a sentir las ganas de dejar de leer por un momento porque son historias muy duras. Lo que le pasa a Raquel, Almudena, Marco, Antonio o Lolo, le puede ocurrir a cualquiera de nosotros en el momento en que te pueda fallar la salud mental, la salud emocional o tu red de protección.

En cierto sentido, es una patada en el estómago del lector para que entienda que esta gente no puede ser invisible. La crisis que tenemos en la calle es la crisis de esta sociedad. Todo lo que estamos viviendo en los últimos meses de cambio del orden mundial y de todo lo que va en contra de los derechos humanos son casos que muestran lo importante que es la lucha social.

Es una lucha de clases la que estamos viviendo, de todos los poderes que dominan desde el punto de vista político, especialmente, en el caso de América, es absolutamente evidente. (Donald) Trump lo que quiere es una sociedad de blancos, de gente rica y excluyente, donde los excluidos sean los gays, los trans, los pobres, los negros, en definitiva, toda la gente pobre. Lo que está haciendo Trump es construir una sociedad donde el ascensor social se pare, donde gente que venimos de familias obreras no podamos ascender.

Lo que debemos entender también es que nadie debería acabar en la calle, pero para ello necesitamos de sociedad inclusiva que proteja a la gente que lo necesita, que cuando tú tienes un problema de salud o económico no te deje en la acera. Esta es la reivindicación de este libro. No es el momento de estar en el armario, cualquier persona que crea en los derechos humanos, la igualdad, la equidad, la inclusión, tiene que salir a la calle y ser activista.

Ahora más que nunca necesitamos no solo de buenos políticos, sino especialmente una sociedad activa, activista; necesitamos salir a la calle y luchar contra quien quiere devolvernos, como (Javier) Milei en Argentina, a una sociedad donde haya ricos y esclavos. Lo que ha pasado en Argentina con la reforma laboral de Milei es volver al siglo XIX, a la esclavitud de los trabajadores, no podemos permitirlo. Argentina es un país donde los precios son los mismos de Europa o Estados Unidos. Las posibilidades son las mismas que hay en cualquier país deprimido económicamente de África y, además, les ha devuelto al siglo XIX a nivel de derechos laborales, lo que es inadmisible.

Este libro nos enseña que ahí es donde mucha gente va a acabar si aceptamos una sociedad liderada por la extrema derecha, por una derecha que no va a mirar los intereses de todos los ciudadanos, sino solo de unas pequeñas élites.

P: ¿Considera que existe un choque entre sensibilización e incomodidad al dar voz a estas realidades?

R: Sí, por supuesto, en los medios de comunicación da más audiencia hablar de cosas bonitas o escándalos relevantes, como ahora en el caso de la mujer violada por el DAO de la Policía. No da audiencia hablar de gente anónima. Vivimos en una sociedad en la que es más fácil dar voz a otro tipo de noticias que no a la noticia de anónimos que acaban en la calle. No es tanto cuestión de sensibilidad, sino de oportunismo.

El mal más terrible de nuestra sociedad es la soledad

 

P: ¿La atención y el cuidado de este tipo de personas debería recaer más en el Estado o en la Iglesia?

R: Buena pregunta. Necesitamos el Estado, la Iglesia, las ONGs, fundaciones, asociaciones, organizaciones que se dedican a ayudar a estas personas, y a cualquiera de nosotros. Los primeros responsables son las instituciones públicas, faltaría más, para esto pagamos impuestos, pero no creo que sean menos responsables las empresas privadas y, por supuesto, la Iglesia.

Esta gente necesita comida, una casa, un techo donde dormir, pero especialmente no estar sola. Porque el mal más terrible de nuestra sociedad es la soledad. Lo decía también el Papa Francisco, la soledad es lo peor.

P: Siguiendo con este hilo, ¿cree que se puede atender a estas personas fuera de la fe?

R: La fe no es importante. Los Ángeles de San Antón son personas como mi madre, como yo, como todas las personas que tienen buen corazón e intentan hacer algo por el bien de las personas. No es una cuestión de fe y mucho menos católica ni de religión. Muchas veces la religión es un obstáculo porque nos hace pensar que son las personas de fe las que sólo pueden hacer el bien, es una gilipollez porque todas las personas que pueden hacer algo y lo hacen para mí son ángeles, independientemente de la fe o del color político, hacen el bien. La bondad tiene poco que ver con una religión y sí creo que hay ángeles en la tierra, son las personas de bien en la sociedad.

Las adicciones no son la causa, son la consecuencia de haber tenido un mal momento

 

P: ¿Qué le diría a la gente que prefiere permanecer ajena a esta realidad?

R: Les diría que se miren al espejo y, en él, intenten buscar su ‘yo’ en los momentos malos en los cuales a veces parece que se te está derrumbando el mundo, que no tienes esperanzas y pensar que no tienes nada que te ayude, que puedes acabar como estas personas. Además de otra cosa: una de las claves de la sociedad que estamos creando es la educación, que es clave para casi todo en la vida.

Estamos educando a unas nuevas generaciones a veces un poco alejadas de la realidad que vive muchísima gente, enseñando a niños que el poder, el dinero y la fama son más importantes. Es importante conocer otras realidades y, estas realidades que se reflejan en este libro, son una enseñanza extraordinaria para ayudar a los demás y aprovechar nuestra vida haciendo el bien para los demás, porque cualquiera de nosotros puede echar un cable a estas personas.

P: Existe a su vez un prejuicio, tópico o mal estereotipo de que la razón esencial de que gente acabe en la calle es por adicciones.

R: En realidad, la causa casi nunca es la adicción. Las drogas, sexo, ludopatía, son consecuencias. Que alguna persona acabe arruinándose y arruinando a la familia por una máquina tragaperras es algo que me ha costado mucho entender. Las adicciones no son la causa, son la consecuencia de haber tenido un mal momento, las drogas son la consecuencia de no ver salida.

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