Antes de los Oscar, Hollywood, las alfombras rojas y de convertirse en una de las parejas españolas más reconocibles del mundo, Penélope Cruz y Javier Bardem fueron dos actores muy jóvenes haciendo una prueba de vestuario para una película de Bigas Luna.

Era 1992. Ella tenía 17 años y él 22, según ha recordado el propio Bardem. Jamón, jamón sería el primer largometraje de Cruz y uno de los primeros trabajos importantes de Bardem. Allí ocurrió algo que ninguno convirtió todavía en una relación.

“Nos miramos y supongo que pasó algo”, recordó el actor muchos años después. Había química, pero sus vidas iban en direcciones diferentes. Durante años prácticamente no se vieron ni hablaron.

Lo curioso es que aquella atracción quedó grabada para siempre. Jamón, jamón estaba cargada de deseo y sexualidad entre sus personajes y Bardem llegó a bromear años después con que algún día tendrían que enseñar la película a sus hijos.

Quince años hasta el segundo intento

El tiempo hizo el resto. En 2007 volvieron a encontrarse en Vicky Cristina Barcelona, dirigida por Woody Allen. Ya no eran dos actores que intentaban abrirse camino. Cruz y Bardem habían construido carreras internacionales y ambos estaban solteros. La conexión seguía ahí.

Bardem ha contado que ambos comprobaron que aquel sentimiento de juventud continuaba “muy vivo”. También ha reconocido posteriormente que hubo un momento en el que supieron lo que estaba ocurriendo e intentaron evitarlo. No funcionó.

Y existe ahora un detalle fantástico de aquel comienzo que durante años permaneció fuera de su cuidadosamente protegida vida privada.

Bardem lo reveló hace apenas unos días en La Revuelta. Su primera cita fue un fin de semana en Londres. No precisamente uno cualquiera. El sábado fueron a ver a los Rolling Stones y al día siguiente asistieron a un concierto de Prince.

Después de aquello empezó una relación que intentaron mantener lejos de los focos durante bastante tiempo.

Un romance que tardaron en confirmar

Aunque comenzaron a salir durante el rodaje de Vicky Cristina Barcelona, durante años fueron extremadamente cautelosos.

La película acabaría teniendo además una consecuencia extraordinaria en la carrera de Cruz. Su interpretación de María Elena le proporcionó en 2009 el Oscar a mejor actriz secundaria. Un año antes Bardem había ganado el suyo por No es país para viejos.

En febrero de 2010 acudieron juntos a los Goya y poco después comenzaron a mostrarse de una manera más abierta. Uno de los momentos más recordados llegó aquel mayo en Cannes.

Bardem recibió el premio al mejor actor por Biutiful y utilizó el escenario para dedicar unas palabras a Cruz. La definió como su amiga, compañera y amor y terminó diciéndole públicamente que la quería.

Pocas semanas después estaban casados.

Una boda escondida en Bahamas

No hubo exclusiva, gran celebración pública ni desfile de invitados famosos. Penélope Cruz y Javier Bardem se casaron a principios de julio de 2010 en Bahamas, en casa de unos amigos y rodeados únicamente por familiares cercanos. La noticia no se conoció hasta después de la ceremonia.

Aquella ceremonia casi clandestina terminó estableciendo una norma que ambos han mantenido durante su matrimonio. Son estrellas internacionales cuando trabajan, pero su casa y su familia permanecen prácticamente fuera del espectáculo.

Su primer hijo, Leo, nació en enero de 2011 en Los Ángeles. Incluso entonces intentaron preservar hasta los detalles más elementales. La pareja se negó inicialmente a facilitar información sobre el bebé y Bardem había explicado poco antes que valoraban profundamente su privacidad.

Dos años después llegó Luna, nacida en julio de 2013 en Madrid.

La elección de España tampoco fue casual. Cruz había explicado que no quería criar a sus hijos en Los Ángeles y la familia terminó asentándose principalmente en Madrid, aunque los compromisos profesionales obligan a ambos a viajar constantemente.

Después de Jamón, jamón y Vicky Cristina Barcelona han coincidido en películas como Loving Pablo, Todos lo saben y ahora Búnker. La nueva película de Florian Zeller vuelve precisamente a colocarlos en la piel de un matrimonio, esta vez atravesado por una profunda crisis.

Cruz reconoce que trabajar con su marido todavía puede darle miedo porque la cercanía emocional hace más difícil proteger al otro durante determinadas escenas. Precisamente por eso ambos prefieren dejar pasar años entre un proyecto compartido y otro.

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