Un fenómeno fascinante sobre la historia reciente de España es la introducción de diversas tendencias estéticas e identitarias americanas, inglesas, etc, en  territorio nacional. Entre los fenómenos culturales más visibles adoptados por los españoles en la segunda mitad del siglo XX (periodo en que proliferaron las tribus urbanas) está la llegada del Hip Hop a nuestro país. Como es bien sabido, este incluiría cuatro disciplinas principales: el arte del pinchar música, el rap, el breakdance o b-boying y el graffiti. Todas estas artes fueron incorporadas al territorio nacional con desigual éxito durante la década de los años ochenta, aunque se desarrollaron con mayor ímpetu a lo largo de la siguiente década. 

El Hip Hop surge a finales de los años setenta en el Bronx, barrio de Nueva York (muy depauperado en aquellos años) gracias a influencias culturales de procedencia jamaicana, puertorriqueña, africana y norteamericana, entre otras. Como ha ocurrido en muchos otros casos (como el surgimiento del Jazz, el Rock, el Blues, la música House), el Hip Hop surgió en una zona deprimida de Estados Unidos de la mano de minorías étnicas y sociales. La primera explosión mediática del Hip Hop tuvo lugar con la publicación de w en 1979, canción de Sugarhill Gang, que fue el primer tema de rap con un impacto cultural realmente significativo. 

La llegada a España de esta nueva cultura tuvo lugar por varios medios, a través de medios de comunicación, pero también de lo que llamaríamos contagio cultural directo: por un lado estaban las películas sobre rap y breakdance, como Wild Style (1982), Beat Street (1984) o Breakin’ (1984) y, por otro, shows en vivo en los que artistas americanos daban muestras de su arte (fue así como surgieron los Madrid City Breakers, crew pionera de break en España que apareció en programas de televisión como “Tocata” (1983-1987)) o por la influencia de las bases militares americanas en España como pueden ser las de Torrejón de Ardoz o Rota. Esta última forma de contagio se basa en las interacciones entre personas de diferente procedencia cultural y la emulación de unos y otros. En este caso, los españoles trataban de adoptar conductas culturales como aquellas propias del Hip Hop. En relación con el Hip Hop, en nuestro país pegó por primera vez el Breakdance, a principios de los años ochenta, una moda que con el tiempo tendió a remitir (para luego resurgir más adelante). En cuanto al graffiti, en Madrid destacaron crews como la Quicksilver Crew con nombres como Kool a la cabeza (un lugar en el que pintaban asiduamente era en los muros de “el Terreno”, una “tierra de nadie” llena de frondosa vegetación ubicada entre el Museo de Ciencias Naturales y el instituto Ramiro de Maeztu (hoy en día son los jardines didácticos del Museo).

La base de Torrejón también jugó un papel esencial en la difusión del Hip Hop, en particular la discoteca Stone’s, donde los soldados americanos pasaban su tiempo de ocio y bailaban al son de música rap (al igual que muchos jóvenes madrileños). Es por ello que Torrejón se convirtió en un bastión del Hip Hop, particularmente durante los años noventa. En términos musicales, el rap tuvo su primer impacto cultural amplio con la música de Mc Randy y Dj Jonco, gracias a su canción Hey pijo (1989). Cinco años después fue publicado Madrid zona bruta (1994), el primer disco de CPV (el Club de los Poetas Violentos), que redefinió la estética rapera a partir de nuevos parámetros más alternativos y agresivos. Desde esa semilla surgieron toda una serie de grupos musicales que nutrieron la música de los actuales raperos y de muchos artistas de la llamada música urbana. 

En cuanto al tema del graffiti, la figura dominante durante la década de los ochenta fue Muelle, quien, curiosamente, no era rapero, sino punki. Este último detalle es llamativo aunque muy común en dicho campo: han habido grafiteros raperos, punkies, grunges, pijos e incluso neonazis. Esto se debe al hecho de que el acto de pintar un nombre sobre las paredes, cierres, trenes, etc, no entraña necesariamente un vínculo con una identidad urbana concreta, algo que en el caso de la música o el baile es más cuestionable. 

Podemos afirmar, finalmente, que, aunque el rap ya no represente una novedad y parezca haber sido sustituido por el trap y la música urbana, sigue estando vigente gracias al trabajo de grupos como Natos y Waor, entre otros tantos otros. Digamos que, con el paso del tiempo, el Hip Hop sigue firmemente establecido en el imaginario y gusto colectivo y que, probablemente, gozará todavía de una amplia difusión y larga vida, algo que no puede dejar de tener un alto valor a nivel cultural y estético en nuestro país. 

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