Veo el documental de Netflix sobre José Mourinho con fascinación. Un tipo brillante, enfermo por el fútbol, el control, la disciplina, el orden, el trabajo y la victoria. Porque la base de todo es ganar. A lo largo de cada capítulo, se intenta traspasar la frontera entre el personaje y la persona. Pero Mourinho, férreo y pétreo, corta rápidamente al entrevistador cuando trata de tocarle el corazón. Él no está ahí para eso. Nimiedades. Preguntado por la muerte de su padre, el portugués es claro. Nadie le está haciendo un documental por el tipo de persona que es. Está sentado delante de una cámara por los títulos que ha ganado. A los perdedores no les hacen documentales. 

Durante la grabación, aparecen testimonios de varios de los jugadores que han acompañado a Mourinho durante su carrera. Sus más fieles escuderos. Ricardo Carvalho, Paulo Ferreira, Didier Drogba, Frank Lampard, John Terry, Javier Zanetti, Zlatan Ibrahimovic, Marcelo, Sami Khedira, Samuel Eto’o, Claude Makelele, Peter Cech, Luis Figo o Marco Materazzi, entre otros. Algunos utilizan la expresión de “habríamos matado por él”. Ves hombres de honor al borde de las lágrimas, futbolistas brillantes que dejaron atrás su ego en aras de la causa común, cegados por el liderazgo de Mourinho. Jugadores con personalidad, muchos de ellos capitanes que han levantado infinidad de títulos, pero humildes en su respeto al que manda. Ese es el verdadero mourinhismo. Esfuerzo, cooperación, sacrificio, victoria. Sin individualismo. Sin prostitución intelectual. Luego está Iker Casillas

El paso de José Mourinho por el Real Madrid ocupa una parte importante del documental. El portugués cambió la cara de un equipo sin alma ni amor propio. Elevó la exigencia, llevó a sus jugadores a otro nivel y puso fin al abuso casi incontestable que el Fútbol Club Barcelona había ejercido durante los años anteriores. También sentó buena parte de las bases sobre las que después se construiría el absolutismo europeo del Real Madrid durante la siguiente década. Sin embargo, Mourinho no estuvo allí para disfrutar de aquella gloria. Le tocó hacer lo más difícil: reconstruir el carácter competitivo de un equipo que había perdido su sino. Cuando llegó el momento de recoger los frutos, ya se había marchado. El documental se detiene precisamente en aquella salida. Y es entonces cuando aparece El Santo.

Así narra Mourinho sus primeras conversaciones con Casillas cuando se hizo cargo del Real Madrid: "Las tres primeras veces que hablé con Iker, el capitán, lo primero que me dijo fue: 'Vengo a pedir más vacaciones para los jugadores de la Selección'. La segunda vez me pidió que retrasara los entrenamientos una hora porque, a la hora que yo quería entrenar, había mucho tráfico en Madrid. Y la tercera vez que hablamos me dijo: 'No queremos ir al hotel. Preferimos vernos el día de partido e ir directamente al estadio a jugar”. En el documental también narran su traición a Mourinho con una llamada a Xavi Hernández tratando de limar asperezas entre Real Madrid y Barça en favor de la Selección Española. Así lo resume Mou: "Esto es un Barcelona-Real Madrid. Cuando vayáis a la Selección podéis daros dos besos, pero ahora no. Esto es la guerra. Hay cosas que no acepto ni aceptaré nunca. Cuando alguien no me respeta, se convierte en un problema”.

En el documental también se hace alusión a la famosa filtración al Marca de una alineación del Real Madrid antes de un Clásico frente al Fútbol Club Barcelona. ¿Quién fue el topo? Rui Faria, ayudante de Mourinho en la época, expresa: "Sabíamos quién era el topo, estábamos casi seguros. Porque, al final, las respuestas estaban en los periódicos. No puedes demostrarlo, pero estás casi seguro de cómo funcionan las cosas”. Marcelo se muestra todavía enfadado: "Hasta hoy queremos saber quién fue aquel desgraciado (vagabundo dice en portugués) que se fue de la lengua”. También habla Khedira, actual segundo entrenador del Real Madrid: "Siempre hay jugadores más cercanos a la prensa que otros". Y, por encima de todo, las palabras casi autoinculpatorias de Iker Casillas: "¿Quién fue? El topo, claro. ¿Y quién es el topo? Pues búscalo, encuéntralo”. He visto a mucha gente mentir. Me he visto a mí mismo hacerlo. Y creo que Casillas se delata a sí mismo. Esa cara entre la evasión y la confesión me la he encontrado muchas veces en mi vida. Se la he visto a amigos, jefes, novias, compañeros de trabajo, vecinos, abogados, banqueros, políticos, profesores. También se la vi Fredo Corleone en El Padrino. 

Y tal y cómo le dijo Michael: Sé que fuiste tú, Iker.

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