Lo peor del desahucio de Maricarmen es que terminaremos olvidando su nombre y los malos losaben y cuentan con ello.
Porque sí, en este cuento hay malos como en las mejores novelas o películas. No es una IA que se nos ha ido de las manos ni un peligroso inmigrante que quiere reemplazar la cultura del país. No es un rojo, ni un indepe, ni un grupo de feministas que vive de chiringuitos. Todo es endiabladamente más complejo.
Contexto: Nuestros representantes elegidos democráticamente de forma voluntaria redactaron textos en los que se permite la opción de que una empresa compre miles de casas en las que viven sus electores y multipliquen el precio que pagan por sus alquileres. Esos textos se convierten en ley y protegen el derecho de grandes fondos de lucrarse de lo que la Constitución dice que es un derecho: La vivienda.
Los villanos: Amparándose en la ley dos empresarios españoles y respetables compran un finca con el único objetivo de hacer un negocio rentable con ella. No tienen nada en contra de Maricarmen porque para ellos ella no existe, no es una persona, es un pequeño obstáculo para su lucro. Un piso de noventa metros cuadros no va a cambiar significativamente su cuenta de resultados, pero un buen empresario debe ser desalmado. De modo que con la ley en la mano van a una jueza, que cumpliendo con lo que mandata la norma dicta el desahucio. Se moviliza a funcionarios públicos para ejecutarlo y docenas de policías trabajan para sacar a la fuerza a una mujer casi nonagenaria y con una minusvalía del cincuenta por ciento de la casa que fue su hogar durante más de setenta años. Todo legal.
Moraleja: Legal y moral no son sinónimos. A Maricarmen no la echan de su casa unos empresarios sin escrúpulos, lo hace un sistema diseñado para favorecer al capital antes que a los ciudadanos. El sistema no ha fallado a Maricarmen porque el sistema no está diseñado para eso. El sistema ha funcionado impecablemente, ese es el problema. Legisladores, jueces y miembros de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado trabajando eficientemente contra los derechos de una mujer cuyo único delito ha sido no ser rica.
Hoy nos llevamos las manos a la cabeza y hablamos de vergüenza, pero mañana otra empresa comprará otro edificio con la tranquilidad de saber que en este país las leyes se cumplen… y les protegen de nosotros.
Añadir ElPlural.com como fuente preferida de Google.
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.